17 de marzo del 2015

“Cuando se construye para la ciudad y no solo para los Juegos Panamericanos, la experiencia es exitosa”

Ciro Pirondi

Fundador de la Escola da Cidade - Facultad de Arquitectura y Urbanismo de Sao Paulo (Brasil).

El 11 de octubre del 2011, durante la 51° Asamblea General de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), Lima fue seleccionada como ciudad anfitriona de los XVIII Juegos Panamericanos 2019. Sin embargo, ya han pasado más de cuatro años y aún no se han iniciado las obras de infraestructura que se requerirán para desarrollar las actividades deportivas ni para albergar a las delegaciones visitantes. ¿Qué podemos hacer en el tiempo que nos queda? La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la PUCP organizó el evento Limapolis 2015, que reunió a arquitectos, urbanistas nacionales y extranjeros para reflexionar acerca de cómo estos nuevos elementos podrían responder a las necesidades de la ciudad a largo plazo.

Un evento deportivo como los Juegos Panamericanos se programa con varios años de anticipación y es una oportunidad de oro para hacer cambios y mejoras en la ciudad. ¿Cómo podríamos pasar por este proceso con la debida planificación?

Estos eventos son usuales en ciudades grandes, principalmente a partir del siglo XIX y siempre han generado una expectativa inmensa en las ciudades anfitrionas. Pero debemos tener en claro que no podemos hacer de estos Juegos el hecho que transformará por completo la ciudad, porque si no nos frustraríamos. Una ciudad no se hace en cuatro años.

Lima es una ciudad milenaria y no vamos a comenzar a construirla de cero. Debemos reconocer las preexistencias de la ciudad y ver qué intervenciones pequeñas podemos hacer en el tiempo que nos queda, qué cosas podemos mejorar que consigan irradiar transformaciones mayores a futuro.

¿Por qué la mayoría de escenarios deportivos y villas olímpicas, una vez finalizados los juegos, quedan abandonados?

Lamentablemente, la mayoría de veces ocurre lo que dices. Lo que pasa es que para hacer estos cambios, debemos pensar en función de la ciudad, no del evento. Cuando haces una fiesta en tu casa, te preparas para recibir a tus invitados, y quizá sea la ocasión propicia para pintar esa pared que hace años querías pintar. Cuando se vayan tus invitados, la casa seguirá en pie y tú continuarás durmiendo y viviendo en ella. Los Juegos Panamericanos son una fiesta y debemos verlos como una oportunidad para organizar mejor la ciudad.

¿Qué ejemplo exitoso recuerda?

Barcelona fue un caso exitoso. Antes de las Olimpiadas de Verano de 1992, Barcelona no miraba el mar, a pesar de ser una ciudad marítima. Se hicieron transformaciones radicales y luego de los Juegos, la ciudad empezó a usar el mar. Cuando la ciudad abriga a los Juegos y se hacen construcciones para la ciudad, esa experiencia es exitosa. Cuando hacemos lo contrario y edificamos solo para los Juegos, fracasa.

Hace 16 meses, Lima fue elegida sede de los Juegos Panamericanos 2019, pero recién  a inicios de marzo se instaló el Comité Organizador y aún no hay ninguna obra avanzada. Nos quedan 4 años, ¿es tiempo suficiente?

No, no lo es. Es un tiempo muy justo, muy apretado. En todas las ciudades de América Latina ocurre lo mismo: nuestros gobernantes ven a nuestras ciudades como un bien privado y se ven como los dueños o gerentes de la ciudad, cuando solo son servidores públicos, nada más. Entonces, hacen todo para ganar la sede de los Juegos Panamericanos y luego demoran año y medio para armar un comité que debió estar listo antes de proponer su candidatura. Es como organizar una orquesta sin saber qué música tocar.

Otro factor a tomar en cuenta es que este año ha entrado una nueva administración municipal (que dejará el poder antes de los Juegos) y que el próximo año tendremos elecciones presidenciales…

Todo eso empeora la situación.

Los Juegos Panamericanos 2015 se desarrollarán en Toronto (Canadá), que obtuvo esta designación porque garantizó una cohesión entre los poderes del Estado, que se han comprometido a trabajar en conjunto.

Eso en Lima es difícil de lograr por dos cuestiones básicas. Primero, Toronto es una ciudad con una infraestructura urbana más consistente que otras ciudades latinoamericanas, lo que facilita este proceso. Y en segundo lugar, pareciera que aquellos que ostentan el poder en las ciudades latinoamericanas sufren de cierta esquizofrenia que los lleva a trabajar de manera aislada. Las secretarías y oficinas estatales no conversan entre ellas, se realiza doble trabajo, de mala manera y se crea un infierno.

Ud. defiende una visión humanista de la arquitectura. Y Lima es una ciudad con marcadas diferencias sociales. ¿De qué manera la arquitectura podría contribuir con la integración del a la sociedad?

Primero necesitamos cambiar la visión del arquitecto como instrumento de la élite, como elemento de lujo que hace casas solamente para gente pudiente. El arquitecto debe entender que es un prestador de servicios como cualquier otro. Para una sociedad, es preferible un buen barrendero que un mal arquitecto. No importa lo que haces, importa la calidad de tu trabajo.

Un arquitecto, en Lima o en cualquier otra parte, tiene el reto de recuperar su responsabilidad social. Puede hacer la casa de la persona más rica, pero también debe construir escuelas, plazas, hospitales, involucrarse en trabajos sociales mayores y en la recuperación de áreas degradadas.

¿Cuál es la importancia de organizar espacios de reflexión desde la academia como el Limapolis?

Es fundamental, porque permite involucrarnos y asumir nuestra responsabilidad en este tema, y por ende, romper con la falsa idea que la academia y la sociedad deben ir por caminos separados. Un evento como Limapolis tiene una dimensión social, política y ética muy grande, porque nos permite mirar los espacios públicos, pensar cuáles son las necesidades urgentes de la ciudad y qué uso tendrá aquello que construyamos luego del evento. El estadio o gimnasio que coloquemos, ¿será un elefante blanco o será usado cotidianamente por la población? Ya que tenemos la pretensión de producir conocimiento, para quién lo hacemos: ¿en favor de la biblioteca de la universidad o en favor de la sociedad?

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