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Opinión

Perspectivas sobre la transformación digital en el Perú

  • Foto del docente Alan Ramírez. Joven de aproximadamente 30 años sonríe a la cámara. Lleva una camisa clara, lentes cuyo marco está solo en el lado superior de las lunas y cabello corto con raya al costado. En el fondo se ven varias plantas o jardín.
  • Alan Ramírez G.
    Docente del Departamento de Ingeniería

Como todos los años, este 17 de mayo se celebra, a nivel mundial, el Día de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información. Además, como cada año, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) plantea un tema de relevancia mundial. En ese sentido, no sorprende que, en el contexto actual, este sea el de «Acelerar la transformación digital en tiempos difíciles» (transformación digital es hoy, como se dice, un término de moda).

Con esto en consideración, sobre transformación digital se ha dicho y se dice mucho posiblemente en todas partes. He constatado que todos tenemos cierto alcance conceptual y no compartimos necesariamente un entendimiento común sobre el mismo término. Aquí va la primera premisa: la transformación digital está también en constante transformación y adaptación. Esta situación, que pudiera parecer una debilidad, es tal vez su mayor virtud; siempre la transformación digital puede integrar más aspectos abordando nuevos retos o innovando los ya conocidos.

Dicho esto, algo que también podemos notar es que la transformación digital se aplica tanto a ámbitos generales como a entornos particulares. En el primer caso existe, por ejemplo, una transformación digital de la sociedad peruana (o de cualquier país) y, en el segundo, una transformación digital inherente a cada institución del país (por no referirnos, por ahora, a la de las universidades). Es importante resaltar esta diferencia porque, y aquí va la segunda premisa, no todos los promotores o ejecutores de la transformación digital buscan (ni tienen por qué) los mismos fines. Incluso estos pueden ser contrarios entre sí. 

No todos los promotores o ejecutores de la transformación digital buscan (ni tienen por qué) los mismos fines".

Así mientras que en un entorno corporativo la transformación digital se plantea esencialmente como una estrategia de supervivencia y competitividad (David Rogers dixit), en la esfera pública la creación de valor se enfoca en el ciudadano y en cómo este va a ejercer sus derechos; en otro sentido, la transformación digital empresarial no busca, necesariamente, generar espacios de inclusión (social o laboral) ni promover condiciones para el desarrollo nacional (si bien existen externalidades positivas al respecto, como el ahorro energético o la inclusión financiera). Estas últimas demandas son una tarea principalmente del Estado (tanto en gestión como en políticas públicas), así como de todos los estamentos de la sociedad peruana.

Siendo esto así, llamadas recurrentes como adopción tecnológica, (nuevos) métodos ágiles, cultura digital, cambio de mindset, experiencia de usuario y reformulación de procesos son relevantes tanto en el entorno empresarial como en la esfera pública. Sin embargo, para esta última también es relevante el acceso a servicios (digitales o no), la ética pública, enfoques de derechos y de interculturalidad, la alfabetización digital, el desarrollo sostenible, la inclusión social, entre otros más.

En la esfera pública la creación de valor se enfoca en el ciudadano y en cómo este va a ejercer sus derechos".

En esta línea, cabe también notar algo que no es muy explícito en relación con la naturaleza de la transformación digital (esta es la tercera premisa): la transformación digital puede ser positiva (entendida en cómo es) o puede ser normativa (entendida en cómo debe ser). Distinguir esta dualidad es importante porque permite, en principio, identificar apropiadamente los procesos en los que estamos inmersos y las aspiraciones de desarrollo digital que tenemos como sociedad.

En cuanto a la transformación digital positiva, los mejores ejemplos son justamente los cambios culturales y de adopción tecnológica devenidos de la pandemia de la COVID-19: no hubo una planificación sobre esta y la transformación se vio precisamente “acelerada” más por necesidad que por vocación. Este proceso global padece de grandes defectos como, por ejemplo, la exclusión digital de los no conectados (más de 3,000 millones de personas a nivel global) o las evidentes brechas en el acceso a un Internet significativo y asequible para todos.

La transformación digital normativa ha de plantearse, en última instancia, como una propuesta ética contemporánea en aras del bien común".

Por otra parte, contraria al enfoque positivo, la transformación digital normativa se plantea como una situación futura deseada (eventualmente, realizable) a ser conseguida mediante el uso de las tecnologías de la comunicación y la información. En tal sentido, aplica tanto a una pequeña empresa como al conjunto de la sociedad peruana; un ejemplo de este último caso es la inmersión del Perú en la Industria 4.0. Dicho esto, lo más resaltante de estos imaginarios individuales y colectivos es tal vez, además del uso (intenso) de las tecnologías digitales, el cambio cultural que esta demanda.

En este punto, hemos de tener en cuenta que un cambio cultural implica no solo la adopción de nuevas dinámicas sociales e individuales, sino también la adaptación o el reacomodo de los valores que compartimos como sociedad: open data promueve la transparencia, blockchain se basa en la confianza entre pares y la inteligencia artificial aborda necesariamente diversos dilemas morales. En este sentido, la transformación digital normativa ha de plantearse, en última instancia, como una propuesta ética contemporánea en aras del bien común. La pregunta es si tenemos claridad también sobre ello y qué pensamos hacer al respecto.

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Jorge Solis Tovar

Muy interesante. Aclara bien los conceptis

Flor de María Vásquez

Felicitaciones por el interesante e innovador artículo “PERSPECTIVAS SOBRE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL EN EL PERÚ”, que aborda el tema de la transformación digital con un enfoque global, desde la esfera privada a la esfera pública de la sociedad, planteándose como una estrategia de supervivencia y competitividad, en el primer caso, como lo señala la UIT “La sociedad de la información se ha revelado como una de las principales líneas defensivas contra la COVID-19”, ello es así, considerándola de primera línea como la salud.

En cuanto a la consideración de la naturaleza de la transformación digital que puede ser positiva (entendida en cómo es) o puede ser normativa (entendida en cómo debe ser), la propuesta de considerar la transformación digital normativa una propuesta ética contemporánea en aras del bien común, es un enfoque cuyo principio debería ser considerado en la formulación de políticas eficaces para alentar la inversión, la cooperación y el establecimiento de asociaciones, de la misma manera, el enfoque de derechos del ciudadano ya que todo este proceso producirá un cambio cultural.

Tal como lo señala la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el mundo está viviendo un momento histórico que exige cooperación y alianzas. Los Estados y partes interesadas “deberán continuar realizando esfuerzos para aprovechar el potencial de las TIC y avanzar con el cumplimiento de la Agenda Conectar 2030 de la UIT, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, así como el tema «Conectar a quienes carecen de conexión para lograr el Desarrollo Sostenible» de la Conferencia Mundial de Desarrollo de las Telecomunicaciones de 2021 de la UIT, para que la acelerada transformación digital que estamos presenciando no deje a nadie sin conexión(UIT).

Felicitaciones nuevamente Ing. Alan, por haber meditado este importante proceso con un enfoque holístico.