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Opinión

Adviento cristiano

  • Enrique Vega-Dávila
    Docente del Departamento de Teología

El Adviento es un tiempo especial para la Iglesia, tiempo que en la sociedad no se percibe necesariamente con la misma intencionalidad. Se podría decir que el comercio tiene su propio adviento (así como también su propia Navidad) que se ve anunciada por la venta de todo tipo de accesorios “navideños”. En medio de todo lo que puede ser criticable, se va diciendo de modo explícito que algo diferente está por venir.

El Adviento prepara la celebración de la Natividad de Jesús y, cada año, propone 4 semanas en las que con diferente temática va insistiendo ya sea en preparar, vigilar, esperar o confiar. En este sentido, una primera dimensión del Adviento es recordar la histórica venida de Jesús. La venida del Mesías no se trata de un acto meramente religioso sino que guarda relación con las expectativas del pueblo palestino del siglo primero frente al dominio romano: preparar la venida del Mesías significaba ser consciente de la historia del pueblo y recordar que Dios está de su parte, que no olvida al pueblo. Esta primera comprensión del Adviento si bien es la más evidente no siempre es la más resaltada, aquí entramos en un conflicto con el “adviento comercial” puesto que mientras el misterio de la Encarnación nos recuerda a un niño nacido en condiciones no aptas para la vida, el comercio coloca pesebres dorados, niños limpios junto a vacas y burros muy estéticos.

Una segunda dimensión que prepara el Adviento es la llamada Parusía, la segunda venida de Cristo. Este tema tiene una complejidad particular que se remonta a los tiempos apostólicos. La historia señala que alguna gente de Tesalónica argumentando que Jesús regresaría pronto dejó de trabajar y a vivir a expensas de la comunidad por lo que Pablo les reprende con una paternal severidad. Preparación, vigilancia, espera, confianza no son solo para el tiempo histórico de Jesús sino que también lo son para los cristianos y cristianas de nuestra época  ya que si bien no sabemos cuándo se dará esa nueva venida, deberíamos sentir mayor compromiso con la construcción de una sociedad mejor. Es importante que mientras esperamos la venida de Jesús sigamos haciendo memoria de lo que él hizo; esto se entiende como recordar el pasado situación que implica tener muy en cuenta su obra, su predicación, su desafío a las autoridades políticas y religiosas que lo llevan a la muerte y a su resurrección. Esta dimensión del adviento cristiano genera un nuevo conflicto con el “adviento comercial”, mientras que el cristianismo nos debería mantener en constante alerta, el adviento del comercio nos quiere adormecer haciendo pasar por importantes los villancicos sin Jesús, o un ajetreo enorme que acaba la mañana misma de la Navidad.

Tenemos, además, una tercera dimensión que guarda relación con la anterior, se trata de la “venida sacramental”. Aquí podemos hacer un desdoblamiento en nuestra reflexión: Jesús sigue “viniendo” (haciéndose presente) en la Iglesia misma al experimentar aquellos 7 símbolos que conocemos como sacramentos. El documento Sacrosanctum concilium nos recordaba que al bautizar es Jesús quien bautiza, él es quien es repartido en la Mesa eucarística, él aparece en la historia, en nuestra historia, de modo real; pero la sacramentalidad no se reduce a estos 7 signos sino que va más allá. Hay un modo en el que Jesús sigue viniendo y que es mencionado de modo explícito por el Evangelio según Mateo: “cada vez que  hicieron esto con algunos de mis hermanos pequeños lo hicieron conmigo”. Jesús nace en la pobreza y nuestro Adviento cristiano no puede olvidar aquello. Jesús viene en la realidad doliente de cada carne que sufre. Jesús viene a nosotros y nosotras en cada persona postergada por un sistema excluyente. El adviento comercial sigue entrando en conflicto también con este punto, puesto que al ser hija del consumo excesivo solo algunas personas se ven beneficiadas y las demás dejan de ser importantes por no entrar en su círculo.

La experiencia cristiana no se encuentra al margen de la historia, debemos en todo evidenciar la práctica de Jesús. Estas cuatro semanas que prepararán la Navidad sería importante que todos y todas nos fijemos qué tan coherentes somos con esa memoria de Jesús, ¿estamos siendo conscientes de la realidad histórica de quien reconocemos como nuestro Mesías e identificamos su causa como la nuestra o nos dejamos llevar por un adviento comercial que invisibiliza, adormece y excluye?

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