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Opinión

La necesidad de financiar todo tipo de ciencia en el Perú

  • Joel Jones Pérez
    Doctor en Física y docente de Física del Departamento Académico de Ciencias.

Una de las grandes carencias del Perú, que ha sido evidenciada por la pandemia, es la del casi nulo financiamiento a la ciencia e investigación. En efecto, según datos del Banco Mundial, somos uno de los países de la región que menos invierte en esto, comparable a Bolivia, Paraguay y Venezuela.

El tema del financiamiento es particularmente relevante hoy en día, mientras se debate la conveniencia de tener un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Si bien es alentador que la necesidad de incrementar el financiamiento esté en la agenda, preocupa cuando se empieza a afirmar que el dinero debe dirigirse a “investigación que sirva para cubrir las necesidades del país”. Esta frase, por supuesto, es sumamente razonable, pero luego de un breve análisis surge una serie de interrogantes.

Para empezar, ¿cuáles son estas necesidades? ¿Y cómo saber qué será necesario en el futuro? Además, ¿quién determina si una investigación cubre las necesidades del país? ¿Cómo evitar que el financiamiento sea otorgado dejando de lado criterios de calidad científica? Y, finalmente, ¿cómo evitar que aquellos que establecen las prioridades tengan un sesgo?

Si bien es alentador que la necesidad de incrementar el financiamiento esté en la agenda, preocupa cuando se empieza a afirmar que el dinero debe dirigirse a “investigación que sirva para cubrir las necesidades del país”.

La cuestión del sesgo es particularmente preocupante en un país como el nuestro, donde existe poca comprensión sobre cómo funciona la ciencia y su impacto en el desarrollo. Existe una visión miope de creer que solo basta en invertir en ciencia aplicada para ser potencia tecnológica. Esta visión es devastadora para aquellos que trabajamos en ciencia básica, cuyo objetivo principal es incrementar nuestro conocimiento. Ingenuamente, la ciencia básica parecería no “cubrir las necesidades del país,” pero la verdad es otra.

Pongamos como ejemplo el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), una impresionante infraestructura de investigación organizada por el CERN, en Europa. Los objetivos que motivaron su construcción fueron puramente científicos, pero un análisis de costo-beneficio1 revela que los beneficios superan ampliamente a los costos. Estos beneficios pueden ser categorizados en conocimiento generado (2%), desarrollo de software y tecnología (33%), formación de personal altamente capacitado (33%), efectos culturales (13%) y valor intrínseco (19%). Con esto me atrevo a generalizar y afirmar que toda ciencia básica tiene valor más allá del conocimiento, y que su financiamiento impacta favorablemente en la sociedad.

Por cierto, el Perú participa en las actividades del LHC, por lo cual recibe algunos de estos beneficios. No obstante, es de esperar que sean menores a aquellos recibidos por otros países de la región, debido a los pocos usuarios del LHC en nuestro país. En el 2020, Perú tenía 3, frente a los 16 de Argentina, 21 de Colombia, 22 de Chile, 53 de México y 114 de Brasil.

Necesitamos financiamiento sostenido para investigación. Por ejemplo, para proveer becas de forma ininterrumpida a estudiantes de posgrado, quienes hacen la mayor parte del trabajo.

Asimismo, Perú participa en otros proyectos para futuras infraestructuras de investigación en física de partículas. Existen propuestas para hacer experimentos de oscilación con neutrinos (DUNE), observar fotones cósmicos (SWGO) y neutrinos tau del espacio exterior (Tambo). Los dos últimos podrían incluso instalarse en nuestro país, lo que implica oportunidades para que nuestras propias empresas se involucren y se beneficien con el desarrollo tecnológico.

Queda claro entonces que se necesita financiar todo tipo de ciencia y no solo lo que nos parezca que “cubra las necesidades del país” en un momento dado. Cierto, pueden existir proyectos prioritarios dada alguna circunstancia especial, como lo fue con la COVID-19, pero sería un error descuidar permanentemente el resto de campos.

¿Y qué tipo de políticas podría seguir un Ministerio de Ciencia o aquello que decidamos tener? En mi opinión, necesitamos financiamiento sostenido para investigación. Por ejemplo, para proveer becas de forma ininterrumpida a estudiantes de posgrado, quienes hacen la mayor parte del trabajo. Los investigadores principales necesitan descarga lectiva para poder guiar eficientemente a los primeros. Necesitamos contratar investigadores posdoctorales. Necesitamos subvencionar infraestructura, insumos, y pasantías, así como simplificar la burocracia asociada. Finalmente, se requiere una mejor conexión entre universidad y empresa. Todo esto, sin lugar a dudas, con una visión de largo plazo, decidido a partir de la meritocracia y nada más.

1. Florio, M & Forte, S & Sirtori, E (2016). Forecasting the Socio-Economic Impact of the Large Hadron Collider: a Cost-Benefit Analysis to 2025 and Beyond. Technological Forecasting and Social Change, Volume 112, pp. 38-53.

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