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¿Por qué nos deprimimos en invierno?

Abres los ojos y miras por tu ventana. Notas que el típico cielo «panza de burro» de Lima ha adquirido tonos más grises, que el viento azota con más fuerza y que el aguacero cae inclemente sin tregua. Prefieres no salir de tu cuarto. No quieres hacer nada, solo dormir. El invierno ha llegado y su presencia puede afectarte más de lo que te imaginas.

  • Texto:
    Luis Yáñez
  • Fotografía:
    Amelia Santana
  • Fotografía:
    Karen Zárate

La depresión es un trastorno mental que afecta a más de 350 millones de personas en el mundo y que es considerada la pandemia del siglo XXI. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el año 2020, será la segunda causa de discapacidad a nivel global, solo superada por las enfermedades cardiovasculares.

Un cuadro depresivo suele estar acompañado de síntomas, como alteración del sueño (insomnio o hipersomnia), poca energía, irritabilidad, disminución del apetito, pérdida del interés o del placer (anhedonia), llantos o risas inapropiadas (labilidad emocional), etc. Cuando estos indicadores se mantienen de manera constante por más de dos semanas, estamos hablando de una depresión mayor.

“Cuando la persona está deprimida, se siente triste y vacía, empieza a aislarse y no quiere hacer nada. Muchas veces se origina porque se siente culpable por cosas que hizo o dejó de hacer”, comenta la Dra. Nancy Valdez, docente del Departamento de Psicología. “Aunque sean leves, las depresiones hacen que el rendimiento laboral y la productividad académica disminuyan”, asegura el Dr. Marlon Novoa, psiquiatra del Servicio de Salud.

Una investigación realizada al interior de la PUCP en el 2005 mostró que el 10% de los ingresantes tenían síntomas compatibles con un trastorno depresivo. “Este año estamos haciendo otro estudio con todos los cachimbos y, más adelante, podremos obtener una estadística y comparar resultados”, adelanta el psiquiatra.

Depresión de invierno

Cuando el invierno y la depresión se encuentran, podríamos estar frente a un caso de trastorno afectivo estacional (TAE). Para ello, deben cumplirse con ciertos parámetros: “Hablamos de TAE cuando los síntomas de una depresión mayor aparecen de manera cíclica con los cambios de estación y no hay ningún evento estresor que justifique su manifestación, como la muerte de un familiar cercano, la pérdida del empleo o el fin de la relación sentimental”, señala la Dra. Valdez.

Este trastorno se caracteriza porque el inicio y la remisión del episodio depresivo están vinculados con momentos marcados del año. En la mayoría de los casos, se inicia con la llegada del otoño o del invierno y culmina con la primavera, sin que la persona haya hecho un cambio mayor en su rutina. Además, debe haberse producido como mínimo por dos años consecutivos.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales es una obra de referencia elaborada por la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) que es empleada por médicos e investigadores para diagnosticar y clasificar enfermedades mentales. En su quinta edición (DSM-5), clasifica al TAE como un “trastorno depresivo mayor con patrón estacional”, con síntomas como hipersomnia, fatiga, irritabilidad, ansiedad, falta de concentración, aumento de peso y antojo por carbohidratos o dulces.

La prevalencia del TAE varía con la ubicación geográfica, la edad y el sexo: las mujeres jóvenes que viven en latitudes medias o altas son las personas con mayor riesgo de sufrir episodios depresivos de invierno, según el Manual. En EE.UU., se calcula que seis de cada 100 personas sufren de TAE. “En países como el nuestro, no es un trastorno muy común porque las estaciones no son tan marcadas”, precisa la psicóloga.

El invierno se acerca

Los profesionales de la salud consideran que la depresión del TAE se desencadena como una respuesta cerebral ante la disminución de la exposición a la luz natural, lo que altera la producción de dos sustancias claves: la melatonina y la serotonina.

La melatonina es una hormona relacionada con el control del ciclo circadiano, el reloj biológico que regula las funciones de nuestro organismo según la iluminación ambiental. “Cuando produces más melatonina, tienes sueño, hay dificultades para dormir y vas a querer descansar. Esto también se observa en los animales que hibernan: producen más melatonina para que su cuerpo gaste menos energía”, comenta la Dra. Valdez.

Por otro lado, la serotonina es un neurotransmisor que tiene como funciones regular el apetito y el sueño, equilibrar el deseo sexual, y controlar la actividad motora y la temperatura corporal. Además, inhibe la ira y la agresión, lo que nos permite sentirnos bien y disfrutar de los momentos.

Cuando una persona no está expuesta a suficiente luz solar, como ocurre en el invierno, aumenta su producción de melatonina y disminuye su nivel de serotonina. Como resultado, nos sentimos aletargados, somnolientos y deprimidos.

¿Cómo tratar la depresión?

La Dra. Valdez recomienda que la persona deprimida debe empezar a hacer las cosas que le gustan para experimentar nuevamente placer, a pesar de que diga que no le provocan y quiera aislarse del resto. No necesariamente deben ser acciones costosas: salir al parque, escuchar música o tomar un baño largo son buenas alternativas.

Si no puede hacerlo, debe buscar ayuda. “El especialista le ayudará a analizar qué comportamientos y actitudes debe cambiar o mantener, y le dará las herramientas para que más adelante pueda manejar las situaciones que lo hacen más vulnerable de mejor manera”, afirma la psicóloga.

Adicionalmente a la psicoterapia, el empleo de fármacos resulta vital para contrarrestar las causas bioquímicas de este mal. “La depresión es un trastorno que se vuelve crónico si no se sigue un buen tratamiento de mínimo seis meses de duración. Se necesita disciplina, aceptación y conciencia para afrontarla”, apunta el psiquiatra.

En el caso del TAE, se recomienda además la terapia de luz (fototerapia), que consiste en exponer al paciente a una cámara que simula la luz solar, lo que producirá cambios químicos en su cerebro que le ayudarán a aliviar los síntomas de esta dolencia. En este sentido, un viaje a localidades más cálidas, como Chosica o Cieneguilla, es una opción a tomar en cuenta.

Foto superior: La Dra. Nancy Valdez, docente del Departamento de Psicología, y el Dr. Marlon Novoa, psiquiatra del Servicio de Salud de la PUCP.

Recuerda que el Dr. Marlon Novoa atiende los lunes, miércoles y jueves entre las 2:30 p.m. y 9 p.m. en el Servicio de Salud.

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