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Opinión

Incendio en la selva

  • Dra. Ana Sabogal
    Directora de la Maestría en Desarrollo Ambiental

Hoy vemos con tristeza cómo la Amazonía arde. Ya no es solo la de Brasil, ahora el incendio ha alcanzado dimensiones incalculables que abarcan también Bolivia y Perú. Se trata de una catástrofe mundial, el pulmón del mundo se está destruyendo. Frente a ello nos preguntamos en qué medida era previsible esta catástrofe. El cambio climático, las sequías, las invasiones de terreno, la toma de tierras son quizá las causas subyacentes a un desgobierno total sobre la Amazonía. Según las previsiones del cambio climático, anunciadas por el informe del Panel Gubernamental de Cambio Climático (IPCC), las temperaturas se elevarían, los glaciares se derretirían, y habría más humedad en la costa del Perú y menos lluvias en la Amazonía. En otras palabras, todo estaba calculado.

Las lluvias son provocadas por las nubes que se forman debido a la evaporación del agua en los árboles, estas serán llevadas a otros sitos según la intensidad y la dirección de los vientos y la diferencia de presión. Actualmente, se puede prevenir los incendios mediante programas que incluyen estos factores climáticos. En la mayoría de países forestales, se cuenta con alertas tempranas que advierten del peligro. A pesar de que el Perú cuenta con gran parte del pulmón verde del planeta, no contamos con alertas tempranas. Contamos con un Plan de Prevención de Incendios, del Ministerio de Agricultura y Riego, aprobado a nivel nacional el año pasado. Se requiere una propuesta más dinámica en la que el Senahmi debe juegan un rol clave en la prevención y alerta.

Debemos prepararnos para lo previsto: el aumento de temperaturas a nivel mundial e indudablemente también de la Amazonía. Son aún muy pocas las estaciones meteorológicas, como la de Moquegua, que, gracias a la visionaria gestión de la ingeniera Guadalupe Miranda, cuentan con datos en tiempo real. Esta es una prioridad para el país, dadas las circunstancias y la inminencia de que los incendios sean cada vez más frecuentes.

Unido a ello se requiere una adecuada gestión del territorio. Desde hace ya varias décadas, sino siglos, la selva ha sufrido las consecuencias de las invasiones de terrenos. La selva es vista siempre como un espacio desocupado. Sin embargo, y a pesar de la gran cantidad de madera de primera calidad, la potencial industria maderera del país no ha prosperado. La deforestación mediante el descremado arrasa con las especies de mayor valor, sin embargo, no se reporta en cifras, solo vemos la superficie y no analizamos la calidad de los bosques.

Desde el punto de vista ecológico, todo ecosistema tiene un punto de quiebre a partir del cual no podrá regresar a su estado original. Existe la posibilidad de una sucesión secundaria siempre que quede algo de la selva: semillas, tierra, árboles. En este caso podemos pensar en una regeneración del ecosistema, aunque nunca volverá a ser igual al anterior. Podremos resembrar los bosques, al igual que se han resembrado los bosques europeos que se encontraban destruidos, hoy incluso el lobo y el gato montés han regresado a ellos. La diversidad será otra y las especies se organizarán de forma diferente, pero podremos tener una selva amazónica reforestada. Ello requiere de inversión y constancia de parte del gobierno y de la población. La universidad cumple un rol importante en la tarea de planificación.

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