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Entrevista

"Todas las historias que se me ocurren las veo en el escenario"

Este jueves a las 12 p.m., en el Auditorio de EE.GG.LL., la dramaturga peruana presentará «Dramas de familia», libro que reúne tres de sus más aclamadas obras. Los comentarios estarán a cargo de Alberto Ísola.

  • Mariana de Althaus
    Dramaturga. Egresada de la Especialidad de Literatura.
  • Texto:
    Lourdes Mochizuki
  • Fotografía:
    Felix Ingaruca

Asistía con su abuela a ver obras de teatro en años muy difíciles: el país era golpeado por atentados terroristas y se hacían largas colas para conseguir los alimentos más básicos. A mediados de los ochenta, siendo aún una niña, Mariana de Althaus ya intuía que las tablas serían su lugar en el mundo.

Egresada de la Especialidad de Lingüística y Literatura de la PUCP, la dramaturga ha escrito 16 obras durante sus 15 años de trabajo prolífico e ininterrumpido. Confiesa que los temas que toca nacen de ideas, experiencias y motivaciones que se van acumulando y que necesita plasmar en el papel.

Recientemente publicó el libro Dramas de familia, en el que incluye tres de sus obras: El sistema solar, El lenguaje de las sirenas y Ruido, que tienen como característica principal el ser protagonizadas por familias disfuncionales. Gracias al Fondo Editorial de la PUCP, este jueves, a las 12 p.m., en el Auditorio de EEGGLL, Mariana presentará esta publicación. Los comentarios estarán a cargo de Alberto Ísola.

¿Por qué motivo la familia está tan presente en tu trabajo?

Tengo un gran interés por observar las relaciones interpersonales y los conflictos en las relaciones familiares. Al fin y al cabo, todos los problemas de la sociedad en la que vivimos se ven en las familias, a un nivel micro. Además, creo que la dramaturgia, sobre todo en el Perú, no ha tocado mucho este tipo de temas. Se tiene una tendencia a abordar temas más políticos o de relaciones humanas, pero a un nivel más abstracto y simbólico.

¿Crees que las relaciones humanas han sido claves para que la gente se enganche con tus obras?

Creo que sí, porque se trata de un teatro muy accesible, no es intelectual, abstracto ni difícil de entender. El público siente que le hablan en su mismo idioma y, al mismo tiempo, es probable que se vea reflejado en alguno de los personajes o alguna de las escenas de las historias que se cuentan. Es un teatro que les habla a todos.

Escribes un teatro muy personal. ¿Cuáles son las ventajas y las desventajas?

Lo que hago al escribir es seguir el camino de mis propias reflexiones y tratar de salir de los problemas en los que me envuelvo. Escribir sobre estos temas significa meterme también en mis propios laberintos y, una vez dentro, tratar de entender cuál es la salida. Es en ese camino que el público percibe esa entrega, esa verdad, y la agradece. Una de las desventajas más obvias es el riesgo de que el espectador identifique las historias que pongo en escena con mi propia biografía.

Siempre existe la tentación de buscar señas en la biografía del autor para justificar su obra, pero lo cierto es que es muy difícil que el teatro pueda ser autobiográfico. Por lo general, resulta de una acumulación tanto de historias personales como de todo de lo que uno ha observado del mundo, incluso en películas y literatura.

¿Tu familia siempre te apoyó en tu carrera?

Sí, algo totalmente insólito porque en la época en la que yo empecé, dedicarse al teatro era considerado una especie de locura. Nunca tuve ninguna otra vocación y todas mis inclinaciones no prometían ningún tipo de estabilidad económica ni emocional. Creo que en mi familia se dieron cuenta de que nada iba a detener mi vocación y me apoyaron mucho.

El libro se lo dedicas a tu padre. ¿Cómo es tu relación con él?

Si bien no tenemos una relación diaria, hemos logrado construir un vínculo muy cercano y de muchísimo respeto y cariño. Aparte de haberme apoyado en todo, es para mí un ejemplo, más allá de nuestras diferencias en diversos temas, como la política, y ha sido un impulso tenerlo como padre.

¿Escribir teatro es muy diferente a escribir narrativa?

Sí, bastante diferente. Como todos los que estudian Literatura en la PUCP, también empecé escribiendo poesía y algunos cuentos. Es más, no descarto en algún momento, aunque sea por hobby o por placer, escribir narrativa, pero no es lo mío. Todas las historias que se me ocurren las veo en el escenario.

Una vez que tienes la idea en la cabeza, ¿cómo es tu rutina para escribir?

Antes escribía de noche, en las madrugadas, maltratando mi cuerpo, como suelen hacer los jóvenes. Pero desde que soy mamá no me queda otra que escribir cuando pueda y donde pueda. Ahora llevo una vida mucho más ordenada y escribo solamente en las mañanas, mientras mi hija está en el colegio. Una vez que ella llega, ya no puedo escribir.

¿Cómo fue la experiencia de publicar la recopilación de tres de tus obras más importantes?

La experiencia de este libro, por un lado, fue un premio, y, por el otro, una gran responsabilidad, porque es la primera vez que se publica una obra de teatro en esta editorial. Solo me deja la tarea de seguir escribiendo y tratar de dar más obras que estén a la altura de un libro como este.

El Perfil

Nombre: Mariana de Althaus

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