Opinión

Emilio Estrella: un sabio kakataibo que volvió al monte

Dr. Roberto Zariquiey

Dr. Roberto Zariquiey

Docente del Departamento de Humanidades

Emilio Estrella Logía, sabio del pueblo kakataibo, nos dejó el 27 de julio de 2020, víctima del COVID-19. Su partida produce un profundo vacío en todos aquellos que lo conocimos y lo quisimos. Estás líneas son un pequeño homenaje para él.

Desde pequeño aprendió de sus padres y sus abuelos todo lo que un hombre kakataibo debía saber: hacer una casa, preparar una chacra, curar con plantas, pescar, cazar, cantar, recordar a sus ancestros y hablar con fluidez e ingenio la lengua que le heredaron para mantener viva la historia».

Emilio nació en algún lugar cercano al río Aguaytía. No sabemos su fecha de nacimiento (tal vez finales de la década de 1920). Desde pequeño aprendió de sus padres y sus abuelos todo lo que un hombre kakataibo debía saber: hacer una casa, preparar una chacra, curar con plantas, pescar, cazar, cantar, recordar a sus ancestros y hablar con fluidez e ingenio la lengua que le heredaron para mantener viva la historia.

El maestro kakataibo Emilio Estrella en su última visita a la PUCP en junio de 2019.

Su vida fue una película fascinante. En ella, se cruzan eventos maravillosos y hechos históricos, todos igualmente reales. De pequeño, Emilio presenció la muerte de su padre y ese trágico evento marcó su vida. Desde entonces, trabajó para diversos patrones. Fue soldado. Viajo al cielo a conocer las chacras de sus ancestros tomando plantas sagradas. Fue cantante y su voz llegó a Radio Nacional. Fue un activo defensor del territorio de su comunidad. Fue un artista en la elaboración de flechas y un médico hábil, capaz de curar el espíritu. Fue, finalmente, un activista de su lengua, y, como tal, dejó un legado de publicaciones y materiales inéditos que contribuirán a la resistencia de la lengua kakataibo.

Emilio Estrella fue un activista de su lengua y, como tal, dejó un legado de publicaciones y materiales inéditos que contribuirán a la resistencia de la lengua kakataibo».

Esta última faceta lo llevó a ser protagonista del documental El que me sigue, de Roberto de la Puente, y a participar en diversas actividades de docencia e investigación en nuestra Universidad. Fue un investigador y maestro, como tal, visitó innumerables veces nuestro campus, siempre con entusiasmo y cariño. El número de estudiantes y tesistas que se beneficiaron de la sabiduría de Emilio es incontable. Él fue, pues, un verdadero miembro de nuestra comunidad universitaria.

Emilio seguirá cosechando todo aquello que sembró. Él ha vuelto al monte, pero estará siempre con nosotros. “Asábi ka” kana mi kaisatin, ‘ën pa».

Su trabajo por preservar su lengua y su cultura le valió, en 2019, el reconocimiento de Persona Meritoria de la Cultura Peruana, dado por el Ministerio de Cultura del Perú. Atesoraba la medalla que le entregaron esa hermosa mañana como el más preciado bien y siempre decía que se la heredería a sus hijos para que ellos mantuvieran vivo su legado.

Y es que, más que nada, Emilio fue un padre orgulloso y amoroso. El destino me llevó a su casa y compartí con su familia por más de 14 años. Viví en su casa y recibí sus cuidados cuando estuve enfermo o triste. Me hizo reír innumerables veces. Me llamó “hijo”, y me vio hacerme lingüista, madurar y equivocarme. Como el verdadero maestro que fue, Emilio sembró amor, admiración y agradecimiento en quienes estuvimos cerca. Sus hijos, nietos y amigos no terminamos de procesar su partida, pero, en medio del desasosiego, el deseo de mantener viva su memoria nos hace fuertes como árboles de caoba. Emilio seguirá cosechando todo aquello que sembró. Él ha vuelto al monte, pero estará siempre con nosotros. “Asábi ka” kana mi kaisatin, ‘ën pa.