Opinión

Cuatro de los nuestros*

Enrique Delgado

Enrique Delgado

Docente del Departamento de Psicología

En la noche del 3 de abril de este año, Reyder Sebastián, presidente de la Asociación de Comunidades Nativas Asháninkas de Masisea y Callería (ACONAMAC) presentaba en el Auditorio de Humanidades de nuestra casa de estudios las enormes dificultades que padecen nuestros hermanos asháninkas en la región de Ucayali para obtener una educación de calidad. Además de líder comunitario, Reyder Sebastián es docente y, junto con el profesor Benigno Vicente, apoya como acompañante pedagógico a las escuelas de las comunidades asháninkas ubicadas en el río Tamaya, para lo cual viajan durante días en un peque peque.

Reyder PUCP

Reyder Sebastián durante su visita a la PUCP.

Lejos de la PUCP, navegando con ellos por el río Tamaya o cobijados a la sombra de un árbol generoso, Reyder y Benigno compartían con nosotros las legítimas aspiraciones de su pueblo y su preocupación por la presencia de los madereros ilegales en sus tierras, las tretas de estos, la ausencia e indolencia del Estado. Unas semanas después, el peque peque en el que Reyder y Vicente retornaban a la ciudad de Pucallpa se volcó y debieron estar durante más de una hora flotando en medio del río. Perdieron muchas cosas, pero conservaron sus vidas, su energía y su valor para seguir luchando por la educación de su pueblo y el cumplimiento de sus derechos. Edwin Chota, Jorge Ríos, Leoncio Quincicima y Francisco Pinedo, ciudadanos asháninkas, no corrieron la misma suerte.

TALLER PARA DOCENTES DE COMUNIDADES ASHANINKA Y SHIPIBOKONIBO

Benigno Vicente, durante su exposición en abril de este año.

En la noche del 7 de setiembre, Reyder Sebastián, declaraba a los medios de comunicación que, según información preliminar, madereros ilegales los habrían asesinado, además de descuartizar sus cuerpos para desaparecer las evidencias. Años atrás, la Comisión de la Verdad y Reconciliación nos interpelaba señalando que “ (…) la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y poco educado, no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país” (CVR, 2004, p. 434). No será ese el caso esta vez. El esfuerzo y el dolor de muchos durante tanto tiempo no han ocurrido en vano. Cuatro de los nuestros han sido asesinados. En la universidad también estamos de duelo, nos indignamos, y renovamos nuestro compromiso para construir, desde nuestro rol, un Perú más justo para todas y todos.

*Coescrito con Susana Frisancho, María Isabel La Rosa, y Oscar Paín; docentes del Grupo de Investigación en Cognición, Aprendizaje y Desarrollo del Departamento de Psicología.