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Opinión

Las nuevas tecnologías y los jóvenes de ayer

Escuchamos con frecuencia sobre la fascinación que ejercen las computadoras en los jóvenes de hoy y el tiempo que invierten “navegando” por Internet, “chateando”  con sus amigos y jugando.

  • Blanca López

Hoy descubrimos, que son también muchos los jóvenes de ayer, con 60 años o más, quienes deciden ingresar al mundo de las computadoras. Ellos se sienten tan fascinados como los jóvenes, aunque quizá con más autocontrol y menos dependencia.

Quienes nacieron alrededor de los años 40 o 50 del siglo pasado, han visto pasar casi la mitad de sus vidas para escuchar hablar de las computadoras. Al principio, estas grandes máquinas solo funcionaban en ambientes especialmente acondicionados. Pero a partir de las décadas de 1980 y 1990, la computadora personal invade los hogares y se vuelve un instrumento común de trabajo y diversión. Desde entonces, quienes ya andaban por los cuarenta o más se dieron cuenta del provocador desafío que tenían por delante.

Pero, ¿por qué muchas personas mayores de 60 no entran al fascinante mundo de las computadoras? Muchas veces hemos escuchado frases como: «A mis hijos (o nietos) no les gusta que toque su computadora», «tengo miedo malograrla», «mi hijo me enseñó una vez pero ya no me acuerdo»,  «ah no, eso ya no es para mí».

El temor o intimidación que provocan las enigmáticas’ computadoras es el rasgo común entre ellos. Más aún si la mencionada maquinita es propiedad de un familiar, aunque sea el hijo o nieto. Pocos hijos o nietos tienen la paciencia de enseñar a sus padres o abuelos, ya que muchas veces estos  luego de la primera -y muchas veces única- lección, olvidan los pasos a seguir. Y comentarios como: «¿ya no te enseñé el otro día?» solo provocan que los mayores prefieran guardarse las ganas de aprender «para no molestarlos». Y de paso su autoestima e inquietud por experimentar se ven, una vez más, desplazadas.

Pero en el camino entre esas frases temerosas y la solvencia y seguridad que adquieren, han tenido que hacer el esfuerzo de romper mitos, de arriesgarse a manipularla, poner voluntad, comprender que ellos pueden manejarla como cualquier joven, e incluso de lidiar con el tácito o explícito escepticismo de algunos miembros de su familia. Así, pueden darse cuenta de que no es más que una decisión como muchas que han tenido que tomar en sus vidas.

Hoy en día existen muchos lugares donde los mayores pueden aprender a manejar una computadora. Desde nuestra experiencia, hay condiciones básicas que cumplir: tener el docente adecuado, con la paciencia y pedagogía necesaria; contar con los equipos disponibles para cada persona; reforzar el aprendizaje con prácticas dirigidas; una comunicación abierta y constante con el docente para hacer las consultas necesarias cuando lo necesiten; textos de apoyo y mucha práctica.

Los cambios observados en los jóvenes de ayer cuando entran en confianza con las computadoras y adquieren los conocimientos ya no sorprenden. No solo les fascina Internet y la posibilidad de comunicarse con sus amigos e hijos que muchas veces están fuera del país. Tienen además una demanda insaciable de conocimientos. Word, Power Point, Excel, son ahora materia de sus requerimientos y aplicaciones diarias. Tener su blog, o insertarse en el mundo de las redes sociales a través de Facebook por ejemplo, ya son aspiraciones que rondan en las mentes de los adultos mayores y que se traducen en demandas concretas.

Las posibilidades que se abren para ellos son muchas y trascienden al conocimiento específico de los programas o aplicaciones que van aprendiendo paulatinamente. No sentirse aislados, poder compartir con otros a través de la red, ingresar a la vasta información que ofrece Internet tan difícil de conseguir fuera de casa, escribir con mayor facilidad los cuentos o poemas que tanto tiempo desearon, o simplemente expresar lo que piensan y sienten a quien quiera escucharlos en la red. Son los primeros beneficios que son perfectamente adecuados y hasta recomendados para los mayores a quienes tanto se les relega o aísla en otros ámbitos de su vida y para quienes la soledad es una de sus principales enemigas.

Sabemos que se abre un abanico de posibilidades para ellos en adelante, y estas dependerán únicamente de que sean cada vez mas los adultos mayores que se animen a dar el primer paso y vayan estableciendo sus propias necesidades y requerimientos, para que los desarrolladores terminen descubriendo –quizá- ideas y necesidades que no se hubieran imaginado.’

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