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“La etnografía consiste en crear vínculos y relaciones”

Durante mucho tiempo, el Dr. Kernaghan ha estudiado a las poblaciones del Alto Huallaga en la selva central de nuestro país. A través de sus etnografías, muestra las secuelas cotidianas de la población de haber pasado por situaciones de guerra, violencia extrema y negocios ilícitos de droga. Conversamos con él para que nos cuente un poco más sobre su trabajo en el territorio peruano y cómo ha ido cambiando el proceso de hacer etnografía.

  • Richard Kernaghan
    Profesor asociado de la Universidad de Florida
  • Texto:
    Yuriko Aquino
  • Fotografía:
    Juan Pablo Azabache

¿Cómo nace su interés por el Perú?

Hace muchos años me interesa el estudio de la política y cuando vine al Perú por primera vez, en 1988, fue durante el primer gobierno de Alan García. Ya había comenzado a inflarse los precios, se notaba muy activos los movimientos obreros, hubo  paros de transportistas, y Sendero Luminoso y el MRTA tenían una presencia fuerte. Cuando iba a los quioscos y veía los periódicos, había una especie de mosaico político. Cuando volví en 1995 y regresé a los quioscos, me di con la sorpresa que hubo una reducción tremenda en las tendencias ideológicas de lo que se vendía como noticia. El gobierno de Fujimori hizo muchos cambios. En ese momento, quería estudiar cuál era esa transformación. Tuve la oportunidad de ir al Alto Huallaga y se sentía que todo el día la guerra estaba presente. Había algo en el ambiente que me hizo pensar que ese era un sitio para trabajar.

¿Cómo describiría la zona del Alto Huallaga?

El Alto Huallaga ha estado muy afectado por el conflicto armado interno y negocios ilícitos del cultivo de coca. Entre 1995 y 2000 – época que yo llamo posapogeo-, el precio de la coca cayó y realmente estaba entrando otra economía, había mucha transformación. Todavía estaba presente, aunque en menor medida, la amenaza de una violencia “abierta”.

¿Visita constantemente el Alto Huallaga para darle seguimiento al tema?

No todos los años, pero sí le doy seguimiento. Por ejemplo, en este último tiempo, he estado haciendo un trabajo –un proyecto de libro patrocinado por el American Council of Learned Societies (ACLS)– sobre las transformaciones territoriales vistas desde el transporte rural, me baso un poco en mis propios recuerdos de dónde se podía ir y dónde no. A fines de los años 90, una persona de afuera no podía visitar la zona rural así nomás. Si llegaba alguien de afuera, causaba problemas entre las personas del mismo lugar. La gente se pregunta por qué les das un vaso de agua, comida, por qué los dejas entrar a tu chacra… Pero eso ha cambiado, se han construido muchos caminos rurales. Ahora, hay mapas, es fácil movilizarse y no se siente como algo prohibido.

Menciona que a veces hay problemas con gente que viene de afuera a visitarlos, ¿cómo hizo para que no  pasara eso?

La etnografía consiste en crear vínculos y relaciones. Yo conocí al pueblo por un nexo entre grupos de derechos humanos y una congregación de la Iglesia católica. La primera vez conocí a algunas personas del lugar con las que entablé una amistad. En una segunda oportunidad, ya me quedé con ellas. Poco a poco fui ganándome su confianza… pero era un trabajo muy lento. Con la etnografía no hay un método único, es el mismo sitio el que te enseña lo que tienes que hacer. En mi caso -y yo aprendí a ser etnógrafo en esa zona-, la meta era simplemente poder estar, a veces, sin preguntar nada. En el momento transitorio entre guerra y posguerra, observaba y convivía, visitaba a las personas, pero siempre dejaba a ellos llevar las charlas. Después de dos o tres meses tal vez, recién trataba de orientar la conversación hacia ciertos temas aún delicados para hablar.

¿Es relativo el tiempo en el que usted llega a tener confianza con las personas?

Yo creo que las relaciones siempre requieren inversión. No solo es el tiempo de hacer el contacto inicial, también se necesita mantenimiento y eso está afectado por la vida personal de cada uno. En el trabajo de campo, uno siempre siente que no ha terminado, que falta algo más, uno no logra recopilar o preguntar lo que quería, recibir alguna respuesta o inquietud. No me gusta cuando se pierde contacto, porque uno conoce gente tan valiosa y a veces, sin querer, se maltratan las relaciones por la misma distancia.

¿No hay una fórmula exacta para hacer etnografía?

Hay ciertas pautas. La etnografía en antropología no solo es la experiencia, pasar tiempo en el lugar y con las personas, sino cómo se va a pasar esta experiencia en una producción, en una representación, en mi caso, en un texto escrito. Es un arte y lograrlo no está garantizado de antemano.

¿La tecnología ha cambiado la manera en como se hace etnografía hoy en día?

Sí, de todas maneras. Es muy diferente trabajar con la cámara digital porque uno puede acumular muchas fotos. Además, dentro del mismo aparato, hay información de las fotografías, como fecha y hora. Yo reviso eso, lo comparo con mis notas, y hay un control sobre el espacio y el tiempo de una manera que no había antes. También está toda la digitalización de grabaciones y el mismo teléfono. Todo se comprime y, por un lado, eso se vuelve muy útil, pero también traen sus propias complicaciones.

El Dr. Kernaghan visitó nuestro campus para dar una charla magistral en el seminario «Experiencia y experimentación antropológica: metodologías cualitativas y audiovisuales para hacer etnografía hoy”. Conoce más del trabajo y de las publicaciones del Dr. Kernaghan en su página de la Universidad de Florida

Etiquetas:
etnografía
Kernaghan

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