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Entrevista

"Resulta necesario encontrar respuestas de la comunidad internacional a situaciones como la pandemia, porque es previsible que vuelvan a producirse en un futuro"

Juan José Ruda Santolaria, profesor principal de nuestro Departamento de Derecho, ha sido reelegido como miembro de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU. Este, su segundo periodo luego de haber sido elegido en el 2016 por cinco años -lapso que se prorrogó en un año más a causa de la pandemia-, comenzará el primero de enero del 2023. Es el tercer peruano en la historia en ser designado en esta posición clave para el desarrollo progresivo y codificación del derecho internacional.

  • Dr. Juan José Ruda
    Docente PUCP y miembro de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU
  • Entrevista:
    Rosario Yori

El último 12 de noviembre, fuiste reelegido como miembro de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas. ¿Cómo recibes esta designación?

Ha sido un gran honor que, habiendo sido presentado nuevamente por el Perú, la Asamblea General de las Naciones Unidas me reeligiera para un segundo periodo. La Comisión de Derecho Internacional es un cuerpo que se elige cada cinco años y constituye un órgano subsidiario permanente de la Asamblea General de la propia organización, que tiene como misión trabajar en todos los aspectos relacionados con el desarrollo progresivo y la codificación del derecho internacional. Es una elección muy reñida, porque votan los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas y solo se elige a 34 miembros para la Comisión, distribuidos en función de las áreas regionales del mundo y las principales tradiciones jurídicas. En ese sentido me siento, reitero, muy honrado.

¿Cuál es la participación que ha tenido el Perú en este órgano?

La Comisión de Derecho Internacional se constituyó con una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1947 y comenzó a funcionar al año siguiente. En estos más de 70 años, solo tres peruanos hemos sido elegidos como miembros: en primer lugar, el embajador Juan José Calle; luego, el embajador Luis Solari; y muchos años después, yo. No se da que un Estado pueda tener simultáneamente más de un miembro en la Comisión. Cada cinco años se elige a 34 miembros, de los cuales solo 6 corresponden a la región de América Latina y el Caribe. Sin embargo, un detalle importante a recalcar es que, una vez producida la elección, cada miembro actúa al interior de la Comisión a título personal, sin recibir instrucciones del Estado del que es nacional o para el cual pueda también ejercer funciones.

Esta elección tiene una gran trascendencia porque la Comisión de Derecho Internacional es el cuerpo jurídico de derecho internacional público más importante en el mundo".

¿Qué significa para el Perú poder participar en un espacio como este?

Esta elección tiene una gran trascendencia porque la Comisión de Derecho Internacional es el cuerpo jurídico de derecho internacional público más importante en el mundo. Sin desmerecer otros espacios jurídicos relevantes, la Comisión tiene como cometido trabajar en los aspectos vinculados al desarrollo progresivo y la codificación del derecho internacional, aportando el producto de su labor a las Naciones Unidas y particularmente a la Asamblea General. Así, entre otras funciones, realiza estudios que pueden dar lugar, por ejemplo, a proyectos de artículos para futuros tratados, así como a proyectos de conclusiones, directrices o guías que orienten la labor de los Estados y organizaciones internacionales en diferentes materias. Algunas de las más importantes convenciones adoptadas en el marco de las Naciones Unidas tienen precisamente como antecedente trabajos de la Comisión de Derecho Internacional.

¿Qué temas relevantes para el país se han planteado en la Comisión?

