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Opinión

"La PUCP es una institución emblemática de la Iglesia en el país"

  • Cardenal Pedro Barreto, S.J.
    Arzobispo de Huancayo y Gran Canciller de la PUCP

*Discurso en la ceremonia de apertura del año académico 2022, realizada el 24 de marzo de este año.

En mi primera intervención como Gran Canciller, deseo compartir con ustedes una convicción personal y que, estoy seguro, es también la de los miembros de la Conferencia Episcopal Peruana: la Pontificia Universidad Católica del Perú es una institución emblemática de la Iglesia en el país por su centenaria historia de fecunda vida académica, con valores éticos, al servicio de la sociedad peruana.

Un signo de esperanza es que en medio de la crisis se han dado innumerables gestos de solidaridad y de heroísmo como expresión de la bondad que tenemos en el corazón. Asimismo, este tiempo de oscuridad ha evidenciado otras pandemias sociales que afectan a las personas con el veneno de la enemistad, el enfrentamiento social y los graves signos de corrupción.  

Somos una Iglesia que respeta la autonomía y los métodos de investigación académicos. Porque la ciencia y la fe tienen que ir de la mano"

La Iglesia, y la PUCP dentro de ella, no ha estado exenta de estas dos tendencias contrarias que están en permanente lucha. Sin embargo, hemos puesto en práctica el mandato del apóstol Pablo: “No se dejen vencer por el mal, más bien derroten al mal haciendo el bien” (Rom. 12,21)

Así, fortalecidos y animados a seguir caminando juntos, llegamos a celebrar hoy el 105 aniversario de la fundación de la PUCP para continuar el camino de la Iglesia con el papa Francisco. Miremos a Jesús, el Hijo de Dios, servidor humilde y fiel a la voluntad de su Padre. Anunciemos con alegría la buena noticia de su presencia en el mundo. Él es el resucitado que se hace historia de esperanza activa y solidaria en nuestras vidas para animar y servir a los pobres y excluidos de una vida digna y fraterna.

La PUCP es el espejo de la sociedad peruana

Nuestra sociedad, con sus luces y sombras, ha desarrollado un innegable e importante avance en la ciencia y la tecnología. Sin embargo, constatamos que, al colocar la acumulación de la riqueza por encima de la dignidad de la persona humana, no hemos podido superar la pobreza y la marginación social.

Ante esta dura realidad somos llamados a impulsar un proceso de acompañamiento de la juventud para la rehabilitación de la política, la economía y de toda actividad humana poniéndolas al servicio del bien común.

La PUCP es el espejo de la Iglesia

El Concilio Vaticano II afirma que Dios quiso “santificar y salvar a las personas no individualmente y aisladas entre sí, sino constituir con ellos un pueblo que le conociera en la verdad y le sirviera santamente” (LG 9). Señala, además, que la Iglesia, Pueblo de Dios, “va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que Él venga (cf. 1 Co 11, 26; LG 8).

Con este fundamento eclesiológico, puedo afirmar que la PUCP, como comunidad universitaria y cada uno de sus miembros, por el sacramento del Bautismo, ¡es la Iglesia! ¡Somos la Iglesia!

Iluminados por el Evangelio y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia – la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad, el destino universal de los bienes y la opción por los pobres- sentimos la urgencia de poner todo de nuestra parte para acortar las distancias que nos separan entre nosotros y en la sociedad.

Recordemos que el proceso de renovación pastoral de la Iglesia universal se inicia con el Concilio Vaticano II (1962-1965). La puesta en práctica de sus orientaciones en América Latina se realizó por medio del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) mediante las Asambleas Episcopales de América Latina y El Caribe: Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992), Aparecida (2007), y recientemente la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe (2021)

La Iglesia, y la PUCP (…) hemos puesto en práctica el mandato del apóstol Pablo: “No se dejen vencer por el mal, más bien derroten al mal haciendo el bien”

Un hecho inédito sucedió el el 13 de marzo del 2013 con la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como el primer papa latinoamericano en la historia de la Iglesia y el primero en elegir el nombre de Francisco.

