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Estación final: los peruanos y el holocausto

Parecía que la Segunda Guerra Mundial era un tema ajeno al Perú, un capítulo de la historia en el que la opción por lo neutro nos convirtió en lejanos espectadores de una de las más grandes barbaries del siglo XX. Sin embargo, el Perú de los gobiernos de Benavides y Prado y Ugarteche habría seguido abiertamente el nazismo y el fascismo. Estación final, investigación del periodista y profesor de la PUCP Hugo Coya, nos presenta la historia de 23 peruanos presentes en el holocausto. Este jueves 20 de mayo, a las 12:15 p.m., presentará su libro en la Librería PUCP.

Hugo Coya

Hugo Coya

Máster en Periodismo por el Instituto Internacional de Ciencias Sociales de Brasil y docente del Departamento de Comunicaciones

La idea de tu investigación surgió cuando fuiste de visita al campo de concentración de Auschwitz, ¿cómo decidiste llegar a ese lugar?

Una de mis grandes aficiones es viajar, Auschwitz era un lugar por el que tenía una especial curiosidad porque había ocurrido un hecho muy importante en la historia reciente del mundo. Al final de la visita me hice una pregunta que creo cualquier peruano debería hacerse: ¿Hubo peruanos que murieron aquí? El guía, un poco sorprendido, me preguntó dónde quedaba Perú. No tenía idea y me indicó unas computadoras donde podía buscar la información. Encontré la cifra de 22 víctimas oficiales peruanas y ahí empezó todo.

¿Qué pensaste hacer?

Mi intención era regresar a Lima y hacer un reportaje sobre ellos, sus descendientes, cómo murieron, por qué fueron a morir allá. Cuando volví, hallé en Internet una entrevista a León Trahtemberg en la revista Caretas en la que mencionaba esa cifra de 22 víctimas. Al hablar con él, me dijo que nadie había investigado más sobre el tema, algo que pensé era imposible a casi 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero ¿quién había determinado esa cifra arbitraria? Trahtemberg obtuvo la información del Memorial de la Shoah en Francia, uno de los mayores centros de documentación para la investigación de la Segunda Guerra Mundial, al que luego fui invitado por el gobierno francés.

¿Cómo te enteraste de la víctima número 23, que en realidad correspondió a la sobreviviente Victoria Barouh?

Porque yo ya había cerrado la investigación y había algo que no me cuadraba. Había logrado identificar en los registros a 23 personas nacidas en el Perú, pensaba que estaba cometiendo algún error porque oficialmente se decía que eran 22. Ella aparecía en los registros como miembro del convoy 75, como fallecida. No se definía ni dónde ni cómo, pero en teoría Victoria había ingresado a Auschwitz y había muerto.

Hace un año tuve la oportunidad de ir a Israel, justamente a raíz de la investigación, para dictar una conferencia y un curso. Las personas del Yad Vashem, el centro más completo de documentación sobre el holocausto, me dijeron que tenían una sorpresa para mí. Al parecer habría una persona viva, tenía que investigarlo. Con las pistas que me dieron, usé las redes sociales y sus familiares me confirmaron que se trataba de la misma persona, Victoria estaba viva.

¿Cuáles son los héroes que has descubierto en esta investigación?

Honestamente creo que los 23 son héroes, porque son personas que a pesar de haber enfrentado lo peor que puede tener el ser humano mantuvieron la dignidad hasta el último instante de vida. Incluso la niña Michelle Levy, de ocho meses, que fue enviada a una cámara de gas. Ellos eran peruanos civiles, gente común y corriente como cualquiera de nosotros.


En tu libro presentas la desconocida historia de Magdalena Truel, una peruana de religión católica que colaboró con la resistencia francesa.

Magdalena Truel Larrabure es un ejemplo de heroísmo llevado a un nivel supremo. Cuando encontré la historia de Magdalena era tan increíble que yo mismo me negué a creerla. Ella nació y se crió acá, pero su situación económica cambió cuando sus padres fallecieron y se vio obligada a emigrar a Francia en busca de un futuro mejor. Trabajaba como empleada bancaria y un día sufrió un accidente donde perdió una pierna. Sin embargo ese hecho la transforma y decide unirse a la resistencia francesa para salvar a decenas, y quizás a centenas de personas.

