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Opinión

La PUCP y la identidad nacional

  • José de la Puente Brunke
    Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla. Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP

La Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) inició su andadura cuatro años antes de la conmemoración del centenario de la Independencia, y sus aportes al Perú y a su desarrollo han sido cruciales. Nuestra Universidad ha existido durante 104 de los 200 años que tiene la república. Bien valdría preguntarse, haciendo un ejercicio contrafáctico, qué sería del Perú de 2021 si la PUCP no hubiera existido. Uno de esos aportes ha sido el de pensar el Perú y reflexionar sobre su identidad.

En las primeras décadas de vida de la PUCP, e incluso antes de su fundación, las más importantes contribuciones en esa materia las debemos a la pluma de quienes serían dos insignes miembros de nuestra comunidad universitaria: José de la Riva-Agüero y Víctor Andrés Belaunde. Integrantes ambos de la «generación del Novecientos», nacieron en los años en los que el Perú sufría las terribles consecuencias de la guerra con Chile. Como estudiantes universitarios en la primera década del siglo XX, su principal preocupación fue la de pensar la viabilidad del Perú a partir de la idea de su «regeneración». En la línea de la tradición intelectual iniciada por Bartolomé Herrera en la década de 1840, plantearon la identidad del Perú como una sociedad que era fruto de la combinación de los aportes andinos, europeos y africanos, que, con el paso del tiempo, fueron constituyendo una realidad nueva, que era reconocida como distinta, y que fue progresivamente convocando adhesiones y afectos, en lo que Belaunde denominó «síntesis viviente». Recibieron también la influencia de Manuel González Prada, quien precisamente, tras la derrota frente a Chile, puso al descubierto las falencias, las inequidades y las contradicciones del Perú de la época.

Bien valdría preguntarse, haciendo un ejercicio contrafáctico, qué sería del Perú de 2021 si la PUCP no hubiera existido. Uno de esos aportes ha sido el de pensar el Perú y reflexionar sobre su identidad".


Recordemos cómo Riva-Agüero —sin duda el más representativo aristócrata del Perú de su tiempo— se refirió a la nobleza y a la burguesía limeñas del siglo XIX, y denunció su egoísmo y su falta de compromiso con el Perú: la aristocracia de raigambre colonial era «pobre boba […], incapaz de toda idea y de todo esfuerzo»; y en cuanto a la «burguesía criolla», denunció que para sus integrantes el Perú no era nación sino factoría productiva: «¡Cuán endeble y relajado se mostró el sentimiento patriótico en la mayoría de estos burgueses criollos! En el alma de tales negociantes enriquecidos ¡qué incomprensión de las seculares tradiciones peruanas, qué estúpido y suicida desdén por todo lo coterráneo, qué sórdido y fenicio egoísmo»2. ¿No podría haber firmado esas líneas González Prada?

Riva-Agüero y Belaunde fueron muy rotundos en las denuncias de las injusticias sociales, de las contradicciones padecidas por la mayoría de la población peruana y de la irresponsabilidad de la clase dirigente. Además, los novecentistas buscaron reivindicar los valores indígenas de la nacionalidad, y plantearon el «problema indígena» como el primero que debía solucionarse 3. En consonancia con los planteamientos indigenistas, Riva-Agüero escribió que «la suerte del Perú es inseparable de a del indio: se hunde o se redime con él pero no le es dado abandonarlo sin suicidarse»4; y afirmó rotundamente que «el Perú es obra de los incas, tanto o más que de los conquistadores; y así lo inculcan, de manera tácita pero irrefragable, sus tradiciones y sus gentes, sus ruinas y su territorio»5.

Desde la misma PUCP, el más brillante de los historiadores marxistas peruanos, Alberto Flores Galindo, no dudó en afirmar que la célebre tesis doctoral de Riva-Agüero, La Historia en el Perú, significó «la partida de nacimiento de la moderna historiografía peruana»".

