Entrevista

“Se requieren miradas más multidimensionales y complejas”

Es doctor en Economía y se interesó en esta ciencia “por su dimensión social”, por lo que ha dedicado la mayor parte de su vida, académica y laboral, a utilizarla para impulsar el progreso de la sociedad. “La economía tiene una responsabilidad sumamente importante en la vida de las sociedades y de las personas, porque trata sobre recursos muy importantes e, incluso, imprescindibles para ellas. Estos no son el fin, pero, para las personas más pobres, pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte”, explica como preámbulo.

Autor: Israel Guzmán

Javier Iguiñiz

Profesor Emérito del Departamento de Economía

¿La visión económica del papa está enmarcada en una ideología definida?

No, él tiene un planteamiento que se concentra en lo que ve que sucede con las personas, no en un análisis minucioso desde un enfoque teórico particular. Él ve que es muy difícil vivir. La economía ayuda, pero, simultáneamente, cobra un precio muy alto para demasiadas personas. Incluso ha señalado que cuando la economía se asocia con una perspectiva individualista, llega a matar, llega a producir la destrucción de la vida en un sentido definitivo.

¿Qué tan cercana es su postura a la teología de la liberación?

Yo diría que el punto medular de la visión del papa se concentra sobre lo que es también el punto de fondo de la teoría de la liberación: la opción preferencial por el pobre. Esta tiene una consideración y valoración de todos, que prioriza a quienes tienen situaciones más difíciles y tienen su vida en riesgo, si es que no llegan incluso a perderla.

¿Cómo influyen sus gestos de austeridad al interior de la Iglesia?

Él ha afirmado con mucha nitidez algo que viene de Juan XXIII, poco antes del Concilio, en relación con una Iglesia pobre y para los pobres. Él trata de ejemplificar con acciones precisas, significativas y reveladoras la imagen de Iglesia que quiere proponer. No se adapta a lo que muchos católicos consideran adecuado en términos de solemnidades innecesarias que desvían la atención de la preocupación fundamental por los necesitados.

¿Ve una evolución desde el Concilio Vaticano II hacia la encíclica Laudato si’ o es, más bien, que la forma de transmitir ese mensaje es el cambio?

El Concilio Vaticano II fue prolongado y complementado con la reunión de obispos de América Latina en Medellín. El papa Francisco es un heredero del Concilio y un impulsor de la apertura al mundo que este demandó al conjunto de la Iglesia: abrir las ventanas, recibir aire fresco, y mirar a la calle con mucha mayor atención y sensibilidad, en vez de creer que la Iglesia es un lugar al que todos deben mirar para saber qué hacer y que no mira hacia afuera, que no mira a lo que pasa con la gente en concreto. Sin duda, el papa Francisco toma este enfoque con energía, creatividad y originalidad, y es muy latinoamericano en un segundo sentido, en tanto lo complementa con una opción preferencial por el pobre, que se fue elaborando a lo largo de décadas en la reflexión y práctica pastoral latinoamericana.

A lo largo de los años, la Iglesia ha alzado su voz continuamente. ¿Por qué es importante?

Efectivamente, desde la Rerum Novarum (1891) hasta la actualidad, la Iglesia católica siempre ha señalado que la economía debe servir a la gente y no ser un mecanismo autónomo que convierta al ser humano en su instrumento y no en su razón de ser. No ha logrado todo lo que reclama, pero sí influye y legitima prácticas más asociativas y responsables socialmente. La persistencia es un mérito de la enseñanza social católica, sabiendo que cuestiona mecanismos sumamente poderosos. Hay que persistir mucho más para lograr que la jerarquía de valores, con el ser humano al centro, termine imponiéndose sobre el funcionamiento económico.

¿Cómo evitar que la macroeconomía no convierta las personas en meras cifras?

No es sencillo. Esa visión se basa en un enfoque bastante unilateral que se concentra en la dimensión económica y, particularmente, en el ingreso de riqueza, posesiones y recursos. No es difícil desde ahí convertir a los humanos en meras estadísticas, lo que es útil para muchos fines, pero es unilateral y arriesgado. Se requiere miradas más multidimensionales y complejas con la finalidad de hacer la vida menos dura, sacrificada y cruel.

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