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Noticia

Jóvenes delincuentes pueden reinsertarse en la sociedad

Cada vez son más los casos que aparecen en los medios sobre niños y adolescentes que han sido adiestrados por criminales para convertirse en temibles sicarios. La psicóloga e investigadora de la Universidad de Santiago de Compostela de España, Laura López-Romero, conversó con nosotros sobre este grave problema que podría remediarse si se actúa a tiempo. Ella visitó la PUCP para el curso Evaluación de riesgo de reincidencia en adolescentes, organizado por el Departamento de Psicología.

  • Texto:
    Tamy Higa
  • Fotografía:
    Roberto Rojas

No son pocos los casos de niños y adolescentes que cambiaron los cuadernos de escuela y los juguetes por armas para matar: los dos adolescentes de 13 años y uno de 15 que intentaron asesinar a la presidenta de la Asociación de Propietarios del Centro Comercial Polvos Azules; el tristemente célebre “Gringasho”, que tendría unos diez homicidios en su haber; y el reciente caso del joven de 19 años que mató de varios disparos a Juan César Sánchez Navarro en el Rincón Gaucho. La psicóloga española Laura López-Romero, especialista en prevención y tratamiento de los problemas de conducta infanto-juveniles, indica que son múltiples los factores que pueden llevar a que un niño o un joven se convierta en un homicida.

“Son múltiples las causas y las vías por las cuales ellos pueden acabar cometiendo una acción delictiva. Por ejemplo hay factores a nivel familiar, como prácticas coercitivas, el bajo afecto y falta de comunicación. También a nivel de personalidad hay variables como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la ira, la ausencia de remordimientos, es un abanico amplísimo. Y hay una serie de factores a nivel social, como relacionarse con delincuentes, pandillas y grupos donde se llevan a cabo este tipo de comportamientos. Mientras que a nivel comunitario está la marginalidad y la falta de recursos. Existe multitud de factores de riesgo, que analizados de forma independiente, pueden dar lugar a la conducta problemática”, precisa.

En Paiján, La Libertad, se identificó una especie de escuela del sicariato, donde entrenaban a los menores en el manejo de armas. La doctora López-Romero señala que los niños y adolescentes aprenden con cierta facilidad estas malas artes, pues asimilan con rapidez tanto lo bueno como lo malo, según sea el referente que tengan. “En la infancia y en la adolescencia es sencillo aprender prácticamente todo. Con la misma facilidad que aprenden a sumar o restar pueden aprender cualquier otra cosa. Si ya desde pequeño en tu hogar ves es ese tipo de comportamientos, si te están instruyendo para llevar a cabo ese tipo de conductas delictivas, es muy probable que te comportes de esa manera, porque es lo que estás aprendiendo. No hay referentes que te estén enseñando modelos alternativos”, afirma.

Para la psicóloga española estos niños y adolescentes, sí pueden rehabilitarse, sobre todo si se actúa a tiempo, evitando que continúen ascendiendo en esta terrible espiral criminal. “Cuando hay esa carrera delictiva en edades tan tempranas, el nivel de riesgo de que eso vuelva a ocurrir, de que eso se vuelva crónico, es mayor. Pero que sea mayor no quiere decir que no se pueda hacer nada. Desde el punto de vista de la psicología creo lógicamente en la rehabilitación y creo en el cambio. Podemos cambiar esas actitudes que ahora son favorables a la violencia y modificar los aspectos temperamentales de personalidad que están incidiendo en el menor. Se puede trabajar con ellos, reinsertarlos en la sociedad y desarrollar patrones prosociales. Cuanto más jóvenes sean es mucho más fácil introducir los cambios, pues los niños y adolescentes son más maleables a muchos niveles, así que cuanto antes mejor”, concluye.

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