Opinión

La experiencia de la facultad pionera en educación a distancia

Elena Valdiviezo

Elena Valdiviezo

Docente del Departamento Académico de Educación PUCP

Lo que más aprecio de la educación a distancia es su capacidad de democratizar la enseñanza y la posibilidad de llegar a los niños y jóvenes de los sitios más alejados de nuestro país. Naturalmente, esta será posible si facilitamos el acceso y uso de tecnologías necesarias, y si desarrollamos programas pertinentes y de calidad.

La Facultad de Educación ha trabajado con las TIC a partir de los años 60. Desde 1988, cuando ya era docente PUCP, realizamos el primer curso a distancia para maestros de Educación Inicial, en el Proyecto Nuestros Niños y la Comunidad, con el apoyo de la Universidad de Winnipeg (Canadá). El proyecto nos entregó una computadora que nos servía para producir materiales, que luego imprimíamos y enviábamos a maestras de costa y sierra, por correspondencia.

Más importante que la cantidad de diplomaturas que tuvimos es la calidad y seriedad en el desarrollo de las mismas”.

En los 90, tuvimos un convenio con la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, que permitió a muchos docentes de la Facultad cursar estudios de maestría y doctorado. Asimismo, realizamos eventos de introducción de esta nueva modalidad en el Perú y contamos con la presencia de grandes promotores internacionales.

En este nuevo milenio, la Facultad de Educación desarrolló muchas diplomaturas en la nueva modalidad, con permanente apoyo del rectorado y la Dirección de Informática. A partir del 2004, algunas de estas fueron totalmente virtuales y se realizaron por iniciativa de Alberto Patiño, colega y gran impulsor del tema en todo el Perú.

Indudablemente es necesario dominar, al mismo tiempo que la temática de la asignatura, los diversos instrumentos tecnológicos”.

Más importante que la cantidad de diplomaturas que tuvimos es la calidad y seriedad en el desarrollo de las mismas. Las capacidades que desarrollaban nuestros docentes las aplicaban en su trabajo cotidiano con sus alumnos o en la realización de proyectos de su especialidad. Indudablemente es necesario dominar, al mismo tiempo que la temática de la asignatura, los diversos instrumentos tecnológicos, como el chat, los foros y Zoom.

Como profesores, proponemos que los alumnos incrementen su capacidad de reflexionar críticamente, de formular hipótesis y proponer innovaciones, a través de los trabajos que se les asigna. Al mismo tiempo, procuramos que desarrollen competencias de búsqueda de información relevante, que contribuya a la generación de conocimiento. Además, nos interesan los valores humanistas y cristianos que se desarrollan en los trabajos en equipo, con el análisis de la realidad educativa peruana. La nuestra es una universidad católica y no hay que olvidarlo.

Nuestro papel no es presentar largas conferencias magistrales, que el estudiante debe recordar y luego demostrar lo que aprendió”.

Todo está en manos de la orientación del profesor y su capacidad de liderazgo democrático. En la modalidad virtual, es fundamental saber seleccionar y elaborar las lecturas, los videos, las diapositivas o enlaces que recomendemos a los alumnos. A esto se añade el cuidado y claridad para formular las preguntas e indicaciones para el trabajo que esperamos de ellos.

En la educación a distancia, se hace evidente el principio del constructivismo pedagógico: el estudiante es el verdadero protagonista del aprendizaje. Debe aprender con criterio propio y autonomía para diferenciar lo valioso, lo útil y lo verdadero en el campo de su formación profesional.

Nuestro papel no es presentar largas conferencias magistrales, que el estudiante debe recordar y luego demostrar lo que aprendió. Lo importante es que el alumno demuestre lo que investiga, resuelve y dialoga con sus pares cada cierto tiempo, sugiero cada quince días.

Debemos conjugar esfuerzos para que los alumnos presenten propuestas pertinentes y viables para algún tema del curso”.

También es fundamental la atención personalizada de los docentes o tutores a los alumnos. Esta debe ser reforzada por la inmediatez de las comunicaciones, a través de la plataforma Paideia y el correo electrónico. A esto hay que añadir el trato amable y el acompañamiento constante de los profesores y el personal administrativo.

Al final del curso, los estudiantes deberían presentar un trabajo con una visión panorámica y crítica o una propuesta para afrontar un problema educativo relacionado con la asignatura. Por ejemplo, ahora, debemos conjugar esfuerzos para que los alumnos presenten propuestas pertinentes y viables para algún tema del curso. Estas iniciativas deberían ayudar a afianzar los valores de solidaridad y justicia en la situación que estamos viviendo. Es el reto y la oportunidad que tenemos.