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Opinión

COP 26: un reto diferente para América Latina y el Caribe

  • Dr. Miguel Córdova
    Docente del Departamento de Ciencias de la Gestión

De acuerdo con un estudio del 2021 -promovido por el Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina (CODS)- entre investigadores de 7 países de América Latina y el Caribe (LAC) -Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Jamaica, México y Perú-, el camino de recuperación socioeconómica, que equilibra el crecimiento económico y las estrategias de adaptación y mitigación al cambio climático, está relacionado con la capacidad de los actores (gobierno, empresas, sociedad civil y academia) para trabajar juntos, de manera colaborativa y sinérgica, generando un efecto exponencial a partir de los esfuerzos colectivos (Gonzalez-Perez, 2022).

En Perú, además de lo anterior, existen dos elementos estructurales que convierten al cambio climático en un desafío sin precedentes: (1) la geografía y diversidad climática, que es una ventaja pero también genera importantes vulnerabilidades frente a los desastres naturales; y (2) el contexto institucional y la cultura para hacer negocios, que sientan las bases para el desarrollo de las organizaciones, pero además determinan el cumplimiento de la normativa así como el uso de los recursos públicos para afrontar los efectos del cambio climático.

Una de las conclusiones de la COP 26 fue la necesidad de esta sinergia y trabajo colaborativo entre las naciones y sus respectivos sistemas económicos. La propuesta de acción conjunta de la COP 26 incluye retos específicos, tales como la disminución drástica del uso del carbón como combustible, así como también el apoyo de los países desarrollados hacia las naciones con menores recursos.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2021 (COP 26), llevada a cabo del 31 de octubre al 12 de noviembre del 2021 en Glasgow (Escocia), es un hito crucial en la historia de la civilización moderna y su lucha contra las transformaciones climáticas que está sufriendo el planeta, cinco años después del Acuerdo de París el 2015 y 10 años antes del plazo para mantener el calentamiento global en 1.5°C hacia el 2030.

En esta cumbre, una de las conclusiones fue la necesidad de esta sinergia y trabajo colaborativo entre las naciones y sus respectivos sistemas económicos. La propuesta de acción conjunta de la COP 26 incluye retos específicos, tales como la disminución drástica del uso del carbón como combustible, así como también el apoyo de los países desarrollados hacia las naciones con menores recursos.

Entre los resultados de la COP 26, para algunos insuficientes, discutimos estos cuatro:

  1. Los fondos para combatir el cambio climático de los países desarrollados hacia los países en vías de desarrollo se incrementarán: esto es bueno para LAC, considerando que está dentro de este segundo grupo y presenta restricciones en cuanto a disponibilidad de recursos para implementar sus estrategias. Sin embargo, no sabemos si este aumento será suficiente.
  2. Los países signatarios actualizarán en la COP 27 sus compromisos de reducción de emisiones de carbono para el 2030: este punto podría representar un reto institucional por resolver en LAC, dado que sus organismos responsables frente a la crisis climática deben organizarse y coordinar, evitando duplicidad de esfuerzos e ineficiencia en el uso de recursos.
  3. Reducción en uso del carbón y en subsidios a combustibles fósiles ineficientes. Acción contra la generación de gas metano: cualquier esfuerzo de transición energética en LAC debe ser progresivo. La poca penetración de tecnología, el bajo nivel de capacidades tecnológicas en la mano de obra y la elevada informalidad generan dificultades, tanto para la implementación de proyectos de energía renovable como para el seguimiento de las actividades y control de la normativa por parte del Estado.
  4. Revisar el intercambio de dinero por el daño del cambio climático: la emisión de bonos de carbono no estaría generando el balance adecuado entre el valor de la reducción y los daños ocasionados por las actividades contaminantes. La posibilidad de adquirir estos bonos o poner precio al carbono, en lugar de reducir el impacto, dejaría en desventaja a países en vías de desarrollo, mientras que a su vez no permitiría alcanzar íntegramente los objetivos de sostenibilidad. Según el Informe de Riesgos Globales 2020 del Foro Económico Mundial, el mundo no tiene tiempo para estos sacrificios e intercambios.

Este análisis promueve un debate para el desarrollo sostenible en LAC. La región ha basado su crecimiento en la extracción y comercialización de recursos naturales, lo que irónicamente ha enfatizado la vulnerabilidad de sus ecosistemas socioeconómicos frente al cambio climático. Esta situación tiene que cambiar, pero no podrá hacerse de un día para otro, sino de manera responsable y progresiva. Asimismo, urge en LAC el trabajo multiactor, encontrando sinergia entre gobierno, empresas, sociedad civil y academia, donde cada uno pueda proponer y ejercer una perspectiva holística y de futuro.

Notas

  • Para información de la COP 26, visita su página aquí.
  • Para revisar alternativas de recuperación socioeconómica y respuesta al cambio climático en América Latina y el Caribe, puede consultar el libro Regenerative and Sustainable Futures for Latin America and the Caribbean: Collective action for a region with a better tomorrow (2022). Gonzalez-Perez, M.A. (Ed.) de Emerald Publishing.

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