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Opinión

PUCP en respuesta a la crisis agroalimentaria

  • Silvana Vargas Winstanley
    Directora Académica de Responsabilidad Social y profesora del Departamento de Ciencias Sociales

El hambre no es solamente la imposibilidad de acceder a alimentos que experimenta una persona.  El hambre es, en esencia, un gran inhibidor de derechos y oportunidades.  Una persona con hambre ve afectada su salud, tiene dificultades para aprender y ve menoscabada su dignidad. En el Perú, esta situación se agrava por una paradoja inmoral.

Mientras que, hoy, en el contexto de la crisis, según la FAO, 15.5 millones de peruanos y peruanas podrían padecer niveles moderados o severos de inseguridad alimentaria, en nuestro país, cada año se desperdician más de 12 millones de toneladas de alimentos1. Por si esto fuera poco, de acuerdo a CEPES, el 57% de los alimentos que consumimos en el Perú provienen de la agricultura familiar.

Hacernos cargo en un contexto de crisis múltiple forma parte del compromiso ético de la PUCP y hoy está más vigente que nunca.

En la actualidad, como efecto de la guerra en Ucrania, la oferta de fertilizantes nitrogenados ha disminuido y su valor se ha incrementado considerablemente. Así, según GRADE, hoy enfrentamos un déficit de 300 mil toneladas de fertilizantes que amenaza el ciclo agrícola, lo que reduce drásticamente la probabilidad de garantizar la oferta de alimentos en el país y permite avizorar un panorama desolador. 

No obstante, en medio de la adversidad, disponemos de tres alternativas: resignarnos y mascullar nuestras desdichas, esperar pacientemente que alguna fuerza externa intervenga y todo mejore o desplegar nuestra capacidad de agencia colectiva y hacernos cargo de la situación.  Aunque las dos primeras alternativas podrían parecer tentadoras, la tercera se condice con la apuesta de la PUCP por vincularse permanente y solidariamente con la sociedad, reconociendo la diversidad del país y asumiendo su compromiso con el desarrollo humano sostenible. Ello a través de la generación de conocimiento, la promoción de espacios de diálogo, reflexión e incidencia, y el diseño de intervenciones que traduzcan el conocimiento en acción a favor del bienestar humano.

En esa línea, desde la Dirección Académica de Responsabilidad Social, en estrecha coordinación con diversas unidades de la Universidad, venimos diseñando la Estrategia PUCP en respuesta a la crisis agroalimentaria. Esta apunta a configurar, desde una aproximación de colaboración multiactor, un conjunto de acciones que aporten a la visibilización y abordaje de los efectos de la crisis agroalimentaria. La estrategia está organizada en tres componentes: investigación, incidencia e intervención. 

La Estrategia PUCP apunta a configurar, desde una aproximación de colaboración multiactor, un conjunto de acciones que aporten a la visibilización y abordaje de los efectos de la crisis agroalimentaria.

En cuanto a la investigación, en coordinación con el Vicerrectorado de Investigación, institutos y grupos de investigación, se pondrá a disposición del país el conocimiento generado desde la PUCP en campos relevantes. Respecto a la incidencia, se informará y sensibilizará a la comunidad universitaria contribuyendo, además, a reforzar la priorización del tema en la agenda pública. 

Por último, el componente de intervención se centrará en organizar una plataforma de apoyo voluntario que involucre a la comunidad PUCP en colaboración con actores estratégicos como la Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana, iglesia, sector privado, organizaciones de productores, iniciativas desde sociedad civil, entre otros. Hacernos cargo en un contexto de crisis múltiple forma parte del compromiso ético de la PUCP y hoy está más vigente que nunca.

  1. Bedoya-Perales, N.S. & G.P. Dal’ Magro. Quantification of Food Losses and Waste in Peru: A Mass Flow Analysis along the Food Supply Chain. Sustainability 2021, 13, 2807.

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