18 de febrero del 2016

“Cuando uno se hace adulto, no debe olvidarse de jugar”

Andrés Payá

Director del Departamento de Educación Comparada e Historia de la Educación de la Universidad de Valencia

El juego, como instrumento educativo tiene un enorme potencial que, lamentablemente, es poco aprovechado por la escuela. Según el Dr. Andrés Payá, director del Departamento de Historia de la Educación y Educación Comparada de la Universidad de Valencia (España), se trata de una actividad intrínseca al ser humano que no debería de ser marginada por falta de tiempo o espacio. Este fue uno de los puntos que expuso durante el Seminario-Taller Internacional “Infancia, juego y educación”, organizado por el Centro de Investigaciones y Servicios Educativos (CISE), y que intenta difundir durante una breve estancia en nuestra Universidad, a la que llegó gracias a un convenio entre la PUCP y  la institución española que lo acoge.

¿Qué deberíamos entender como actividad lúdica?

La actividad lúdica es muy fácil de identificar, pero muy difícil de definir. Es una actividad que produce placer y alegría, es voluntaria y libre, y es inherente al ser humano. Como pedagogo, creo que puede ser un instrumento educativo de primer orden por su carácter integral, ya que puede ayudar tanto a la educación intelectual o cognoscitiva, como a la social, creativa, estética y a la educación física.

¿Cómo se integra el juego en la educación?

Hay que tener presente tres conceptos: el juego, la educación y la escuela (como sistema educativo). Está claro que podemos plantear al juego como algo educativo. Los pedagogos y los maestros buscamos aprovechar aquello que es educativo de manera didáctica, es decir, vamos a obtener rendimiento, lo cual es, a su vez, lo que busca la escuela. La escuela, por su parte, trata de estandarizar determinados juegos como una herramienta más de lo que se conoce como “el aprender deleitando”. En la historia de la educación hubo un gran paso de, digamos, “la letra con sangre entra” a “el aprender deleitando”. Lo que se hacía era enseñar determinados contenidos curriculares (lectura, matemáticas, ciencias naturales, educación física, etc.) utilizando el juego como una metodología, pero el juego es algo más.

¿No es que solo deba aplicarse en educación física?

El problema es que a veces se le usa solo en determinadas áreas, como en educación física. En el sistema educativo –y esto pasa en el Perú como en España–, el juego parece ser muy importante en la educación inicial; pierde protagonismo en la educación primaria, donde tiene que haber producción y rendimiento (es decir, resultados de aprendizaje); y en secundaria, desaparece; y ni qué decir de la universidad. Cuando se le quiere dar cabida, se le ve como una actividad más. De esta forma, se le quita las características de ser libre y placentero, porque se trata de una actividad que requiere un espacio y tiempo concretos.

¿Cuál es el rol del profesor respecto al juego?

Creo que no hay que restringir el juego y la educación al ámbito escolar. De esto hablamos mucho en el seminario desarrollado en la PUCP, pues tan importante como el ámbito escolar lo son el familiar y el social. El rol del profesor o del adulto debe ser discreto, es decir, el profesor en el aula, el padre en el hogar o el concejal en la municipalidad debe crear las condiciones idóneas para que tenga lugar la actividad lúdica. No necesariamente intervenir en el sentido de controlar, dirigir o vigilar, porque el juego deja de ser libre; cuando es así, a los niños ya no muestran interés porque no son los dueños de su propia actividad.

¿Cómo debe aprovecharse la actividad lúdica en el aula?

Se debe crear espacios libres de juego y, en especial, intentar asociarlos a determinados contenidos, pero no necesariamente con resultados de aprendizaje, porque esa presión corta la libertad.

¿Se le ha dado la debida importancia al tema?

Se le ha dado mucha importancia en el último siglo y medio en relación con la consideración que le dan los educadores. El juego está asociado al tiempo libre. Se trata de una actividad que ocupa la vida del ser humano. La obsesión por el aprendizaje, la escuela, ha hecho que se considere al aula como un lugar en donde los alumnos tienen que estar serios y sentados. ¿Te imaginas un juego así? No se puede. El juego ha evolucionado con la sociedad porque este es un reflejo de ella. Podemos decir que el “juego libre” ahora está pasando por un mal momento, porque no hay tiempo. Las agendas de los niños fuera del aula están llenas de actividades extracurriculares. En Lima, por ejemplo, no hay espacios para ello, porque esta ciudad está pensada para los autos y los negocios, y los niños cada vez tienen menos compañeros con los cuales jugar.

En los últimos años, es poco común ver a un grupo de niños en la calle inventando juegos.

Porque no tienen tiempo, no hay espacios seguros y no tienen compañeros. Los niños están recluidos en la seguridad de sus hogares. Por otro lado, el factor material (los juguetes) depende del sector socioeconómico de la familia. No son buenos tiempos para los juegos, pero hay que darle tiempo al juego. Esto significa crear el espacio necesario en esas agendas apretadas.

De allí que sea importante incorporar al juego en las aulas.

Como una metodología y una actitud lúdica. Hay que considerar, además, que no es lo mismo planificar un juego con un niño de 6 años que planificar uno con un niño de 13. Hay que tener en cuenta las edades, en qué materias se va a incorporar y con qué objetivos. Creo que se deberían liberar mejor los currículos y, en general, ser más relajados. Al seminario vinieron muchas personas interesadas, porque la gente cree en los juegos. Lo que tienen que hacer ahora es llevarlos a la práctica. Histórica, psicológica, pedagógica y sociológicamente está demostrado que el juego tiene un gran potencial educativo. Cuando uno se hace adulto, no debe olvidarse de jugar. Si jugamos, nos hacemos más personas, porque esto es algo propio del ser humano.

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