La Comisión realiza valiosas aportaciones por iniciativa del Perú. Desde mi primera campaña en el 2016, se planteó que se incorporara en el programa corriente de la Comisión el tema de la elevación del nivel del mar en relación con el derecho internacional. A raíz del cambio climático, se está produciendo una elevación del nivel del mar con gravísimas consecuencias en Estados costeros como el Perú, pero también de manera mucho más dramática para pequeños Estados insulares en desarrollo, cuya superficie terrestre puede quedar totalmente cubierta por el mar. Junto con los integrantes de la Comisión procedentes de Turquía, de Portugal, de Rumania y de Costa de Marfil, hicimos causa común para plantear a la Comisión de Derecho Internacional que este tema se incluya en su programa e hicimos toda una sustentación de por qué era relevante abordarlo. La Comisión lo incorporó, primero, en su programa de largo plazo y, al año siguiente, como un asunto práctico sumamente relevante que pasó a formar parte de su programa corriente. Se constituyó un grupo de estudio para ver directamente el tema, del cual soy uno de los copresidentes. 

Buscamos encontrar mecanismos desde el derecho internacional que posibiliten una articulación y una cooperación mucho más eficientes en el seno de la comunidad internacional".

¿Qué evalúa el derecho internacional en torno a la pérdida de territorios a causa de la elevación del nivel del mar como efecto del cambio climático? 

En la Comisión de Derecho Internacional, se verá en 2022 un documento de trabajo que estamos preparando la profesora Patricia Galvao Teles, otra de las copresidentas del grupo de estudio, y yo a propósito de dos aspectos muy importantes relacionados con esa temática: uno, la protección de las personas afectadas por este fenómeno; dos, el mantenimiento de la condición de Estado en los casos de Estados cuyos territorios terrestres puedan quedar totalmente cubiertos por el mar o resultar inhabitables. Tradicionalmente se ha planteado que los Estados requieren, de manera consustancial a su existencia, contar con un territorio y, a su vez, que ese territorio pueda albergar a su población. Entonces, ¿qué pasa si, en un momento dado, tu territorio terrestre se ve cubierto por el mar y tu población no está en capacidad de poder habitar esos espacios? ¿Cómo queda esa condición de Estado y sus derechos en relación con los espacios marítimos que conforme al derecho internacional se encuentran bajo su jurisdicción y los recursos vivos y no vivos existentes en ellos sobre los cuales tiene derechos soberanos exclusivos? ¿El gobierno de ese Estado puede seguir representándolo? ¿Cómo queda en términos prácticos la situación de la población en términos de su nacionalidad, ciudadanía, y del ejercicio o protección de sus derechos? Hay una serie de aspectos muy concretos vinculados a esa temática, y por eso un número muy apreciable de Estados se ha ido pronunciando recurrentemente a favor de la incorporación de este tema al programa corriente de la Comisión de Derecho Internacional. Para el tratamiento del asunto, se ha solicitado información que puedan proporcionar los Estados, otros órganos de las Naciones Unidas y demás organizaciones internacionales. Las discusiones e intercambios de opiniones que se produzcan al respecto en el grupo de estudio se someterán a consideración del plenario de la Comisión de Derecho Internacional, y, posteriormente, de la Sexta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Es un tema relevante si se toma como antecedente el trato que reciben poblaciones migrantes en los países que los reciben. En estos casos, el desarraigo sería mayor porque no hay un territorio al cual volver. La misma existencia del Estado está en duda y con ello los derechos de sus ciudadanos.   

Justamente. Se trata, además, de no esperar que determinadas situaciones ocurran. Estás viendo de un lado una acción firme de la comunidad internacional a efectos de promover y concretar una lucha decidida contra el cambio climático, pero no podemos aguardar a que, dentro de unos años, el mar cubra la superficie terrestre de algunos Estados insulares en desarrollo o reste una porción apreciable de la superficie terrestre del territorio de otros, con todas las consecuencias que acabas de reseñar. ¿Qué pasa con las personas, con sus derechos, con los gobiernos, con los Estados y con sus recursos? Son cuestiones muy concretas y tenemos que ir haciendo una evaluación que ponga sobre el tapete alternativas válidas ancladas en el derecho internacional que puedan permitir encontrar soluciones apropiadas. 

En un mundo que vive una pandemia, ¿hay otros temas que hayan surgido como relevantes para tratar en el siguiente periodo?