Hoy, después de nueve años de su servicio como obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal, acogemos los dos grandes desafíos de la humanidad planteados en sus Cartas Encíclicas: Laudato Si’, sobre el cuidado de nuestra casa común (junio 2015), y Fratelli Tutti (octubre 2020), sobre la fraternidad humana y la amistad social.

Al interior de la comunidad eclesial vivimos un tiempo de conversión y renovación. La Iglesia es santa por Jesús, su fundador, y pecadora por sus miembros. Reconocemos, con vergüenza y dolor, los graves delitos cometidos en el campo moral y financiero. Son escándalos que han afectado a personas y deteriorado la imagen de la Iglesia.

En las tres últimas décadas, nuestra Universidad experimentó una serie de hechos que la llevaron a vivir una grave crisis de identidad hasta llegar al punto en que la Santa Sede, mediante el Decreto de la Secretaría de Estado, del 11 de julio del 2012, decidió retirar inexplicablemente los títulos de Pontificia y Católica.

Cada uno de nosotros, las familias y las instituciones del Perú, vivimos hoy con dolor y angustia acontecimientos que ponen a prueba el sentido de la vida. La crisis nos desconcierta y repliega. La fe, en cambio, nos centra en Jesús, nos abre posibilidades de salida y nos impulsa a trabajar juntos para convertir la actual situación en una oportunidad para ser y salir mejores.

A partir de este momento adverso, el Equipo Rectoral y la Comisión Episcopal desarrollaron un diálogo transparente y respetuoso para buscar una solución consensuada. De esta manera, se fue abriendo paso el deseado restablecimiento de las buenas y fraternales relaciones con la jerarquía de la Iglesia en el Perú y con la Santa Sede. Tres hechos facilitaron el diálogo y la solución al problema suscitado.

El primero fue la visita del cardenal Guiseppe Versaldi, prefecto de la Congregación de la Educación Católica, al campus de la PUCP, el 22 de septiembre del 2016. Esto se realizó para presentar a la Asamblea Universitaria la visión de la Santa Sede sobre la propuesta de reforma de los Estatutos de la PUCP.

El segundo sucedió el 14 de octubre del 2016, cuando la Asamblea Universitaria, con cerca de cien miembros, aprobó por amplia mayoría la propuesta de la reforma de los Estatutos. Según se consigna en el Boletín de la PUCP, hice la siguiente declaración al finalizar la reunión:

“Esta Asamblea Universitaria ha sido para mí un ejemplo de transparencia, de escucha con mucha libertad y respeto. Agradezco al equipo rectoral que preside el doctor Marcial Rubio Correa, la Dra. Pepi Patrón y el Dr. Efraín González de Olarte, por el diálogo muy cercano con la Santa Sede y a todos los que participaron en la Asamblea Universitaria. Con la aprobación, casi unánime, de la propuesta de reforma de los Estatutos, regresamos al único camino: al camino de la Iglesia, una Iglesia servidora de la humanidad, abierta a otros credos, comprometida con los más pobres. Una Iglesia que respeta la autonomía y los métodos de investigación académicos porque la ciencia y la fe tienen que ir de la mano”.

La PUCP, como comunidad universitaria y cada uno de sus miembros, por el sacramento del Bautismo, ¡es la Iglesia! ¡Somos la Iglesia!"

El tercero ocurrió el 3 de noviembre del 2016, cuando el cardenal secretario de Estado, su eminencia Pietro Parolín, hizo llegar el decreto donde se restituyen en justicia los títulos de Pontificia y Católica. Así mismo se nombra Gran Canciller, por un periodo de cinco años, al cardenal Guiseppe Versaldi, a quien agradecemos su cercanía y apoyo en este especial servicio a la Iglesia en el Perú. 

La PUCP, con este ejercicio sinodal de escucharnos, de dialogar juntos y de acoger, en unión con el papa Francisco, responde al doble desafío pastoral que se nos presenta hoy: aportar a la renovación de la Iglesia, pueblo de Dios, y estar al servicio de la transformación de la sociedad peruana.

