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Opinión

"Estamos en un momento donde parece no haber fuera del mercado"'

Profesora de la UBA y especialista en literatura latinoamericana del siglo XIX, la Dra. Laera visitó la Universidad para dictar la conferencia «Ficciones del dinero. Argentina, 1890». Conversamos con ella sobre la ficción (y su ausencia) y el surgimiento de un mercado cultural.

  • Alejandra Laera

En su libro El tiempo vacío de la ficción, sostiene que la literatura del siglo XIX en Argentina se llena de realidad y se vuelve un mecanismo de denuncia de esta realidad.

Tanto las novelas «cultas» como las primeras novelas populares comparten lo que yo llamo ficciones liminares: se escriben entre lo real y lo ficcional. Parto de que estas novelas no surgieron como un aporte para construir la nación y el Estado, sino que trabajaron sobre los huecos de esa construcción, sobre aquellas zonas que el Estado modernizador no había podido incorporar o directamente habían rechazado. El modelo popular y el de la «alta cultura» coinciden en estos aspectos.

Justamente intento discutir esa lectura, que es verificable en muchos textos en los que la ficción acompaña los proyectos nacionales y estatales. En este caso esto no se da. Quizás se deba a que el género de acompañamiento de la nación, en Argentina, fueron los grandes relatos historiográficos. Ahí uno sí encuentra recursos y fábulas de constitución de la nación que la deja lista para que el Estado modernizador avance en su tarea de búsqueda de orden y progreso.

En la década del 1880 hay rasgos incipientes de lo que va a ser un mercado de bienes culturales. Como sucede cuando irrumpen fenómenos nuevos de maneras menos controladas, todo se cruza y rápidamente se empieza a separar: qué es culto, qué es nacional, qué no debe serlo, qué debe quedar dentro y qué no…. Eso lo empieza a hacer, primero, la crítica, pero es un movimiento de regulación que se hizo también desde el Estado, en la medida de que se decide cómo se educa, qué contenidos deben enseñarse, en qué lengua hay que enseñar, etc.

Si a finales del siglo XIX surge un mercado cultural incipiente, actualmente este es determinante de productos culturales. ¿Cómo va variado su función?

A mí me gusta mucho la observación que hizo Raymon Williams cuando dice, analizando la prensa de Inglaterra, que hay momento en que el mercado es liberador. Hubo un momento en que el mercado fue liberador, a finales del siglo XIX. Este es liberador con respecto al Estado y a los controles que este hacía de los letrados. El mercado incipiente es liberador, es lo que permite descontrolar y que exista algo que esté fuera de las instituciones estatales. Hoy, claramente el mercado ha dejado de cumplir cualquier función liberadora. Este controla, inevitablemente, al público y a los escritores; es la fuerza invisible que mueve la mano del escritor. Ellos no son necesariamente conscientes de que escriben para el mercado, pero cada vez parecen adecuarse más a ese tipo de regulaciones, de las cuales no se dice mucho. Estamos en un momento donde parece no haber «afuera» el mercado; y si hay un «afuera», no se conoce, porque todo o que se conoce está dentro del mercado.

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