A lo largo del siglo XX buena parte de la intelectualidad peruana ignoró a Riva-Agüero y también, en cierto modo, a Belaunde. Los prejuicios ideológicos y políticos impidieron que sus aportes fueran valorados. Sin embargo, y desde la misma PUCP, el más brillante de los historiadores marxistas peruanos, Alberto Flores Galindo, no dudó en afirmar que la célebre tesis doctoral de Riva-Agüero, La Historia en el Perú, significó «la partida de nacimiento de la moderna historiografía peruana». La línea de Riva-Agüero y Belaunde en la interpretación del Perú tuvo su continuación en el Instituto Riva-Agüero (IRA), y en especial en su Seminario de Historia. Entre muchos nombres, no podemos dejar de mencionar a César Pacheco Vélez y a José Antonio del Busto, quienes escribieron diversos textos de interpretación del Perú. Como fundador y director de ese Seminario, José Agustín de la Puente Candamo dirigió preferentemente su atención —junto con muchos de sus estudiantes— al estudio de la Independencia, y al planteamiento de la existencia de una noción de lo peruano como elemento importante en ese proceso. Tal como afirma Oswaldo Holguín —otro miembro del Seminario—, desde tiempo atrás se fue dando «un proceso anónimo de creación colectiva que dio origen al ‘mundo peruano’, distinto del español y del aborigen, y ya en sí mestizo cultural (espiritual)»6; es decir, una sociedad con «conciencia de sí»7. Esa idea de la aparición de modo espontáneo, cotidiano, de una noción de comunidad peruana, previa a la Independencia, fue compartida también por otros nombres ilustres, como Jorge Basadre y Raúl Porras Barrenechea. Basadre colaboró en diversos proyectos del IRA y prologó La Historia en el Perú. Porras fue profesor de nuestra Universidad, redactó el acta de fundación del IRA y prologó la primera edición completa de Paisajes Peruanos, de Riva-Agüero. Muchos otros profesores de la PUCP, con distintos énfasis o matices, han coincidido en la afirmación de la existencia de esa «conciencia de sí». Desde la etnohistoria, Franklin Pease insistió en la necesidad de construir una narrativa que pusiera de relieve la creciente identidad común de los peruanos:

La construcción de una historia del Perú que no ignore los contrastes, las oposiciones, las luchas y las marginaciones, pero que tampoco se agote en ellas; que permita que los peruanos nos sintamos parte constitutiva de la identidad nacional en formación y transformación permanente, en una larga duración8.

2021. Las elecciones y el bicentenario

Este es uno de los 32 artículos de especialistas PUCP que incluye el libro 2021. Las elecciones y el bicentenario. ¿Oportunidades desperdiciadas o aprovechadas?, editado por el Dr. Martín Tanaka, director de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas PUCP, y publicado por el Fondo Editorial de la PUCP.

REVISA AQUÍ un extracto de estos artículos o descarga la publicación completa.

Frente a la tradición intelectual que plantea —con perspectivas y acentos diversos— una visión del «Perú integral», González Prada representa la voz inicial más destacada de otra tradición: la del indigenismo, y de las posteriores visiones que entendieron el Perú como una sociedad esencialmente fracturada, a tal punto de que se negaría su existencia como nación. Ya González Prada afirmó que los indios constituían el verdadero Perú y que «nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira» porque millones de individuos vivían fuera de la ley9. En esa tradición es crucial el aporte de los Siete ensayos, de José Carlos Mariátegui, quien polemizó de modo muy alturado con Víctor Andrés Belaunde. Para Mariátegui, el Perú era «un pueblo en el que conviven, sin fusionarse aún, sin entenderse todavía, indígenas y conquistadores. […] Como el virreinato, la república es el Perú de los colonizadores, más que de los regnícolas»10.

El legado de Mariátegui fue ponderado y difundido también en nuestros claustros, sobre todo a partir de la década de 1970 y desde la entonces nueva Facultad de Ciencias Sociales. El representante más ilustre de esta tradición en la PUCP es el ya mencionado Alberto Flores Galindo. Desde esa línea, se atribuyó a los historiadores despectivamente llamados «tradicionales» —los que defendían la existencia de ese «Perú integral»— la intención de manipular el pasado para ofrecer una suerte de visión edulcorada de la historia y negar las brechas sociales y étnicas existentes11.

Nos toca continuar estudiando al Perú, a partir de esa larga e intensa trayectoria de reflexión sobre nuestra identidad y nuestro futuro que ha caracterizado a la PUCP".

Flores Galindo denunció que se hubiera identificado el desarrollo con la occidentalización del país, y que su resultado hubiera sido «la destrucción del mundo tradicional sin llegar a producir una sociedad desarrollada». Siguiendo el criterio planteado por Mariátegui en la línea de negar la integración entre los mundos andino y occidental, afirmó que la pasión de la «mística milenarista» andina podría combinarse con la capacidad de organización del socialismo moderno para llegar a instaurar una sociedad justa: «en otras palabras, si la pasión se amalgama con el marxismo y su capacidad de razonamiento»12.

