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Noticia

Ejercicio y buena alimentación para prevenir los derrames cerebrales

Si bien es usual que ocurra a partir de los 50 años, puede prevenirse si se mantienen hábitos saludables desde la juventud.

  • Texto:
    Emily Espinoza

Las enfermedades vasculares cerebrales (EVC) —apoplejías, derrames o ataques cerebrales— son la primera causa de discapacidad funcional y la tercera de mortalidad entre las personas mayores de 50 años. «Una persona mayor puede sufrir una parálisis de la noche a la mañana. Sin embargo, los factores subyacentes se han ido desarrollando desde su juventud», declara el doctor Luis Deza, neurólogo del Servicio de Salud de la Universidad.

Las EVC tienen dos grandes causas: la isquemia cerebral —la falta de riego sanguíneo en el cerebro— y la hemorragia cerebral, cuatro veces más grave. Entre los factores de riesgo que son controlables, están la hipertensión arterial, el sobrepeso y la diabetes tipo 2. En la mayoría de los casos de EVC, estos factores se manifiestan a partir de los 50 años, por lo que no se hace hincapié en la prevención desde la juventud.

«Si los jóvenes conocen los factores de riesgo de las EVC, podrán prevenir la aparición futura de estas enfermedades», declara Deza. El doctor afirma que los hábitos saludables, principalmente el ejercicio físico diario, son la clave de la prevención.

20 minutos de ejercicio al día
«El método más seguro, sencillo y barato para mantener una buena salud es la actividad física. Sin embargo, en mis consultas, la falta de ejercicio regular es un problema recurrente», sostiene. La Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) aconseja un mínimo de 20 minutos de ejercicio todos los días.

El ejercicio recomendado es el aeróbico —aquel que necesita de la respiración (y no de la fuerza) para su mantenimiento—, pues brinda más beneficios al sistema cardiovascular a través de su contribución para quemar grasas. Caminar, trotar, saltar soga, manejar bicicleta y nadar son actividades aeróbicas. «Es preferible llevarlas a cabo en la mañana, justo después de levantarse y antes de desayunar, pues la serotonina, sustancia que activa los músculos, ayuda a que el cuerpo termine de despertarse», agrega el doctor.

Otro consejo de Deza para la prevención de las EVC es caminar diez cuadras todos los días después del almuerzo. «Después de comer, los niveles de azúcar en la sangre aumentan. Entonces, si caminamos, podemos utilizar mejor esa glucosa», explica. Finalmente, el doctor aconseja no quedarse sentado durante más de dos horas: «Estar sentado es el nuevo tabaquismo. Solo hay que levantarse y moverse», señala un estudio científico reciente. Es decir, no está de más darse una vuelta por la pista de salud del campus, ubicada en el área de deportes.

Vivir sin exageraciones
Fumar tiene efectos nocivos en los vasos sanguíneos, pues la nicotina es una sustancia vasoconstrictora: disminuye el diámetro de las venas y arterias, lo que provoca que la sangre circule por el organismo con dificultad. Esto, a su vez, aumenta la tensión arterial y hace que el corazón trabaje en exceso. «Por cada dos cigarros consumidos al día, el riesgo de tener una EVC aumenta proporcionalmente», comenta Deza.

El abuso del alcohol también influye en el riesgo de padecer una EVC. «Es cierto que tomar una copa de vino al día es beneficioso, pero esta es una conclusión de estudios que se han realizado en personas mayores de 50 años con niveles elevados de colesterol. Sí, tomar en pequeñas cantidades puede limpiar las arterias de grasas, pero este beneficio debe ser contrastado con el riesgo de cáncer de faringe o esófago. Una vez consumido, el alcohol se degrada y muchos de sus compuestos finales son cancerígenos», detalla.

Finalmente, el consumo excesivo de carnes rojas es perjudicial para el sistema circulatorio, pues aportan una gran cantidad de grasas saturadas. Deza recomienda comer 100 gramos al día como máximo y no más de tres veces a la semana. Es preferible elegir los cortes magros y eliminar la grasa visible antes de cocinarlos.

Más datos

  • El doctor Deza sostiene que la modificación de los malos estilos de vida reduce, en un 80%, las probabilidades de sufrir una EVC.
  • Aproximadamente un 5% de la población tiene un aneurisma, ya sea congénito o producto de un traumatismo o infección. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje llega a romperse. Generalmente, esto ocurre cuando se hace algún esfuerzo extra, como levantar pesas o cambiar la llanta de un auto. Por eso, Deza recomienda hacer ejercicio, pero sin exagerar en la demanda de fuerza.
  • Así como ocurre con el consumo de cigarrillos, por cada 5 kilogramos de sobrepeso, el riesgo de sufrir una EVC aumenta proporcionalmente.

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