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Opinión

"La acción simbólica era fundamental tanto para reproducir o conservar un orden y jerarquías"

Pablo Ortemberg, autor del libro Rituales del Poder en Lima (1735 – 1828). De la monarquía a la república, analiza los rituales a partir de los cuales se construye una jerarquía social y las figuras de autoridad en tres diversos periodos, el colonial, durante la independencia y ya en época de la república, cómo estos ayudaron a la estabilidad social y cuáles son algunos de estos rituales que se pueden ver hoy en día.

  • Pablo Ortemberg
    Doctor en Historia por la École des Hautes Études en Sciences Sociales. (Francia)
  • Texto:
    Susana Navarro

¿Qué rituales del poder son los más representativos en la construcción de la jerarquía social?

Las proclamaciones o juras reales en todas las ciudades y pueblos de la Monarquía y, en el caso de los centros virreinales, las llegadas de nuevos virreyes a la cabeza del virreinato, eran dos tipos de rituales de “continuidad” de la autoridad suprema fundamentales en los que se actualizaba y sostenía el orden político, social y moral. Me interesé en las transformaciones y continuidades de estos rituales durante el período colonial tardío hasta terminada la segunda década del siglo XIX. La proclamación de la Constitución de Cádiz y luego de la Independencia son ritos que resignifican las viejas proclamaciones reales. Los recibimientos de virreyes serán resignificados durante la crisis de la monarquía y el advenimiento de nuevas autoridades: los dos Libertadores, el Protector, el Presidente Riva Agüero, etc.

También se interesa en la evolución de las figuras de autoridad.

En el libro se indaga a las figuras de autoridad, por ejemplo, en las fiestas liberales, también se explora el incremento e innovación de los rituales guerreros aún desde antes de la guerra de independencia. O, por ejemplo, también analiza los rituales rogativas-donativos en el contexto de guerra. Es importante señalar que la acción simbólica era fundamental tanto para reproducir o conservar un orden y jerarquías (“continuidad”) como para legitimar la introducción de cambios en las prácticas y representaciones del poder. Y precisamente como el ritual que estudio, es el lenguaje de la legitimación por excelencia, es también un campo de manipulaciones y disputas constantes por parte de personas y grupos.

¿Cómo se utilizaron estos rituales en la construcción de un estado-nación y de la identidad nacional?

Puede verse esto en varios momentos. Tomaré un ejemplo. En Perú, como en otras regiones fidelistas, fue muy importante el paradigma gaditano. La proclamación y jura a la Constitución fueron rituales que se articularon con los rituales electorales (para elegir cabildos constitucionales) transmitiendo la experiencia de un nuevo pacto con una nación entendida entonces como sinónimo de Estado, por eso los rituales de continuidad pueden, paradójicamente, ser utilizados para introducir cambios. Pero es importante tener en cuenta que la “nación” peruana, chilena, argentina no existían tal como las entendemos ahora. Los conceptos políticos mudaban rápidamente de sentido y a veces encerraban varias connotaciones distintas, según el contexto de enunciación. En todo caso, los rituales del poder (ceremonias, fiestas, celebraciones asociadas a acontecimientos que afectan al conjunto de la comunidad política) eran el dispositivo privilegiado para difundir en la plaza esta semántica cambiante siempre en procura de legitimidad.

¿Cómo es que estos rituales ayudan al calor de la independencia?

Si bien no es posible hablar de una “nación” como existe hoy en día, sin embargo, sí se puede hablar de una nación española que puja, rituales mediante, por instalarse a partir de finales del siglo XVIII, en especial a raíz de las guerras contra Inglaterra y Francia, y se intensifica claramente con la “guerra de la independencia española” que intenta repeler a Bonaparte en la que el conjunto de los limeños participaron mayormente, por ejemplo, a través del mecanismo ritual de las rogativas-donativos. Sin embargo, la tríada movilizadora desde el punto de vista afectivo era Dios-Patria-Rey. Una tríada que se va a quebrar al calor de las independencias. Las identidades políticas fuertes estaban ancladas en los “pueblos” que eran básicamente las ciudades con sus cabildos. No había identidad a nivel administrativo de los virreinatos. Durante las independencias, la identidad nacional española se opone a una identidad nueva: la americana. De este modo, durante la guerra, la identidad de la ciudad o pueblos (depositarios de la soberanía ante la ausencia del monarca) se articuló con una identidad americana fomentada por los revolucionarios.

Qué fiestas o ceremonias son en las que se puede ver un claro reemplazo de la figura del virrey? ¿Cómo era antes, en época del virreinato, y cómo cambiaron después, ya en la independencia?

Es muy clara la operación ritual en torno a la figura del protector libertador San Martín y luego de Bolívar. Por ejemplo, para ambos la Universidad Nacional Mayor de San Marcos dedicó el recibimiento con elogio, un ritual que formaba parte de los recibimientos de virreyes. Por supuesto, el contenido del Elogio exaltaba otros contenidos. Otro ejemplo, durante la presencia de Bolívar en el Perú, y en especial, luego de las victorias de Junín y Ayacucho, se saturó el joven espacio republicano con el retrato del Libertador. Tal es así que cuando en 1827 se impone una opinión contraria al proyecto de constitución vitalicia impulsado por Bolívar, se desata la “desbolivarización” del Perú. Durante la presencia de Bolívar, además, había vuelto a ponerse en práctica el rito de incensar a la Autoridad Suprema (el mismo Bolívar en lugar del virrey de antaño) en las funciones de Iglesia, algo que había suprimido San Martín.

Al momento de construir la república, ¿cómo se utilizaron estos ‘rituales’ para mantener una sociedad estable?

Algo que caracteriza a este período es la extrema inestabilidad durante un período bastante largo de guerra entre americanos. Estos rituales cumplieron muchas funciones y eso explica su intensificación. En contra del sentido común, la desesperante realidad de la guerra, las carestías, las urgencias y enfermedades en lugar de disminuir o atenuar la puesta en práctica de los rituales, muy al contrario, los potenció. Por empezar, la jura de Fernando VII sirvió para cohesionar moralmente una sociedad que se había quedado sin centro moral, político, simbólico: el Rey estaba preso. Durante las guerras, los rituales fueron el lenguaje para identificar los bandos (independentistas vs fidelistas), inventar un enemigo, “exorcizar” espacios disputados, generar compromiso para dar la vida por la causa, canalizar los donativos, el medio que tenían las autoridades para evaluar el estado de la opinión, etc.

¿Qué rituales se mantienen hasta el día de hoy?

El Te Deum del 28 de Julio y la parada militar en fecha patria, la banda presidencial, las condecoraciones republicanas, la recuperación desde comienzos del siglo XX de las advocaciones marianas como patronas de instituciones del Estado, el juramento de lealtad a la bandera, entre muchas otras. Es interesante señalar que estos componentes rituales de la “nacionalidad” están presentes también en las fiestas patrias de repúblicas vecinas.

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