La PUCP es la expresión de una Iglesia en salida

Nosotros, los obispos del Perú, estamos al servicio de la Iglesia y de la PUCP para anunciar el Evangelio. Pero ¿qué significa anunciar el Evangelio? San Francisco de Asís nos responde: “El Señor nos ha enviado a evangelizar. Es preciso ir hacia todos. La sociedad humana es un inmenso campo de lucha por la riqueza y el poder, y demasiados sufrimientos y atrocidades les ocultan el rostro de Dios. Debemos ser, en medio de ellos, testigos pacíficos del Todopoderoso, hombres sin avaricias y sin desprecios, capaces de hacerse realmente sus amigos”. (Sabiduría de un pobre de Eloi Leclerq, página 164; Ediciones Marova)

En esta misma perspectiva, el papa Francisco nos invita a salir a las periferias físicas y existenciales de la humanidad y de nuestra sociedad peruana. Como Jesús que “al contemplar aquella multitud de personas, sintió compasión porque estaban decaídas y desanimadas como ovejas sin pastor” (Mt. 9, 36).

Como familia de la PUCP, nosotros hacemos nuestra la compasión de Jesús y nos ponemos al servicio de la sociedad peruana con decisión y humildad. No podemos aceptar ni el individualismo, ni la arrogancia, ni el pesimismo, ni la división entre nosotros. Estas actitudes son diametralmente opuestas a las de Jesús que “no vino (al mundo) para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate de muchos”. (Mc. 10, 45)

Para concluir, es necesario precisar que la misión de la PUCP y de las universidades católicas – según el papa Francisco – puede resumirse en cuatro elementos:

  1. Ser un espacio de discernimiento espiritual a partir de una lectura objetiva de la realidad, iluminada por el Evangelio al servicio de la humanidad.
  2. Promover una “cultura del encuentro y la cercanía” mediante el diálogo. La PUCP debe ser la casa de todos, donde sus miembros sean acogidos y se rechace cualquier signo de marginación, enfrentamiento y de polarización destructiva e inhumana.
  3. Impulsar la “cultura de la solidaridad” como elemento fundamental de una sociedad abierta y plural, en oposición al individualismo cerrado e inexpugnable que promueve la actual sociedad consumista.
  4. Promover con otras universidades y actores sociales la transformación de la sociedad mediante el servicio al bien común. Porque Jesús, el Resucitado, nos hace despertar del letargo de la indiferencia y nos resucita: “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable” (EG, 276).

Como Pontificia Universidad Católica del Perú, seamos la luz que brilla en las tinieblas".

Concluyo con unos versos del poeta y actor cubano Alexis Valdés, que escribió “Esperanza” (2020) en plena pandemia de la COVID-19 y que han sido asumidos por el papa Francisco al final de su libro Soñemos juntos:

Cuando la tormenta pase /y se amansen los caminos /y seamos sobrevivientes /de un naufragio colectivo. /Con el corazón lloroso /y el destino bendecido /nos sentiremos dichosos /tan solo por estar vivos. /Ya no tendremos envidia /pues todos habrán sufrido. /Ya no tendremos desidia. /Seremos más compasivos. /Valdrá más lo que es de todos /que lo jamás conseguido. /Seremos más generosos /Y mucho más comprometidos. /Cuando la tormenta pase /te pido Dios, apenado, /que nos devuelvas mejores, /como nos habías soñado.

Por eso, renovemos nuestra confianza y firme esperanza. Caminemos juntos, como familia de la PUCP, porque Jesús, el Resucitado, es quien nos dice: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Apoc. 21,5).

Con María, Madre de Jesús y Madre nuestra, avancemos confiados hacia el cumplimiento de esta promesa, y le decimos: danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos la alegría del Evangelio (Cfr. EG final Cap. V) y que, como Pontificia Universidad Católica del Perú, seamos la luz que brilla en las tinieblas.

Con estos deseos y compromisos, declaro inaugurado el año académico 2022.

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