Así, pues, al interior de la PUCP se dieron también los intensos debates sobre la identidad nacional que jalonaron el siglo XX peruano. El Perú experimentó —en palabras de Pacheco Vélez— «un hondo conflicto de comprensión de sí mismo, de aceptación, asimilación y armonización de los legados, las raíces, los valores que lo han formado en el tiempo y que le han dado una fisonomía»13.

Hoy ya no se viven las duras polémicas de hace algunas décadas y afortunadamente ya no es materia de controversia la existencia o no del Perú. Es muy grato, por ejemplo, leer a Gonzalo Portocarrero —otro recordado profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, y a la vez miembro del IRA— y verificar su ilusión por que todos quienes conformamos el Perú demostremos «una voluntad de encuentro y de mutuo respeto» y por que «la diversidad no sea motivo de jerarquía»14. Coincidimos con él en «la urgencia por decir nosotros» y en escuchar a la nación que «nos llama a confundirnos como peruanos»15.

Lo dicho no niega, como es natural, que haya diversos matices y acentos en el entendimiento de nuestro país, y que incluso sigan estando vigentes concepciones muy distintas sobre el Perú y sobre todo estilos diferentes de aproximación a su estudio. Nos toca continuar estudiando al Perú, a partir de esa larga e intensa trayectoria de reflexión sobre nuestra identidad y nuestro futuro que ha caracterizado a la PUCP. Particularmente importante es el análisis de la trayectoria del Perú republicano. Parafraseando una nota editorial de la revista limeña Mundial de julio de 1921, deberíamos hacerlo alejados tanto del «optimismo infantil» como del «acerbo pesimismo». No todo es negativo en nuestra historia, y por eso concluyo citando a Jorge Basadre, quien en 1973 —en su brillante libro El azar en la historia y sus límites— afirmó que

Nos enfrentamos resueltamente ahora, como lo hemos hecho siempre, a quienes cubren únicamente con lodo a la Historia republicana. […] Mucha gente buena amó al Perú, pensó en él, se sacrificó por él, murió por él. Deber nuestro ante ella es el respeto. Lo cual no impide constatar errores cometidos quizás de buena fe y hasta culpas que pudo haber y, sin duda, existieron, como hubo también momentos luminosos16.


1 Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla. Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP
2 Riva-Agüero, José de la (1969). Paisajes peruanos. Tomo IX de las Obras Completas, pp. 159-160. Lima: PUCP.
3 Planas, Pedro: (1994). El 900. Balance y recuperación, p. 35 Lima: CITDEC.
4 Riva-Agüero, José de la (1960). Afirmación del Perú. II. Fragmentos de un ideario, p. 15. Lima: Instituto Riva-Agüero, PUCP.
5 Riva-Agüero, 1969, p. 158.
6 Holguín Callo, Oswaldo (2005-2006). El largo camino de la Nación Peruana (siglo XIX). Revista Histórica, XLII, 67.
7 Jorge Basadre refiere la «conciencia de sí» como un factor fundamental en el proceso de independencia de los países americanos frente a España. Basadre, Jorge (1952) «Notas sobre la experiencia histórica peruana». Mercurio Peruano, XXVII(299), 80.
8 Pease G.Y., Franklin (1979.1980). Historia andina: hacia una historia del Perú. Revista Histórica, Tomo XXXII, 205-206.
9 Citado en Basadre, 1952, p. 63.
10 Mariátegui, José Carlos (1995). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, pp. 105-106. Lima: Empresa Editora Amauta.
11 Bonilla, Heraclio & Karen Spalding (1972). La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos. En Bonilla, Heraclio y otros, La Independencia en el Perú (p. 19). Lima: Instituto de Estudios Peruanos. Bonilla, Heraclio (2001). Metáfora y realidad de la Independencia en el Perú, p. 12. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
12 Flores Galindo, Alberto (1987). Buscando un inca: identidad y utopía en los Andes, pp. 364 y 367-368. Lima: Instituto de Apoyo Agrario.
13 Pacheco Vélez, César. «Prólogo» en Riva-Agüero, 1960, p. XIX.
14 Portocarrero, Gonzalo (2015). Imaginando al Perú. Búsquedas desde lo andino en arte y literatura, p.11. Lima: Instituto Riva-Agüero, PUCP.
15 Portocarrero, Gonzalo (2015). La urgencia por decir «nosotros»: los intelectuales y la idea de nación en el Perú republicano, p. 7. Lima: Fondo Editorial PUCP.
16 Basadre, Jorge (1973). El azar en la historia y sus límites, p. 248. Lima: Ediciones P.L.V.

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Fernando Luis Lévano Castilloillo

Texto interesante y aleccionador.

Fernando Luis Lévano Castilloillo

Bien doctor, muy ilustrativo.