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Noticia

Ruth Manzanares: Soy guerrera, quiero estar en todas

Se desempeña en una profesión que usualmente suele ser de hombres. Ruth Manzanares demuestra que para las mujeres no hay límites.

  • Texto:
    Jack Lo
  • Fotografía:
    Gisella San Miguel

Con un mameluco azul comandaba un grupo de ocho soldadores. La misión era levantar una máquina de tres toneladas y ponerla sobre un camión. «¡Van a dejar todo su desayuno en esa cargada!», fue el grito de guerra que lanzó Ruth Manzanares, una mujer con personalidad de hierro; puso dos troncos en el piso y empezó a palanquear las tres toneladas hasta dejarlas sobre el vehículo. Después de una hora de sudor, grasa y polvo, su traje ya no estaba tan limpio. Ella es la jefa del Laboratorio de Manufactura en la Especialidad de Ingeniería Mecánica y tiene una destacada labor en lo que, para muchos, sigue siendo una carrera para hombres.

Para Manzanares, la práctica es muy importante. Por ello, mientras estudiaba sus últimos años de Ingeniería Mecánica en las aulas de la PUCP, también lo hacía en las aulas del SENATI: práctica y teoría tienen que ir de la mano. Ella lo comprendió desde siempre y no tiene reparos en manchar sus uñas con grasa o lanzarse al suelo para maniobrar una máquina. Ella es la que organiza todo el taller. «Mi equipo de trabajo son nueve técnicos mayores, todos hombres. Ellos han sido mis profesores. Que venga yo ahora, me siente y los organice no es algo fácil de comprender para ellos. Sin embargo, me conocen, saben todo lo que he estudiado y cómo es mi personalidad. Soy guerrera, quiero estar en todas, por eso estudié en SENATI, para saber todo lo que hace un técnico», cuenta Manzanares, quien hizo su tesis sobre materiales en la Universidad Técnica de Chemnitz, en Alemania, y estudió una maestría en Mecánica Automotriz en el Tecnológico de Monterrey.

Manzanares no se amilana cuando está rodeada de hombres. Todo lo contrario: los organiza. Sin embargo, en algún momento de su vida se sintió discriminada. En el 2007, cuando regresaba de realizar sus estudios superiores, presentó su currículum a distintas empresas en busca de trabajo. Una de ellas (Ruth prefiere no revelar su nombre) la citó para conversar. Después de una hora y media de conversación le dijeron: «Eres mujer;  estamos buscando un hombre: a una mujer no la van a respetar. Tan solo te cité porque quería conocerte por tu buen CV». Hasta ahora recuerda con rabia ese momento.

Terminó el colegio a los quince años y su madre nunca quiso que sea ingeniera mecánica. Ella pensaba como todos: es una profesión de hombres. Ruth ingresó a la PUCP para ser ingeniera industrial, luego de dos años en aulas de Medicina en otra universidad (una parte de su vida que, dice, prefiere olvidar). En octavo ciclo se convenció de que eso no era lo suyo, hizo su traslado a Ingeniería Mecánica y la mandaron a tercer ciclo. A pesar de estar feliz por el cambio, le  incomodaba haber retrocedido tanto hasta sentirse una cachimba; era como volver a empezar.

La ingeniera Manzanares ama a la PUCP
. «He trabajado en dos empresas y, a pesar de que pagan mejor que en la Universidad, no me gusta. Yo le pertenezco a la PUCP de toda la vida, soy parte de sus activos, debo tener hasta código de barras. Por eso decidí estar acá, tener contacto con los alumnos, con ideas frescas», comenta. Sin duda, nació para ser mecánica y está orgullosa de ello: «La mecánica es la madre de todas las ingenierías. Tiene cinco ramas: producción, diseño, materiales, electrónica y energía. Tenemos un poco de todas las ingenierías», finaliza.

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Orlando Cabello Chávez

Me gusta y llama mucho la atención el testimonio de la ingeniera mecánica Ruth Manzanares, Estaría muy contento que aparecieran muchas más personas con ese carácter fuerte que ayuda a la universidad a situarse en el lugar donde está. Mis más sinceras felicitaciones y a seguir adelante con tus proyectos en bien de nuestro alicaído país.