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Opinión

Dos señores conversan

Entre Federico Camino y José León Herrera parece cumplirse el concepto de amistad aristotélico: se trata de un alma dividida en dos cuerpos. Amigos y colegas, ambos se especializan en temas de filosofía antigua; el primero en filosofía griega y el segundo en filosofía hindú. Debo confesar que, una vez reunidos, mi presenia fue solo la excusa para que estos dos amigos recordaran las anéctotas vividas en más de 40 años de amistad. Así que dejé la grabadora correr…

  • Federico Camino y José León Herrera

FC: Nos conocimos en junio de 1961, cuando viajé a París y le llevaba un encargo de su hermano Lucho. Lo busqué por dos semanas, pero nadie sabía de él. Hasta que un día decidí llevarle las cosas; tenía una referencia de dónde podía encontrarlo. En el momento en que agarré el paquete para salir, tocaron la puerta. Era Pepe.

JL: Mi hermano me había escrito diciéndome que Fico Camino estaba en París y dije: «Bueno, voy a visitarlo». Él volvió al Perú, se casó con Cecilia y luego regresó a París. Llegaste con un paquete que te había dado mi mamá, un dulce típico del Norte del Perú, que se llama «no es nada». Recuerdo que eso fue en primavera. Tú llegaste con Cecilia en primavera.

FC: Tengo una foto de los tres en el Boulevard Saint-Michel. En esa época nos reuníamos en mi cuarto a leer griego y las églogas de Virgilio.

JL: Tenemos un tipo de amistad que se cultiva… a veces no nos vemos, pero eso no afecta nada. En el momento en que nos volvemos a encontrar el vínculo no se ha roto. Tenemos una amistad profunda, producto de haber compartido muchas cosas, tanto hermosas como complicadas.

La vie bohème
JL: Yo tenía una beca de un año del gobierno francés. Al finalizarla, los franceses cometieron el amable error de darnos a los becarios la plata en lugar del pasaje de regreso. Entonces, un amigo y yo decidimos quedarnos en París y gastarnos la plata. Y nos la gastamos de verdad, porque no teníamos nada. Muchas veces iba donde Fico y Cecilia: ahí habría unas latas de atún y un pan baguette que me salvaran la vida.

FC: Y después estuvimos juntos en Bonn.

JL: Yo me fui a Bonn, y como no tenía dinero me metí a trabajar en una fábrica, y Fico a estudiar al Instituto Goethe. Después yo también entré al Goethe y me quedé en Alemania.

FC: Yo volví a Francia, pero pasé de visita.

JL: Claro, con tu amigo chino…

FC: …que era hijo del embajador de Taiwán en Bonn. Él tenía un Mercedes al que le pusieron como 25 multas porque la velocidad mínima de la autorruta es de 90 ó 100 km por hora; y el Mercedes, que era anterior a la guerra, llegaba a los 50 kilómetros con dificultad. A cada rato lo paraban y le ponían multa…

JL: No por exceso, sino por insuficiencia.

FC: Por lentitud. ¡Se demoró un siglo! Él era un hombre totalmente desilusionado de todo. Vivía entusiasmado con nuestra afición a las pipas, porque en esa época fumábamos en pipa. Él decía: «Cómo los envidio, hay algo que los entusiasma. A mí no me entusiasma nada». Pepe y yo compartíamos pasiones. Gracias a Pepe, por ejemplo, yo descubrí el cine.

JL: En París perseguíamos películas. Es que estar en París era un poco ir al cine.

FC: En esa época, sobre todo, que París era la capital del mundo. Yo fui uno de los tantos testigos de mayo del 68, con Alfredo Bryce. Alfredo se ha circunscrito a los hechos en La vida exagerada de Martín Romaña. Todo lo que él cuenta respecto a mí en esa novela es cierto, aunque hay algunas exageraciones. Por ejemplo, hay un momento en que yo llego a su casa y él me dice que su esposa se había ido, y en la novela yo le respondo: «Y ahora ¿quién nos va a hacer los fideos?». Eso no lo dije.

JL: Eso es un aporte. Cuando estábamos allá, estaban también Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro.

FC: En ese momento yo no conocía a Mario Vargas Llosa, pero mi madre, que era su amiga, me dio una tarjetita pidiéndole que, por favor, me protegiera de las tentaciones y de los males tremendos de París, que en esa época era una especie de sinónimo de la perdición.

Los filósofos
JL: Yo regresé a Lima a finales del 67. Primero viajé a la India y de ahí vine para acá. Cuando regresé, me reincorporé a la Católica y me dieron la dirección de la Sección de Filosofía. En ese momento regresó Fico, que acababa de terminar sus estudios en Munich. En esa época, Filosofía tenía muy pocos alumnos y menos profesores. Cuando llegó Fico, creímos que era importantísimo tenerlo entre nosotros.

FC: Y después, cuando Pepe viajó a Japón, gentilmente me dejó sus cursos de Griego.

JL: No, felizmente tú pudiste hacerte cargo de ellos.

FC: Fue una alegría y un honor. La Especialidad de Filosofía se caracteriza por ser una de absoluta armonía. No tenemos mayores discrepancias.

JL: Hay mucha armonía y esto se trasmite también a los alumnos. Bueno… será también porque todo el mundo les pregunta: ¿Qué haces estudiando Filosofía? ¿De qué te va a servir?

Gustos diferentes
JL: La filosofía hindú gira en torno del ser y de la relación con la vida cotidiana: qué somos, de dónde venimos y cómo nos desenvolvemos. En la India ha habido una especie de desarrollos paralelos de la filosofía, que se van complementando sin que establezca una continuidad. Cada una de estas corrientes proporciona una forma de entender la posición del hombre y del cosmos.

FC: En la filosofía griega, la pregunta es la que se hace Aristóteles: qué es el ente en tanto ente. En términos modernos, se podría traducir como por qué existe algo y no más bien nada; y qué es algo en tanto algo y no en tanto esto o aquello.

JL: Ya ves… eso es filosofía.

Por Rosario Yori

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