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Opinión

"La poesía es una necesidad que viene del fondo del ser"

El Premio Southern Peru a la Creatividad Humana, otorgado por la Católica y Southern Copper-Peru, ha sido concedido al poeta Carlos Germán Belli, prolífico autor asociado con la Generación del 50. La ceremonia de premiación, en la que se le entregará la Medalla José de la Riva-Agüero y Osma por sus aportes al campo de la cultura, se llevará a cabo este 17 de noviembre.

  • Carlos Germán Belli

Este premio se suma a otros ya recibidos en diversos países. ¿Cuál es la diferencia al recibir el Premio Southern Perú?

Es un premio peruano que tiene mucha resonancia en el país y que ha sido ganado por grandes personalidades tanto en el campo de las humanidades como de las ciencias. Por ello, me siento muy honrado.

¿Qué le merece pasar a formar parte de este grupo?

Bueno, yo creo que no lo merezco (risas). Son personalidades peruanas emblemáticas. Me siento muy honrado de estar al lado de estas lumbreras.

Este premio lo liga de una nueva manera a la Católica. Tengo entendido que usted fue alumno de esta casa de estudios durante dos años.

Sí, entré a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos pero no aprobé ningún curso porque era un alumno muy irregular, hacía vida literaria con mis colegas jóvenes de entonces. Al año siguiente pasé a la Católica, donde sí aprobé Estudios Generales. Suspendí eso porque trabajaba en el Senado y no podía ser un alumno formal. Ya una vez casado, reingresé a San Marcos, ahí culminé mis estudios. Me doctoré en Literatura con una tesis sobre Cinco metros de poemas, de Oquendo de Amat, un libro vanguardista, pequeño pero que me sigue entusiasmando. Creo que esta tesis va a salir a la luz, finalmente, el próximo año.

De esos dos años en la Católica, ¿recuerda cómo era la dinámica de la vida estudiantil?

Sí, recuerdo a los amigos en primer término, a Luis Alberto Ratto, hoy profesor e investigador literario, miembro de la Academia Peruana de la Lengua. También recuerdo mucho a César Pacheco Vélez, historiador. Sacábamos con ellos dos revistas, Ágora y Gleba, con mucho decoro, muy bien impresas, que publicaban nuestros aportes literarios. Lo que recuerdo a lo lejos es que el ambiente de la Católica en la antigua Facultad de Letras en la Plaza Francia era propicio para llevar una vida universitaria más ordenada y, a la vez, teníamos esa vida literaria con mis amigos en un entorno humanista.

Usted pertenece a la llamada Generación del 50. ¿Qué podría decirles a los poetas jóvenes del siglo XXI?
Trabajar siempre. Yo les diría a los jóvenes poetas que escriban lo máximo posible, que consulten el diccionario para utilizar bien el idioma que nos ha tocado trabajar, y leer, pero no best sellers sino poesía, los grandes autores del pasado y el presente.


En cuanto a sus temas, usted incluye no solamente el amor de pareja y familiar, sino también las vicisitudes de la vida urbana. Varias décadas después de la publicación de ¡Oh hada cibernética!, ¿ha cambiado su reacción ante las nuevas tecnologías?

Siempre he hablado con gran admiración y con gran entusiasmo de la tecnología. Pese a mi edad, he tratado de entrar en esta corriente de la modernidad en el aspecto tecnológico. Creo en una vida planetaria que se ha cuajado en las últimas décadas, en la cual cada colectividad contribuye con su propia idiosincrasia al nuevo estado de cosas. Doy gracias a Dios por haber alcanzado Internet y esta vida cibernética con todas sus ventajas. Olvidemos los e-mails, la correspondencia electrónica; veamos el uso de la tecnología en el campo de la medicina. La tecnología ha revolucionado todas las actividades humanas.


También la literatura.

Así es, están presentes la poesía y los poetas que hasta hace dos o tres décadas vivían en las catacumbas; hoy se hacen visibles.

¿Qué trasfondo tiene el que el Premio Southern Peru sea otorgado nuevamente a un poeta?

Yo creo que la poesía estará siempre presente entre los seres humanos; es una necesidad que viene del fondo del ser de uno. Sin embargo, es curioso que, para gran parte de las personas, la poesía no tenga importancia; pero siempre está ahí, y este premio significa un reconocimiento tácito. También me alegra que esto contribuya a difundir mi obra entre las generaciones más jóvenes, y en general que haya preocupación por la poesía, no la mía sino la de todos los autores, y que surjan nuevas promociones de escritores.


¿Hay alguien a quien quisiera dedicarle este premio?

Yo pienso en mis muertos entrañables: en mis padres, mi hermano Alfonso y mi hija Mariella. Lo dedico a su memoria.

Entrevista: Natalia Ames

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