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Noticia

¿Las redes sociales pueden proteger el medio ambiente?

¿Cómo afectan las redes sociales al medio ambiente? La Dra. Dolly Palacio, docente de la Universidad de Externado de Colombia, nos explica qué es importante analizar el vínculo de las personas y organizaciones con el ecosistema. Palacio vino como invitada en el II Seminario Internacional de Análisis de redes sociales, organizado por el Departamento de Ciencias Sociales PUCP.

  • Texto:
    Solange Avila
  • Fotografía:
    Alex Fernandez

Para analizar las relaciones entre las personas, las Ciencias Sociales utilizan el concepto de la red. Así como una red tiene nodos e hilos; la sociedad está conformada por personas y sus relaciones. Además, las Ciencias Sociales incorporan la teoría del actor-red que plantea que lo social incluye lo humano y su entorno biogeográfico.

Las redes son todas las posibles interconexiones de un sistema socioambiental”, define Palacio. Por tanto, se identifican las redes existentes y las potenciales. La noción de «potencial» es muy importante, porque también da cuenta de lo que puede ser, o de lo que pudo ser y no fue.

Las redes no visibles

Sin embargo, estas redes no siempre muestran armonía. Tienen jerarquías, asimetrías y flujos unidireccionales. Por eso Palacio se dedica a observar las diversas redes. Hay redes que son evidentes, como las redes personales. Por ejemplo, las de familia están articuladas por principios de linaje biológico asociados a apellidos, aspectos culturales y genealogía. También hay redes formales, como la inscripción institucional a un centro de estudios o trabajo. En ese caso, las personas además representan objetivos, competencias y obligaciones.

No obstante, la investigadora señala que podemos ignorar que estamos adscritos a otras redes, como las redes de consumo e intercambio. Por ejemplo, al comprar en una tienda participamos en las redes de mercado. Esas redes no son evidentes y tenemos que develarlas para entender cómo funcionan. Incluso dentro de las redes familiares algunos vínculos están ocultos, por ejemplo, parientes que no se conocen.

Palacio observó mediante sus estudios que las organizaciones en Colombia no han construido de forma sistemática una conciencia sobre sí mismas y sobre sus interacciones. “Seguimos con un actuar definido por una visión limitada en lugar de un actuar reflexivo. No observamos qué nos hace potentes o dependientes. Por ello, las ciencias sociales proponen la autoobservación para ayudar a entender lo que hacemos los individuos y las organizaciones”, comenta la investigadora.

La docente sostiene que esta observación tiene obstáculos por los intereses de los sujetos en el poder están en competencia; así como las condiciones o imposiciones que se establecen al realizar un intercambio. Lo mismo ocurre en las redes institucionales, la organización también actúa desde un camino formal, pero detrás de su coraza están las redes personales y son las más difíciles de observar.

Las otras redes sociales y el medio ambiente

Por otro lado, las redes sociales se hacen visibles mediante las redes virtuales como Facebook. Palacio considera que estas últimas se convierten en una base de datos y en fuentes de análisis de intercambio. Gracias a los buscadores analíticos podemos observar cómo nos relacionamos, la centralidad de ciertas personas y ver cuáles tienen más influencia sobre otras. Por ejemplo, mediante las redes internacionales que promueven causas mediante firmas, como Avaaz, se puede ver qué agendas movilizan más gente.

La docente, por su parte, estudia a equipos humanos que tienen una acción conjunta y cómo gestionan sus propias agendas en redes más directas. Específicamente aquellas movilizaciones vinculadas al medio ambiente y áreas protegidas. Palacio explica que la observación se centra en cómo se compone el conjunto de actores alrededor de cada acción, cuáles son los actores centrales y con quiénes se alían para hacerlas. “Hay muchos grados de influencia en la red que no observamos, pero que en la acción están impactando en varios grados de distancia de las interconexiones”, expone.

La docente nos recuerda que las redes no solo están conformadas por las personas, sino también por su entorno. Esto se hace evidente con las migraciones. “Cuando un grupo migra hay una ruptura con las relaciones y el territorio que abandona”, manifiesta. Palacio pone como ejemplo Colombia, donde los desplazados por la violencia pierden sus casas, se rompen las relaciones con sus familias, escuelas y negocios. “Hay elementos con los que nos reconocemos y nos reconocen, pero en la migración se rompen”, reafirma.

La investigadora sostiene que ocurre algo diferente cuando los indígenas se mueven de un terreno a otro, ya que dejan que otros seres vivos recuperen el área y se desarrollen. En cambio, cuando el espacio es tomado por la minería, produce más estrés sobre las especies, el agua y la tierra. Explotan los recursos sin dejar que la selva se recupere, para luego abandonar el lugar cuando ya no da para más.

Las relaciones se transforman, bien sea teniendo traumas o generando vida en un nuevo lugar, es como una expansión”, sostiene Palacio. Esa ruptura hace que necesitemos invertir mayor energía en reorganizarnos, independientemente del motivo de la partida. Así, sin nuestro territorio y nuestra red social, las reconstruimos donde nos movamos.

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