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Opinión

El Nobel de la Paz a las reformas en Etiopía

  • Mayte Dongo
    Docente de la Especialidad de Relaciones Internacionales PUCP

La historia de este premio empieza hace veinte años con el enfrentamiento entre Etiopía y Eritrea debido a un conflicto fronterizo entre 1998 y el 2000 (que produjo alrededor de 100 mil muertos y un millón de refugiados), y termina el 2018 cuando el primer ministro etíope, Ahmed Ali, e Isaias Afwerki, presidente de Eritrea, firmaron una declaración conjunta en Asmara (capital de Eritrea), donde se promete respetar las fronteras establecidas el 2000 en el Acuerdo de Paz de Argel. Esta paz fue auspiciada por la Organización para la Unidad Africa e implicaba el despliegue de cascos azules en la frontera. La realidad es que se mantuvieron las tensiones, con minas desplegadas por toda la zona.

La pregunta que surge es ¿por qué se mantuvo este conflicto pese al acuerdo del 2000? El acuerdo de Argel delimitó una frontera, pero esta delimitación se convirtió en una razón de enfrentamiento debido a que el anterior presidente etíope, Meles Zenawi, aceptaba solo la concesión de la ciudad de Badme a Eritrea, lugar en donde se había desarrollado la guerra. Por eso que, con la elección de Ahmed Ali, la historia de conflicto cambió ya que uno de los los objetivos del nuevo presidente, desde el inicio de su mandato (2018), fue resolver dicho enfrentamiento.

El nuevo acuerdo implicaba la reanudación de la relación diplomática entre estos países al incluir la apertura de las embajadas. Igualmente, restablecía el transporte entre ambos países, por eso Ethiopian Airlines, desde ese mismo mes de julio, reanudó sus vuelos a Eritrea. Además, el acuerdo contempló la restitución del comercio y las telecomunicaciones, con miras al desarrollo regional y la paz en la región. No obstante, aún no todas las medidas acordadas han sido implementadas, pues la frontera se cerró nuevamente y Etiopía no tiene aún acceso a los puertos eritreos. Una de las medidas esperadas es la firma de acuerdos en materia comercial.

En este contexto, el presidente Ahmed Ali (de padre musulmán y madre cristiana) todavía tiene muchos desafíos por delante. Hay que considerar que este nuevo líder africano fue elegido después del fin del régimen autoritario de Haimermariam Desalegn, quien renunció después de tres años de protestas. La violencia interna, específicamente la étnica, sigue siendo un problema en Etiopía. Por ello, la resolución del conflicto debe entenderse en un contexto de reformas que incluye la eliminación de veto a algunos partidos políticos, la liberación de disidentes, el retorno de exiliados (ya no calificados como terroristas) y la búsqueda de justicia a través de la acusación de oficiales que violaron derechos humanos.

Por ello, Ahmed Ali fue galardonado con el Nobel de la Paz: no solo por haber trabajado para poner fin a la guerra con Eritrea, sino también por sus esfuerzos por la paz y la cooperación. Esto podría explicar por qué el premio fue entregado antes de lo acostumbrado. El Comité ha esgrimido que “ahora es cuando los fuerzos de Abiy Ahmed merecen reconocimiento y necesitan estímulo”.

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