Opinión

El papa Francisco y los derechos de los pueblos originarios amazónicos

Antonio Peña Jumpa

Antonio Peña Jumpa

Docente del Departamento de Derecho PUCP

El pasado 19 de enero de 2018, el papa Francisco visitó la región amazónica de Madre de Dios, demostró así una especial preocupación por las poblaciones originarias tras su visita por el Perú. En dicha región, tuvo un encuentro con representantes de diversas comunidades de los pueblos amazónicos, ante quienes confirmó su compromiso cristiano y católico de respeto a los derechos de su población.

En su discurso hacia los pueblos originarios amazónicos, el papa Francisco describió las causas, efectos y retos de la humanidad respecto a nuestros recursos naturales, especialmente, respecto a la situación de la población originaria que posee y protege esos recursos naturales. Solo para citar una parte de su mensaje, transcribimos y comentamos el siguiente párrafo:

Probablemente, los pueblos originarios amazónicos nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora. La Amazonía es tierra disputada desde varios frentes: por una parte, el neoextractivismo y la fuerte presión por grandes intereses económicos que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales. Por otra parte, la amenaza contra sus territorios también viene por la perversión de ciertas políticas que promueven la “conservación” de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano y, en concreto, a ustedes hermanos amazónicos que habitan en ellas. Sabemos de movimientos [o proyectos] que, en nombre de la conservación de la selva [o Amazonía], acaparan grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión a los pueblos originarios para quienes, de este modo, el territorio y los recursos naturales que hay en ellos se vuelven inaccesibles. Esta problemática provoca asfixia a sus pueblos y migración de las nuevas generaciones ante la falta de alternativas locales. Hemos de romper con el paradigma histórico que considera la Amazonía como una dispensa inagotable de los Estados [y entes privados] sin tener en cuenta a sus habitantes. (Discurso del papa Francisco, en Madre de Dios, 19 de enero de 2018)

El mensaje describe claramente dos principales causas que limitan los derechos de los pueblos originarios amazónicos: de un lado, el neoextractivismo y, de otro lado, los proyectos conservacionistas privados. En la primera causa, se incluyen los grandes proyectos de inversión ávidos por el gas, madera, oro y agroindustria, pero también a los medianos y pequeños inversores focalizados particularmente en la minería ilegal. Por estos proyectos económicos, los pueblos de la Amazonía se han transformado en asalariados o jornaleros, y ha desarrollado a su lado el alcoholismo, la drogadicción, enfermedades mortales, como la hepatitis B, y la prostitución, así como la trata de niñas.

En la segunda causa también se incluyen grandes proyectos económicos, pero sobre todo la implementación de políticas públicas-privadas que aparentemente buscan preservar los bosques de la Amazonía sin hacer partícipes a la población originaria. Desconocidos “propietarios” de miles de hectáreas de bosques han aparecido para “proteger” la Amazonía, pero sin conocimiento ni consulta a la propia población que históricamente posee dichos bosques.

Frente a estos hechos, el papa Francisco llama la atención por la exclusión y discriminación evidente que sufre la población originaria. No solo se contamina sus tierras, a través de actividades neoextractivistas, sino que se le impide el ingreso a sus bosques, por el neoconservacionismo, lo que produce una especie de enclaustramiento que fomenta la emigración, como ocurrió históricamente con las comunidades andinas. Así hombres y mujeres jóvenes, sin proyectos ni perspectiva local, terminan abandonando su cultura y engrosando la masa de pobres o trabajadores baratos de las grandes ciudades.

¿Hay algo por hacer? El mismo papa Francisco llama la atención de la humanidad en su conjunto por la necesidad de un “buen hacer” y “un buen vivir” respecto a la Amazonía (emulando a las comunidades originarias sobrevivientes). No se trata solo de la irresponsabilidad de las autoridades de turno, quienes autorizan los proyectos antes comentados, sino también se incluyen a los propietarios de las grandes, medianas y pequeñas empresas, quienes explotan ilegítimamente los recursos naturales de la Amazonía, así como a nosotros, los consumidores de los productos de esa explotación, por el beneficio indirecto que recibimos.

Cada uno de nosotros tiene el compromiso de sumarse a esa necesidad. Los derechos de las personas, en este caso de los pueblos amazónicos originarios, tienen prioridad sobre los intereses o beneficios prácticos, como claramente transmite el papa Francisco.