Opinión

Anonymous, el clickbait y los placeres del sesgo de confirmación

Dr. Eduardo Villanueva Mansilla

Dr. Eduardo Villanueva Mansilla

Docente del Departamento de Comunicaciones

Anonymous, un grupo diverso y poco organizado de activistas digitales, tuvo su momento de mayor auge hace unos ocho años, cuando capturaron nuestra atención con revelaciones varias; luego, su actividad se volvió menos intensa y se dispersó en muchos grupos. Supuestamente, regresaron hace unos días, en respaldo a las protestas por el asesinato de George Floyd, en Minneapolis, EE.UU.

En medio de una crisis global que nos ha obligado a depender de  Internet como jamás antes, el mercado de ideas está sobrepoblado. Demasiadas voces hablando al mismo tiempo nos ofrecen explicaciones de aparente infalibilidad sobre lo que está pasando, lo que va a pasar y lo que cambiará».

Como Anonymous es un colectivo descentralizado, sin una organización clara, es difícil saber si realmente las más bien tenues, casi intrascendentes, revelaciones provienen de ellos o de algunas personas que se atribuyen serlo. Poner como novedad información ampliamente difundida hace meses sobre el caso Epstein, o insinuar que saben realmente quién es el culpable de la muerte de la Princesa Diana, no es algo realmente relevante, sino más bien parece un intento de llamar la atención.

La prensa, en particular la peruana, rebotó lo dicho por Anonymous con pasión; las “redes”, es decir, gente en Facebook, también se entusiasmó, incluso cuando se reveló que toda la información sobre Epstein estaba publicada hace meses y tenía directamente relación con el escándalo que causó el alejamiento del príncipe Andrés del Reino Unido de la vida pública. Más allá de algunos juegos sosos en Facebook, no ha pasado mucho. Si bien siempre se sobredimensionó lo que Anonymous podía realmente revelar, esta vez no hay casi nada que valga la atención prestada.

La atención a Anonymous es una distracción que refuerza nuestra necesidad de pensar que hay explicaciones y que hay quienes las manejan; todo lo contrario a la realidad. En otras palabras, nuestros sesgos de confirmación se han vuelto más activos e intensos. Y la prensa no ayuda».

¿Por qué le prestamos atención, entonces? Porque en medio de una crisis global que nos ha obligado a depender de Internet como jamás antes, el mercado de ideas está sobrepoblado. Demasiadas voces hablando al mismo tiempo nos ofrecen explicaciones de aparente infalibilidad sobre lo que está pasando, lo que va a pasar y lo que cambiará; al mismo tiempo, los verdaderos especialistas nos dicen que realmente no sabemos nada, que no podemos afirmar mucho, y que solo podemos estar seguros de que necesitaremos paciencia y templanza por un tiempo indeterminado por si logramos encontrar una salida a la pandemia. Que quizá sea en un año o quién sabe cuánto. Mientras, tengamos cuidado.

En un contexto así, la desesperación por explicaciones aumenta, y optamos por aquellas que refuerzan nuestras convicciones sobre lo que está pasando y lo que quisiéramos que pase más adelante. La atención a Anonymous es una distracción que refuerza nuestra necesidad de pensar que hay explicaciones y que hay quienes las manejan; todo lo contrario a la realidad. En otras palabras, nuestros sesgos de confirmación se han vuelto más activos e intensos. Y la prensa no ayuda.

Clickbait, como se le llama a esas notas que solo buscan llamar la atención para retener a los lectores, es una forma de sesgo de confirmación».

Hace un par de semanas, una nota grabada en Pucallpa y emitida por un noticiero nacional explicaba que un ingeniero local había logrado hacer que las mototaxis locales funcionaran con agua. Mejor dicho, que, mediante electrólisis, el agua se convertiría en hidrógeno y eso permitiría que funcione sin gasolina. Expuesta al estilo habitual de la prensa peruana, la nota da por cierto todo lo que decía la fuente, mostraba que nadie, desde el reportero local al editor general del noticiero, se había tomado la molestia de mirar siquiera los demás videos en YouTube para entender de qué se estaba hablando, y básicamente decir que no es verdad, que es un simple artificio en el que cayeron sin pensar más que en sacar una nota llamativa y atractiva para algunos.

Clickbait, como se le llama a esas notas que solo buscan llamar la atención para retener a los lectores, es una forma de sesgo de confirmación. Si los consumidores de noticias optamos por lo que más nos reconforta o gratifica, que los medios nos abastezcan de lo mismo no es más que la misma relación entre un adicto y su dealer. No sirve para nada más que refugiarnos en nuestras certezas y abandonar la realidad. Cómodo, pero la perfecta receta para impedirnos avanzar en dirección alguna.