19 de septiembre del 2017

Del papiro a los repositorios digitales: el rol de los Centros de Información en la Investigación

Jorge Solís

Asesor técnico del rectorado

Hasta la aparición de la imprenta, las bibliotecas y los documentos almacenados en ellas solo estaban a disposición de unos pocos, las élites culturales de los pueblos, generalmente, ligadas a los gobernantes de turno o a la Iglesia católica.

Desde los tiempos más remotos, el hombre ha manejado información sobre lo que sucede a su alrededor y, según dicha información y su experiencia, ha ido creando conocimiento que no solo describe lo que sucede, sino que trata de explicar por qué, sus causas y consecuencias futuras. En los primeros tiempos de la humanidad, la información se transmitía en forma oral y se almacenaba en las mentes de las personas, cuyo comportamiento es siempre aleatorio, así, al transmitirse la información de generación en generación, esta sufría cambios que podían llegar a ser sustanciales. Como consecuencia, los hechos reales, al cabo de unos años, se convertían en leyendas.

Recién con la aparición de la escritura, primero en papiros y luego en papel, la información se pudo transmitir de manera más fidedigna y se dio lugar al registro histórico de los hechos sucedidos. Por eso, a la etapa previa a la aparición de la escritura se le denomina era prehistórica. La aparición de la escritura dio un impulso a la generación de nuevos conocimientos, pues los estudiosos e investigadores contaban con un relato más confiable de los hechos sucedidos, lo que les proporcionaba un punto de apoyo para ampliar la base del conocimiento existente.

Para almacenar y transmitir ese conocimiento escrito, se crearon las bibliotecas, cuya función era preservar el conocimiento existente y ponerlo a disposición. Ello implicaba no solo una función de almacenamiento, sino un adecuado ordenamiento y organización para conocer con qué información se contaba y poder ubicarla con facilidad. Sin embargo, hasta la aparición de la imprenta, las bibliotecas y los documentos almacenados en ellas solo estaban a disposición de unos pocos, las élites culturales de los pueblos, generalmente, ligadas a los gobernantes de turno o a la Iglesia católica.

Un cambio importante en este contexto se produjo a mediados del siglo XV con la aparición de la imprenta, que permitió producir simultáneamente varias copias de un mismo documento. Ello aceleró la difusión del conocimiento, pues muchas personas a la vez, y desde diferentes lugares, podían acceder al conocimiento de la época, ya que era más fácil de preservar, pues si una biblioteca se destruía, existían otras en donde se podían encontrar los mismos libros o documentos. Desde la aparición de la imprenta y hasta nuestros días, han aparecido otros inventos que han facilitado la producción, difusión y preservación del conocimiento, como la fotografía, la telegrafía, la radio, el cinematógrafo, el fonógrafo, etc., todos ellos apoyados en el descubrimiento de la electricidad.

A mediados del siglo pasado, aparecieron las computadoras basadas en la tecnología digital y se constituyeron rápidamente en los equipos ideales para procesar información, pues almacenan cualquier expresión humana susceptible de ser representada mediante un conjunto de unos y ceros. El rápido desarrollo de las computadoras y de los equipos desarrollados gracias su tecnología ha revolucionado el concepto del proceso de información, y ha puesto el conocimiento, literalmente, al alcance de la mano, como sucede con los denominados smartphones.

Esta capacidad para digitalizar y almacenar grandes cantidades de información multimedia ha constituido un nuevo detonante para acelerar la creación de nuevos conocimientos, pues pone el conocimiento generado hasta la fecha a disposición de muchas personas en cualquier parte del mundo y de forma simultánea, así este se incrementa constantemente con el aporte de miles de investigadores y científicos que tienen acceso.

Estos avances tecnológicos han tenido un fuerte impacto sobre la organización y funcionamiento de las bibliotecas, incluida su misma denominación, pues ahora la tendencia es denominarlas como Centros de Información, pues el libro impreso (biblios) está siendo reemplazado por sus versiones digitales, contenidas en los repositorios, que almacenan toda clase de expresiones multimedia del conocimiento. Un repositorio digital no es más que un depósito organizado de información, el cual representa el conocimiento que se quiere preservar y distribuir, y que viene reemplazando, cada vez más, al libro impreso porque tiene varias ventajas: la posibilidad de acceder desde cualquier lugar en el que exista una red de comunicaciones, el acceso simultáneo con varias personas, la reducción de necesidades de espacio físico para albergar los libros y otros documentos, y las facilidades para la preservación de los documentos originales.

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