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Opinión

“Tenemos un problema gigante de imaginarios colectivos”

Luego de casi tres semanas en nuestra capital, una de las cosas que más ha impactado a Freire es la inusual cantidad de portadas de diarios que mantienen una marcada tónica antichilena. “Puede que sean chicha y no los consideren serios, pero hay niños que ven esa portada”, comenta. Y es que para él, alcanzar una relación sincera de cooperación entre Perú y Chile pasa por superar las percepciones negativas que tenemos los unos de los otros. Él nos visitó para el Martes de Gobierno “Perú, Chile y Bolivia: análisis y propuestas por una nueva relación vecinal” organizado por la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas.

  • Nicolás Freire
    Docente e investigador de la Universidad Central de Chile.
  • Texto:
    Israel Guzmán
  • Fotografía:
    Alonso Chero

¿Considera que Perú, Chile y Bolivia tienen una dinámica trilateral?

No concuerdo mucho con esa lógica porque creo que, por cuestiones geográficas e históricas, el norte de Chile está mucho más ligado al sur del Perú que al occidente boliviano. La imagen alegórica de ello es la fuerte interdependencia que hay entre Tacna y Arica. En general, son relaciones separadas que, además, convienen a los países.

Hablemos, entonces, de Perú y Chile. Más allá del discurso oficial, ¿cómo nos percibimos mutuamente?

En mi ponencia hablé de falsedades: hay relatos falsos que involucran un relato histórico en relación con otro país. Se da en la historia chilena, peruana, boliviana y argentina. El ejemplo más claro es la Guerra del Pacífico. En Chile, por ejemplo, existe el relato falso de que el Perú nos declaró la guerra, pero si ves los documentos, te das cuenta de que fue Chile el que lo hizo un día antes. No podemos basar nuestra relación en relatos dudosos que forman imágenes de vecinos agresivos o expansionistas, y que, generalizando, es la imagen que comparten los chilenos sobre peruanos y viceversa.

¿Cómo ha evolucionado esta relación en las últimas décadas y cómo influye el fallo de La Haya?

Este ayuda en la medida en que se haga difusión de los buenos resultados que se puedan tener. Muchas personas en Chile y Perú pensaban que aquel que perdiese no iba a respetar el fallo. Perdió Chile, sin lugar a dudas, pero el fallo fue completamente respetado. Si se hiciera una gran difusión de esto, comportaría un gran beneficio, pero no se hace porque esa noticia no vende.

El fallo se dio a puertas del cambio de gobierno en Chile. ¿Cómo influyen nuestros sistemas presidencialistas, un tanto caudillistas, en las relaciones que manejamos?

Me causa un poco de tristeza, pero creo que, tanto en Chile como en Perú, los presidentes tienen tantos problemas internos y la gente ya está tan defraudada, que les da un poco lo mismo lo que pase afuera. A Chile le gusta presentar su institucionalidad como la más sólida de la región y de no acatar el fallo, a nivel político, el presidente habría perdido mucho más de lo que podría haber ganado. Además, las relaciones con nuestros países vecinos no son un tema de política interna en Chile, como sí lo he notado en Perú. Acá, si un candidato dice que es prochileno o antichileno, la gente cambia sus votos. En Chile, durante la última elección presidencial, hubo candidatos que se declararon favorables a una salida soberana al mar para Bolivia, y hoy en día uno es ministro de Defensa y el otro lidera las encuestas para ser el próximo presidente.

En Europa se ve a países vecinos que han superado conflictos mucho más fuertes y recientes.

Y lo hicieron a partir de la riqueza económica. El punto de conflicto era la riqueza, la tierra, y la pusieron en común para superar sus problemas. Aquí se podría llegar a algo similar a través de la pobreza: tenemos problemas en la zona limítrofe, hagamos que crezca entre todos. Y ahí sí se podría llegar a una relación tripartita desde los puntos de vista económico, social y cultural. Imaginarios negativos siempre va a haber y sentirse latino es difícil en medio de nacionalismos exacerbados que hay en todos los países latinoamericanos, pero la integración regional puede ser útil para superar problemas que no hemos podido hacer como naciones, entre ellos, la pobreza.

Pareciera que iniciativas económicas, como la Alianza del Pacífico, crean lazos más fuertes que las diplomáticas o institucionales.

El problema es que sufrimos de una concepción de la integración como un proceso únicamente económico, cuando hay otras dimensiones, como la cultural o política. Y volvemos al hecho de cuán comunicados son los éxitos. La Alianza del Pacífico incorpora intercambios y pasantías como la mía, que van más allá de lo económico. No podemos ver al otro solo como un aliado económico, deberíamos asumir que tenemos un problema gigante de imaginarios colectivos o de falsedades que crean falsos paradigmas. Luego habrá que construir paradigmas junto al otro y comprender que estas cuerdas separadas no pueden durar para siempre. Se puede seguir creciendo en conjunto, más allá de lo económico.

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