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Opinión

“El desafío en Europa es pensar un sistema jurídico a partir de la diversidad”

Perú es un país ampliamente diverso culturalmente. Sin embargo, su sistema jurídico, acorde con la corriente europea del siglo XIX, ha sido pensado para ciudadanos homogéneos. Alemania, un país reconocido por su sistema jurídico complejo y eficiente, enfrenta el reto de una nueva diversidad que exige una normativa cada vez más específica. Estas características hacen provechosa la cooperación académica entre ambos países. En esa línea, el doctor Thomas Duve, director del Instituto Max Planck de Historia Legal Europea, visitó nuestra universidad para el II Encuentro Peruano – Alemán “Derecho y Diversidad Cultural”.

  • Thomas Duve
    Director del Instituto Max Planck de Derecho Europeo
  • Texto:
    Sharún Gonzales
  • Fotografía:
    Christian Ugarte

¿Cómo surge la necesidad de proteger jurídicamente la diversidad cultural?

Hay una tendencia común en ciertos grupos que se consideran diferentes que la mayoría, quienes reclaman una respuesta normativa a su existencia. En la teoría del derecho, últimamente, se habla de procesos de particularización del derecho y de empatía como un principio de administración de derecho. Estos nuevos modelos de administración de justicia y de protección de derechos se diferencian del modelo establecido que funciona, básicamente, a través de dos abstracciones: el ciudadano y el Estado. La relación entre esas dos abstracciones está regulada por el mecanismo de la subsunción, en el sentido que hay ciertos derechos que competen a cada individuo y el Estado tiene que garantizarlos. Se construye la protección a través de situaciones muy abstractas. Eso que estoy describiendo, llevó a mucha gente a pensar que debemos construir un derecho que tome en consideración mucho más la situación particular de las personas concretas y sus reclamos. Lo que nos damos cuenta es que la problemática, hoy en día, es mucho más grande y los reclamos sociales para responder con una forma diferente son también más grandes.

¿Es importante destacar en ese proceso el rol de los movimientos sociales?

Creo que muchos de los movimientos sociales, movimientos indígenas, se han visto estimulados en las últimas décadas. Los medios de comunicación y la digitalización de la cultura, tienen un papel importante porque con ellos descubrieron que tienen una voz y que pueden hacer públicos sus reclamos. En esta misma época, cuando vemos más reclamos, también presentamos un gran avance en la investigación en las ciencias sociales, y en la cultura. Especialmente hoy, vemos diferente los procesos de construcción de identidades. Hace 50 años, se tomaba la identidad como algo dado, algo que uno lleva en el ADN, o que existe objetivamente. Hoy en día sabemos que las identidades se construyen continuamente y se construyen, no en aislamiento, sino en un proceso relacional. Partimos de la base que muchas identidades, son construidas, flexibles y líquidas. Esto significa un problema para el sistema jurídico ya que si el sistema jurídico quiere asignar ciertos privilegios o derechos especiales a ciertos grupos tiene que definir quién pertenece a este grupo o tiene que saber quién se auto adscribe a ese grupo.

¿Por qué la flexibilidad de estas identidades representa un problema para la asignación de derechos y recursos?

La adscripción a ciertos grupos es muy flexible. En algunos casos, relacionados con los derechos de los pueblos indígenas, por ejemplo, vemos que hay procesos de “reindigenización”, de cambio de identidad étnica, motivados, quizás, por una estrategia de conseguir una mejor posición dentro de las negociaciones y esto no me parece mal en ese sentido. Casos como el de Rachel Dolezal, descendiente de checos y alemanes que decidió identificarse como afroamericana nos hacen advertir que la repartición de recursos económicos y  jurídicos, a través de esas categorías, llega a un fin. Ser coherente con los presupuestos teóricos que tenemos, que son, por ejemplo, que las identidades son construidas y hasta la raza sería una construcción social y cultural, representa un también un desafío.

Alemania y Perú tienen contextos tan distintos. ¿Por qué hacer cooperación en términos académicos, entre ambos países?

En este caso concreto, estamos cooperando porque nos complementamos muy bien. En Alemania, la ciencia jurídica alemana desde el siglo XIX ha sido muy famosa, especialmente por su afán sistemático. Creo que las ciencias jurídicas alemanas, son unas de las más, sino la más, sistemáticas que hay. Nuestro orgullo, como juristas alemanes, consiste específicamente en haber creado un sistema muy complicado y complejo y muy funcional, con una dogmática muy coherente dentro del sistema. Eso es lo que sabemos hacer muy bien. Lo que no sabemos hacer muy bien es movernos en un mundo que no construye sus sistemas culturales a partir de la igualdad, sino a partir de la diversidad y ahí viene el Perú. Perú tiene una gran experiencia histórica de reflexión intelectual sobre cómo se construye una sociedad a partir de la diversidad, porque en Perú la diversidad es obvia. Creo que estamos aquí para entrar en un diálogo donde las dos partes pueden aprender. El desafío en Europa es pensar un sistema jurídico a partir de la diversidad no es solo un desafío teórico, sino por la presencia de tantas personas de un origen cultural diferente a la cultura alemana. Es una realidad.

¿Qué dice la historia jurídica acerca de estos procesos de protección de la diversidad?

Lo que vemos es que hemos tenido un sistema de protección de los derechos, a través de un sistema de abstracción y lo que nos parece es que hay muchos indicios de que las circunstancias que hicieron emerger este sistema están cambiando y que hay una nueva realidad que muy probablemente va a producir cambios en este sistema. No somos profetas, no sabemos hacia dónde vamos pero tratamos, con la distancia del historiador, aportar una perspectiva crítica, en un buen sentido, a los debates jurídicos.

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