10 de abril del 2014

“La naturaleza tiene un valor que no es comparable con un auto o una casa”

Hugo Salgado

Docente de la Universidad de Talca (Chile)

Por lo general, conocemos el valor de las necesidades que satisfacemos, como, por ejemplo, la sensación de placer que puede generar el uso de calefacción en una noche de invierno. Pero no solemos detenernos a pensar en el impacto ambiental que estamos generando al realizar estas actividades. Para esto, existe el concepto de ‘valorización ambiental’ y el Dr. Salgado nos lo explica a continuación.

¿Por qué es importante establecer el valor del medioambiente?

El medioambiente es una fuente importante de desarrollo. Países como Chile, Perú y Ecuador  tienen una característica fundamental: basan su desarrollo en la explotación de recursos naturales. Entonces, tenemos que entender cuál es la mejor forma de usar estos recursos para generar desarrollo económico a largo plazo, un desarrollo sustentable. No tiene sentido explotar todos nuestros recursos naturales y agotarlos en un gran desarrollo a corto plazo, si eso va a hacer que en el futuro seamos pobres. La idea es no comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras puedan acceder a estos recursos.

¿Existe un propietario de los recursos naturales?

El medioambiente le pertenece a todos, por ende, a nadie. Es por esto que se da la “tragedia de los comunes”, que es un dilema que señala que cuando un recurso le pertenece a todos, queremos aprovecharnos de él pero nadie se hace responsable de su cuidado. Es por esto que la sociedad  debe establecer reglas para acceder a los recursos de manera responsable; por lo general, es el Estado el encargado de hacerlo, a través de la regulación ambiental.

¿Cuáles son los límites de la regulación estatal?

Se debe conjugar lo que es la ciencia –vinculada a conocer, entender y tener un mejor análisis de los fenómenos naturales– con lo que es la política e implementación de medidas de regulación. Además, hay pequeños actores involucrados, como empresas, consumidores, comunidades y pequeños propietarios, que interactúan entre ellos, y son capaces de influir en las tomas de decisiones y plantear reglas de juego.

Entonces, ¿la valoración ambiental conjuga el aspecto económico con el social?

La valoración ambiental intenta medir los beneficios y costos ambientales de una manera comparable con los beneficios y costos privados que tienen las empresas; de modo que podamos balancearlos de manera correcta. No solo se presta atención a lo que ganan las empresas sino también a lo que pierden las personas o sociedades cuando se explotan sus recursos ambientales se genera contaminación.

Suena razonable, pero, teniendo en cuenta los intereses económicos privados, ¿cuán difícil es ponerlo en práctica?

Hay distintos niveles. El primero es, por ejemplo, conocer qué impacto ambiental tendría montar una planta minera y ver a qué o quiénes está afectando. El segundo tiene que ver con cuantificar esta afectación: “esta planta minera va a matar a dos especies animales. ¿Es lo mismo que muera un animal a que se extinga toda una especie?”. Una vez que cuantificamos, pensamos en valores. Estas técnicas también son utilizadas en juicios para medir distintas situaciones, como el impacto generado por los casos de derrames de petróleo.

¿La valoración ambiental también analiza impactos en la cultura?

Las técnicas de valoración son antropocéntricas; es decir, están  centradas en el ser humano. Se busca analizar cómo las personas están dispuestas a conservar una cultura, sin embargo, hay culturas que no tiene sentido valorarlas económicamente porque no se puede comparar su valor cultural con el de otro bien. Sería como decir “¿Cuánto vale tu padre?”, eso no me lo puedo preguntar. En ciertas culturas, la naturaleza tiene un valor que no es comparable con un auto, una pasa o beneficios económicos. Si no se puede comparar esta cultura, la valoración pierde sentido.

En términos de desarrollo sustentable, ¿cómo ve el futuro?

Creo que estamos tomando más conciencia de lo importante que es crecer económicamente de manera sustentable, sabiendo los límites que tiene la naturaleza. Desde ese punto de vista, nos estamos desarrollando como cultura, ya que, por ejemplo, cada vez reciclamos más, generamos menos basura, tenemos mejores conocimientos de los impactos en la naturaleza e implementamos mejores medidas para minimizarlos. El desarrollo tecnológico también nos está ayudando a contaminar menos con el tema de las energías renovables. Es cuestión de seguir este camino.

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