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Opinión

"Si se trabaja solamente para los ricos, la economía se hunde"

Conversamos con el Dr. Bernardo Kliksberg, reconocido como el “Padre de la gerencia social”, quien vino a nuestro país para dictar la conferencia “Hacia una nueva generación de políticas sociales para América Latina”, organizada por la Maestría en Gerencia Social de la PUCP, de la cual es profesor internacional y fundador.

  • Bernardo Kliksberg
    Padre de la gerencia social. Asesor especial de la Dirección de Políticas para el Desarrollo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
  • Texto:
    Luis Yáñez
  • Fotografía:
    Gisella San Miguel

¿Cuál es el objetivo fundamental de la gerencia social?
La gerencia social tiene tres pilares: el primero es que todos los programas sociales sean gestionados con participación de la gente de manera absoluta, desde el diseño, la implementación, el monitoreo y la evaluación. Los mejores programas sociales que hay en el planeta Tierra son aquellos que han sido cogestionados por la gente que se quiere beneficiar. Ustedes en el Perú tienen una experiencia admirable, que yo divulgo en el mundo, que es la de Villa El Salvador, un sitio autogestionario que es todo un ejemplo.

El segundo principio de la gerencia social es coordinar los esfuerzos de todos los actores, porque se trabaja con la pobreza desde el Estado, a nivel central, a nivel municipal, a nivel provincial, con  las ONG, etc. Se construye una red social donde todos los actores maximicen el impacto porque la pobreza es una sola y hay que atacarla en todos los frentes. Y tercero, la dignidad del pobre: No hay que tratarlos de manera vertical, de arriba abajo, como entregándoles prebendas. Ellos tienen la misma dignidad que los ricos y que todos los seres humanos de esta creación y la única manera de tratarlos es de igual a igual, en una relación totalmente horizontal, respetando su cultura e idiosincrasia. Estas bases las hemos puesto en instrumentos técnicos y las hemos tomado en cuenta para la creación de posgrados en gerencia social alrededor del mundo.

¿Cuál es el concepto de «desarrollo» que se maneja desde la gerencia social? ¿Varía de aquel que prioriza el bienestar económico o la inversión en estas zonas pobres?
No hay que confundir crecimiento con desarrollo. Es importante que una economía crezca en su PBI, en la cantidad de bienes producidos, pero eso es solo parte del desarrollo. El desarrollo verdadero es aquel que se da en un país donde, además de crecer la economía, crece la inclusión social, los derechos se generalizan a todos, crece el acceso a la educación, a la cultura, crece la práctica de las libertades. Por ejemplo, el Perú con el régimen autoritario de Fujimori tuvo unos avances económicos pero tuvo unos retrocesos fenomenales en materia de ejercicio de la libertad. El desarrollo es distinto al crecimiento; el crecimiento es solo una etapa del desarrollo.

En América Latina, la educación actualmente es para unos pocos, no para los pobres. La inversión en educación en el Perú es bajísima, mucho menor de lo que exige la UNESCO. Hay que invertir mucho más en educación para actuar en todas las etapas del proceso. Hay que darles a los chicos pobres becas para que no tengan que trabajar, como lo hace el gigantesco programa Bolsa Familia de Lula en el Brasil; hay que hacer contratos con las familias para apoyarlas económicamente, como lo hace el programa Asignación Universal por Hijo en la Argentina de Cristina Fernández. La sociedad toda tiene que ser socia de la familia para sacarla de la trampa de la pobreza; mientras no se haga eso, las desigualdades aumentarán. Cuantos más chicos se gradúen en la secundaria, estamos combatiendo con mayor fuerza a la desigualdad.

Y hay otro modelo de economía con rostro humano que triunfó totalmente en los países escandinavos, que son los países más avanzados del planeta (Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia), que tienen 0% de pobreza, todo el mundo termina la escuela secundaria y más del 70% la universidad. En los últimos años, este último modelo está caminando fuerte en países como Uruguay (se bajó la pobreza del 39 al 15%), Argentina (se redujo del 60 al 20%) y en Brasil (40 millones de personas dejaron de ser pobres para convertirse en pequeña clase media). Está claro: Si se trabaja solo para unos pocos, para los ricos, la economía se hunde. Si se trabaja para las grandes mayorías, con criterios de equidad y de inclusión, la economía sale para adelante.

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