Sí, justamente. Resulta necesario encontrar respuestas de la comunidad internacional a situaciones como la pandemia, porque es previsible que este tipo de fenómenos puedan volver a producirse en un futuro no lejano. Entonces, se han planteado algunas propuestas de temas para que, eventualmente y luego de ser evaluadas, puedan ser incorporadas al programa de la Comisión. Este año no se ha querido tomar una decisión respecto de asuntos a abordar durante el próximo quinquenio porque en noviembre de 2021 era la elección de los nuevos miembros. Entretanto, lo que se ha hecho es recoger propuestas de cara a que el próximo año la Comisión pueda evaluar las propuestas que se han planteado frente a fenómenos tan graves como el de la pandemia que estamos viviendo. Buscamos encontrar mecanismos desde el derecho internacional que posibiliten una articulación y una cooperación mucho más eficientes en el seno de la comunidad internacional. 

Resulta fundamental enfrentar la pandemia con una actitud solidaria hacia otros pueblos y países del mundo que comparten con nosotros ser parte de la humanidad, así como considerar que aquella es un fenómeno global y debe encararse desde esa perspectiva".

No sé si sea competencia de la Comisión propiamente, pero uno de los temas urgentes que se ha visto durante la pandemia es el de la adquisición de vacunas por los Estados en un escenario en el que algunos tienen de sobra y otros no pueden acceder a ellas. ¿Esto requeriría algún tipo de regulación?

Acceder a las vacunas de cara a poder inmunizar a tu población es un asunto acuciante. La capacidad de producción ha crecido en los últimos meses, pero los Estados han estado disputándose en la práctica una producción limitada de vacunas; a su vez, en ciertos casos, ha habido igualmente problemas de distribución y situaciones muy difíciles de prever en función a la propia evolución de la pandemia, en términos de rebrotes, nuevas olas o mutaciones. Las negociaciones son muy complejas, porque tienes que competir con los otros Estados y, por otro lado, negociar con cada una de las empresas farmacéuticas. No quiero justificar en modo alguno este tipo de situaciones, pero para poder asegurar la vacunación de tu población y un flujo regular o constante de todos los suministros, lo que haces es trabajar en varios flancos. En este escenario, efectivamente, ha habido una situación de adquisición excesiva de vacunas por varios Estados en perjuicio de quienes no han tenido tanta capacidad para la negociación o recursos económicos para ello. No obstante, cabe destacar que, ya sea directamente o a través del mecanismo Covax, distintos Estados vienen realizando donaciones a otros Estados con procesos de vacunación menos avanzados o a un nivel todavía incipiente; concretamente, en el caso del Perú, además de las vacunas adquiridas por el Estado peruano, hemos recibido también algunas donaciones de países amigos. Resulta fundamental enfrentar la pandemia con una actitud solidaria hacia otros pueblos y países del mundo que comparten con nosotros ser parte de la humanidad, así como considerar que aquella es un fenómeno global y debe encararse desde esa perspectiva.

¿Ha habido alguna regulación de carácter internacional al respecto?

Los mecanismos de cooperación -como en el caso de Covax- se han ido dando, pero han sido insuficientes. Creo que es absolutamente acuciante, primero, entender que la vacuna es un bien público global y que tiene que asegurarse un acceso equitativo a ella a nivel general del mundo, en tanto la pandemia es un fenómeno que no afecta a un país o una región concreta, sino al orbe. Por otro lado, hay una cuestión igualmente práctica. La pandemia pone en evidencia que el virus tiene sucesivas mutaciones que se producen en diferentes lugares del mundo. Entonces, si es que no se le ataja en todo el planeta, va a seguir evolucionando. La pandemia puso sobre el tapete las grandes limitaciones que conlleva enfrentar un fenómeno de esa naturaleza de manera individualizada. Lo que requerimos es generar una acción global y cooperativa mucho más eficiente en el seno de las organizaciones internacionales, y, particularmente, de la Organización Mundial de la Salud.

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