Ella era una experta falsificadora de pasaportes y documentos de identidad que permitieron salvar la vida de numerosos paracaidistas norteamericanos e ingleses, miembros de la resistencia. Cerca de Nôtre-Dame se encuentra la lista de todas las personas que participaron activamente para que Francia volviera a ser libre, ahí está el nombre de Magdalena Truel.

También cuentas la historia de los hermanos Assa…

Ellos estuvieron en el campo de exterminio de Sobibor, donde ocurrió el mayor levantamiento exitoso y lograron huir entre 300 y 500 personas. Los hermanos Assa, peruanos de origen turco, habían sido declarados apátridas, personas sin nacionalidad. Estos hermanos, no estuvieron en la organización del levantamiento, pero decidieron luchar por la vida de centenares de personas, sabiendo que al ser los primeros en acercarse a la reja morirían, pero salvando a los demás.


¿Cómo actuaron los gobiernos de Benavides y Prado y Ugarteche con respecto a los judíos?

Oficialmente el Perú se declaró neutral, pero en esta investigación he descubierto que la neutralidad no era tal, se favorecía a los nazis y a los fascistas. La actitud profascista vino desde Benavides, él había sido ministro plenipotenciario del Perú en Italia y no escondía su simpatía por Mussolini y las naciones del eje. En ese momento Lima era la capital del fascismo en América Latina. Hubo un comité nazi que actuó abiertamente, encabezado por el cónsul de Alemania, que organizaba actividades a favor de Hitler. Aparte de eso había versiones de que los nazis habían establecido una base de aprovisionamiento en el puerto de Chicama. Los titulares de la prensa estaban explícitamente a favor del régimen fascista y había un ambiente absolutamente xenofóbico hacia cualquier extranjero.

Un debate registrado en el Congreso, que resalto en el libro, pinta de cuerpo entero cómo nuestros parlamentarios discutieron y hablaron acerca de proteger la nacionalidad peruana, estableciendo una cuota de inmigrantes. Quizás lo más grave fue el caso de los 200 niños huérfanos, cuyos padres fueron asesinados en la Francia no ocupada. La comunidad judía le pidió al gobierno peruano el trámite de las visas para que estos niños pudieran venir al Perú. Por más que no le iba a costar nada al gobierno peruano, se les negó la visa y los niños acabaron muertos en Auschwitz.


¿Hubo una orden de parte del gobierno peruano para no emitir pasaportes a quienes fueran o parecieran judíos?

La cancillería peruana envió un telegrama a todos los consulados del Perú en el extranjero, en el cual dispuso que a partir de la fecha se prohibiera la concesión de visas a todos los que fueran o parecieran judíos. Judío no es una raza, es una religión. ¿Cómo saber quién es quién? Gracias a esta orden numerosos peruanos que tenían familiares en Europa y que tenían el derecho a obtener un pasaporte para ingresar al Perú, simplemente murieron.

¿Cuál crees que sea el impacto de tu libro para la comunidad judía del Perú?

Sería difícil hablar del impacto para la comunidad judía porque no soy judío. Cuando inicié esta investigación me preguntaron ¿porqué un no judío está tan interesado en un tema judío? Te quiero decir una cosa, yo no he investigado sobre judíos o no judíos, he investigado sobre seres humanos, gente de carne y hueso, independientemente de la religión, de la raza, de las creencias políticas y religiosas. He investigado casos humanos.


¿Por qué se llama Estación Final?

He querido hacer un paralelo. Casi todas las personas que fueron conducidas al fin de sus días fueron llevadas en un tren y mi idea es que la estación final no es la muerte, es la memoria. Cada página del libro es un homenaje a estos peruanos para evitar la verdadera muerte que es el olvido.

Entrevista: Florence Couillaud
Foto: Gonzalo Silva