16 de febrero del 2016

“Los derrames de petróleo son tóxicos para la mayoría de seres vivos”

Eric Cosio

Doctor en Botánica y Bioquímica vegetal. Coordinador del área de investigación del Proyecto Tambopata del Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables (INTE-PUCP)

El Dr. Eric Cosio, docente del Departamento de Ciencias de la PUCP, explica las consecuencias de los derrames de petróleo en la naturaleza, como los ocurridos recientemente en Loreto y Amazonas, y cómo enfrentar sus efectos.

En las últimas semanas se produjeron dos incidentes con irreparables consecuencias medioambientales para nuestro país: el 25 de enero y el 2 de febrero se reportaron derrames de petróleo en el Tramo II y en el Ramal Norte del Oleoducto Norperuano, respectivamente. Según el Dr. Eric Cosio, docente del Departamento de Ciencias de la PUCP, esta clase de sucesos ocasiona impactos de diferente nivel, tanto en la flora como en la fauna, que deben ser enfrentados rápidamente, algo que no ha ocurrido de manera apropiada en Loreto y Amazonas, las provincias afectadas.

¿Qué consecuencias sobre la naturaleza traen consigo derrames de esta magnitud?

Los derrames de petróleo son tóxicos para la mayoría de seres vivos. Los impactos, como todo en este mundo, son locales, porque afectan la vegetación y la microbiota (los microorganismos del suelo); y de largo alcance, porque se transportan por aguas superficiales y subterráneas. En la zona de impacto directo, hay efectos de toxicidad. Aquí juegan un papel importante los compuestos del petróleo conocidos como poliaromáticos, los cuales son moléculas orgánicas complejas, de muy difícil degradación y, además, tóxicas para la mayoría de seres vivos.  Si se presentan grandes cantidades y el suelo se satura, ya no se habla solo de toxicidad, sino también de efectos físicos directos que causan que la vegetación no pueda captar agua del suelo. Por otro lado, los efectos nocivos de largo alcance para los seres vivos se dan por transporte y acumulación. Una vez que se llega a cursos de agua, los efectos se multiplican. Efectos sobre peces no solo de mortandad, sino de acumulación de residuos tóxicos en su carne y grasa que hacen que se distribuyan por la cadena alimenticia.

¿Qué se puede hacer para reducir sus efectos?

Como en todo accidente que involucre material tóxico, una vez reportado, se debe actuar rápidamente, y reducir el área de impacto y la magnitud de infiltración en suelo. En este caso, no parece haber sido hecho de manera apropiada. Una vez culminada la contención del derrame, se debe evaluar la recuperación de la zona afectada. Dependiendo de la magnitud del problema, se puede proceder a retirar suelo contaminado y llevarlo a otro lugar donde pueda degradarse naturalmente. Cuando el área presente un nivel menor de contaminación, se puede dejar actuar a la naturaleza o se puede intentar usar biorremediación, que implica inocular microorganismos al suelo para acelerar la degradación del material. Esta es un área de biotecnología en desarrollo para la que ya hay algunas ofertas.  Saber si la biorremediación contribuye o no a acelerar la recuperación de un ecosistema afectado es aún materia de discusión.

¿Puede recuperarse la zona tras sucesos como los ocurridos en las provincias de Loreto y Amazonas?

Existe una capacidad natural de recuperación para efectos como estos.  Lo primero es la eliminación de los contaminantes “foráneos” al ecosistema y, después, la recuperación a nivel “macro”, es decir, a escala de vegetación y animales. Estudios con herramientas moleculares modernas han permitido investigar lo que ocurre en suelos contaminados. Hay un cambio dramático en la biodiversidad de microorganismos (la microbiota) del suelo y se enriquecen aquellos que pueden aprovechar hidrocarburos como fuente de energía.  Ya que los microorganismos (bacterias y hongos) son clave  para poder degradar y detoxificar el petróleo derramado, se ha usado un nuevo abordaje denominado “metagenómico” para observar, por medio de cambios en las secuencias de los ácidos nucleicos totales de los microorganismos del suelo, cambios en especies que normalmente no se podrían aislar o cultivar en el laboratorio y son desconocidas. Estudios realizados en África y en derrames en Ecuador permiten ver estos cambios. Los suelos tropicales, especialmente si ya han sido expuestos a eventos de este tipo, tienden a cambiar rápidamente a “modo de recuperación” microbiano. Como las temperaturas son más altas, los procesos degradativos ocurren a mayor velocidad. La capacidad regenerativa y tiempo dependen mucho de la magnitud y de otros factores que para nosotros, como espectadores, son difíciles de estimar. Lo único cierto es que el potencial de detoxificación es mayor aquí que, por ejemplo, en climas templados o en el Ártico. Incluso allí, los investigadores se sorprendieron de la velocidad con la que se llevó a cabo la regeneración tras el derrame del Exxon Valdez en Alaska.

¿Qué tipo de acciones debería tomar el Estado?

Hay una gran diferencia entre derrames o fugas de gran escala y con relevancia mediática mundial, como el caso del Exxon Valdez en Alaska o el Deep Water Horizon de BP en el Golfo de México, y casos en países en desarrollo, como Perú, Ecuador, Nigeria o Angola. En los primeros, hay una intervención masiva y penalidades financieras de gran magnitud. En los otros, hay escándalos menores y las medidas son del tipo “muy poco y muy tarde”. PetroPerú es una empresa bastante deficiente en el manejo de procesos y finanzas, y eso es de dominio público. Sale a la luz, debido a muchos incidentes, que su administración del oleoducto es deficiente. Hay poco control, y poca prevención y capacidad de respuesta oportuna. Ese es un mal punto de partida para una empresa que maneja insumos con impactos ambientales potencialmente muy serios.  Yo solo me hago la pregunta: ¿cuál sería la respuesta estatal si esta frecuencia de incidentes en el oleoducto (no es la primera vez) le ocurriera a un operador privado? En general, la política ambiental en el Perú ha pasado de un extremo a otro. Actualmente, hay excesiva regulación, muy minuciosa en papel, pero sin capacidad de control, fiscalización efectiva, monitoreo y, sobre todo, de reacción.

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Química

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