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Opinión

"Lo que el peruano migrante no quiere es dejar a su familia desamparada"

Teófilo Altamirano, especialista en migración, opina sobre las remesas en el actual contexto de crisis y sobre la forma en que los peruanos enfrentarán esta coyuntura.

  • Rodolfo Cerrón-Palomino
    Profesor principal de Lingüística del Departamento de Humanidades

Profesor Altamirano, ¿más o menos cuántos peruanos están fuera del país?

Estoy haciendo el seguimiento de los peruanos en el exterior y el número que he obtenido coincide con el que proporciona el Instituto Nacional de Estadísticas e Informática (INEI): aproximadamente tres millones de personas. Esta es una cifra aproximada porque esta población se encuentra en permanente movimiento, de manera que no se tiene una cifra estadística precisa. Los tres millones representan a un 11% de la población nacional.

Es importante destacar que en los últimos seis años de este siglo un promedio de 400 mil peruanos salió del país con la intención de no retornar y que en los años 2007 y 2008, la cantidad de emigrantes se ha estabilizado justamente por la crisis internacional. Sucede que los destinos tradicionales de las migraciones han dejado de ser tan atractivos como antes.

¿Cuántas remesas envían estos tres millones de peruanos?

Los datos que da el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestran que el año pasado el Perú recibió alrededor de 2, 800 millones de dólares.

¿Y cuánto se reducirán estas remesas?

Este volumen probablemente sufra un ligero descenso este año, se estima que entre un 11% y 13%. Pero bueno, en un país como el nuestro con masas de migrantes dispersas en distintos países y en el que las remesas representan el 2.8% del PBI, tal vez no suframos tan gravemente por la reducción de estos envíos de dinero. Si nos comparamos con países como los centroamericanos, que son dependientes de la economía norteamericana y que reciben remesas que representan entre el 15 y 30% del PBI nacional, definitivamente no seremos tan afectados.

¿Cómo cree que nos afectará la crisis?

Hay una fuerte correlación entre la crisis, las migraciones y las remesas. En líneas generales, la crisis internacional causará tres impactos. Uno: los peruanos saldrán del país en menor número o se dirigirán hacia países como Chile y Brasil pues el «sueño americano», así como el europeo, se pueden convertir en pesadilla. Dos: los países receptores de inmigrantes establecerán políticas mucho más restrictivas y proteccionistas pues en muchos de ellos se cree que la informalización de la economía y la sobreoferta de mano de obra provocada por la llegada de inmigrantes agravan la crisis  («ahora que casi no nos necesitan, nos botan; cuando necesitaron mano de obra, nos dieron la bienvenida»). Tres: Las remesas se reducirán.

Con todo, yo creo que los peruanos de fuera tratarán de disminuir los efectos de la crisis en cuanto al volumen de remesas que envían y esto porque creo que hay un factor psicológico y cultural: el peruano que está fuera del país pierde el trabajo y rápidamente se mueve a otro, y si no lo encuentra, va siguiendo. Lo que el peruano migrante no quiere es dejar a su familia desamparada. Para evitarlo echará mano de un recurso que tiene antes de regresar de un país extranjero: moverse en mil oficios, asumiendo la inestabilidad laboral. Recordemos que la mayoría de peruanos que va a Estados Unidos o Europa trabaja en construcción, en servicios, agricultura, sectores golpeados por la crisis.

¿Cuál es el perfil de las familias que reciben remesas?

La mayoría de las personas que recibe remesas proviene de los sectores C y D, es decir, es gente de los barrios populares de Lima metropolitana y de las zonas rurales del país. El dinero de las remesas es importante para ellas porque con él dan solución parcial a los problemas que las afligen y activan su economía. Muchos receptores de remesas hacen un pequeño negocio, construyen su casa o contratan a un trabajador con ese dinero. Por supuesto, de esta manera movilizan también a la economía nacional.

Estas familias (el 10% de la población) se habían acostumbrado a recibir un promedio de 180 dólares mensuales y ya no contarán para su presupuesto familiar con ese ingreso fijo. Este desequilibrio probablemente las llevará a destinar los pocos dólares que reciban a la alimentación, que es impostergable. Antes los destinaban, por ejemplo, a establecer un pequeño comercio o a comprarse un artefacto eléctrico.

¿Cuál es el panorama en este contexto?

Los economistas internacionales dicen que esta crisis va a durar uno o dos años, y, mientras dure la crisis, el problema de las remesas va a subsistir. Pero, en realidad, la magnitud de los efectos de la crisis dependerá de cómo se manejen las economías de los países de destino (que puede ser de distintas maneras) y de cuán benévolas sean las nuevas leyes de inmigración que se están dando.

Ahora bien, hay efectos no estrictamente económicos de esta crisis, cambios cualitativos, no tanto cuantitativos, que vale la pena destacar. Además del resentimiento generado por las nuevas leyes, los inmigrantes se acuestan y se levantan pensando y leyendo noticias sobre la crisis, considerando, en muchos casos, que son culpables de ella. Temen perder el empleo y desean retornar, y esto les genera mucha angustia. Esto es algo que afecta sobre todo a la población migrante masculina ya que las mujeres tienen más y mejores posibilidades de inserción laboral, incluso en la crisis, pues siempre hay plazas para empleos domésticos y de cuidado de ancianos. Es un tema en el que aún hay mucho por investigar.

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