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"El papa Francisco está brindando una Iglesia más preocupada por dar amor que por las normas y leyes"

El Sumo Pontífice reconoció a monseñor Romero como “mártir” de la Iglesia y confirmó su “martirio” en «odium fidei», es decir, que fue asesinado por «odio a la fe», condición que le permitirá ser beatificado sin la necesidad de un milagro. Además, la Iglesia dio luz verde también a la beatificación de los sacerdotes polacos Michal Tomaszek y Zbigniew Strazalkowski y del sacerdote italiano Alessandro Dordi, los cuales fueron asesinados en el Perú por Sendero Luminoso el año 1991.

  • P. Andrés Gallego
    Jefe del Departamento de Teología

¿Por qué no se aprobó antes la beatificación de Óscar Arnulfo Romero?

Desde el comienzo estuvo claro que la muerte de monseñor Romero fue a causa de su trabajo para construir un país más humano y más justo. Creo que el Evangelio es muy claro: no hay fe verdadera si no se lucha por ella, y que se debe de seguir a Jesús para renovar su práctica hoy entre nosotros. Hay sectores dentro de la misma Iglesia que se oponían a la beatificación de Romero porque consideraban que ello politizaría su muerte y le daría aire a toda la lucha por la justicia que estos últimos años es propia de la Iglesia Latinoamericana, la cual está influenciada, entre otros, por una práctica evangélica de opción por los pobres.

Y todo ello ha cambiado ahora con el papa Francisco.

Al final, poco a poco, se abre paso la verdad. Lo cierto es que el papa Francisco –puede señalarse– no ha traído nada “nuevo”, solo la frescura del evangelio, lo que significa que la misericordia es más importante que el cumplimiento de normas, que el amor por los pobres supone una lucha abierta por la justicia, o que la Iglesia debe salir, pues –él lo ha dicho– debe ser como un hospital de campaña para acoger a todo el mundo. Se le está dando un reconocimiento, sin ninguna duda, al recorrido que ha tenido la Iglesia Latinoamericana. Esto no es de extrañar, porque el Papa es latino y se encuentra dentro de esta gran corriente iniciada en el Concilio Vaticano II, y continuó en las conferencias episcopales de Medellín, Puebla, Santo Domingo, y Aparecida. Todo esto es coherente con reconocer que la muerte de Romero fue por odio a la fe, una fe que lleva a la justicia.

En esa misma línea se encuentra la beatificación de los tres sacerdotes asesinados por Sendero Luminoso en 1991.

Efectivamente. Se trató de sacerdotes que, a causa de su fe, entendían su labor pastoral como una lucha por la justicia y como un hacerse responsable por la vida de los demás. En aquella época, los últimos años de los 80 e inicios de los 90, ya se había producido el fujishock, y las necesidades de alimentos de la población eran muy grandes. Surgieron comedores populares que recibieron apoyo de Cáritas. Estos sacerdotes brindaban alimentos y fueron asesinados. El odio de Sendero Luminoso lo levantó, también, su forma de organización, pues este no quería nada que pudiera competir en su relación con la gente.

¿Qué significan estas beatificaciones para la Iglesia?

La importancia que tiene para la Iglesia es que permite reconocer que sigue el evangelio de Jesús sigue vigente en nuestros países. Aceptar esto es señalar que hay testimonios de vida de seguidores de Jesús que son ejemplos de lo que él pedía, lo cual es motivador para otros cristianos. La beatificación próxima o la canonización significan que hay personas que son testigos del evangelio de Jesús cuya vida podemos confrontar con la nuestra.

¿Esto es importante para la memoria del Perú?

Es un hecho importante para nuestro país, el cual ya ha sido reconocido. Por ejemplo, recuerdo una homilía de monseñor José Dammert, obispo de Cajamarca –y, en ese momento, presidente de la Conferencia Episcopal– que hablaba sobre estas muertes y que se trató de personas que habían dado su vida por seguir a Jesús y por testimoniar el evangelio. Esto marca una manera de entender la vida cristiana.

¿Qué se puede esperar del papa Francisco?

Creo que la gran novedad de Francisco es, precisamente, la vuelta a algo muy viejo: el evangelio, la palabra de Dios, la tradición que nos viene desde el Antiguo Testamento. Se aprecia entonces la vuelta a ese Dios que es el Dios de la vida, la frescura de volver a la práctica de Jesús, a esa cercanía de él con la gente, a esa práctica de la misericordia, que es mucho más importante que la norma. Hay una frase famosa que dice Jesús en el evangelio de Mateo: “No se ha hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”. Esto quiere decir que no se ha hecho al hombre para ser esclavo de las normas y las leyes, sino que estas se hicieron para servir a los hombres y a las mujeres. El papa Francisco nos está brindando una Iglesia más preocupada por dar amor que por las normas y leyes, las cuales son importantes y ayudan a la convivencia, pero que no son el sentido último de la práctica de Jesús.

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