Opinión

Clases de periodismo: primeras lecciones de la enseñanza virtual en tiempos de pandemia

Mario Munive

Mario Munive

Coordinador de la Especialidad de Periodismo de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación

Si las salas de redacción son ahora espacios virtuales, no debería extrañarnos que las aulas para la enseñanza del periodismo también lo sean».

Enseñar periodismo de manera virtual ha sido tan desafiante como pilotear un avión mientras lo vamos construyendo. Esa es la imagen que voy a conservar de este semestre atípico. El confinamiento me obligó a dejar mi zona de confort, el salón de clase, para sumergirme en la dimensión desconocida del aula virtual. Fue un cambio tan imprevisto como indispensable. Lo experimentaron docentes de todas las especialidades profesionales, pero la tarea resultó más compleja y demandante en aquellas con un acentuado componente procedimental y proyectual.

Este es el caso de la enseñanza académica del periodismo. El logro de aprendizaje trasciende el saber teórico para vincular el concepto y la reflexión con el hacer, la habilidad, la competencia comunicativa. Lo último, por cierto, requiere una práctica meditada de géneros informativos e interpretativos, el dominio de herramientas digitales, pero sobre todo reportería en campo con fuentes ‘vivas’.

El logro de aprendizaje trasciende el saber teórico para vincular el concepto y la reflexión con el hacer, la habilidad, la competencia comunicativa».

¿Cómo enseñar estos procedimientos, técnicas y saberes de manera remota, frente a una pantalla casi siempre oscura? ¿Era posible enseñar periodismo, con estudiantes y docentes recluidos en sus dormitorios o bibliotecas, sin acceso a equipos o laboratorios, y con un espacio público restringido ante el alto riesgo de contagio? A fines de marzo, hubo quienes miraron este desafío con escepticismo.

Quienes llevamos una década incentivando el periodismo digital desde las aulas sentimos que era una decisión precipitada pero necesaria para sostener la formación académica en medio de la emergencia sanitaria. Las herramientas que la tecnología ofrece ahora para hacer reportajes a distancia, y para producir y editar contenido multimedia nos han permitido continuar con la enseñanza del periodismo en una situación tan adversa.

Cuatro meses después, concluido el primer semestre académico, tenemos un panorama mucho más claro desde las aulas virtuales. La pandemia se extiende y el número de víctimas se desborda. Ningún martillazo logró aplanar la curva ‘imaginaria’. Y la meseta prometida fue, técnicamente, una fake news. Necesitamos periodistas que verifiquen las versiones oficiales y hagan frente a la desinformación. Esta es una tarea de la que ya se están haciendo cargo los nuevos medios digitales de investigación surgidos en años recientes, pero no es suficiente… En este contexto, la Universidad tiene un rol muy importante: formar comunicadores especializados en salud pública, periodismo científico, desarrollo humano y conservación ambiental, ámbitos soslayados en la propuesta editorial de los medios tradicionales.

En este contexto, la Universidad tiene un rol muy importante: formar comunicadores especializados en salud pública, periodismo científico, desarrollo humano y conservación ambiental, ámbitos soslayados en la propuesta editorial de los medios tradicionales».

La industria de los medios impresos, mientras tanto, experimenta una paradoja cruel. El impacto de la pandemia ha aumentado el tráfico de sus ediciones online. Pero al mismo tiempo se desploman los ingresos por publicidad. A la pérdida de anunciantes debe sumarse el adiós de los lectores, que abandonan el diario de papel, y acceden a las noticias buscándolas en sus smartphones y computadoras. Durante la cuarentena, la venta de los diarios limeños experimentó una caída dramática. Y ahora, cuando nos acercamos al primer mes de la ‘nueva normalidad’, la rentabilidad de esta vieja industria parece tambalear. Son los peores tiempos para aquel periodismo que vivió subsidiado por la publicidad durante más de un siglo, pero también son los mejores tiempos para reinventar un oficio, repensar sus fines y construir una nueva tradición en el horizonte digital.

En este contexto de crisis disruptiva, la enseñanza del periodismo necesita también una evolución urgente. La academia no puede, bajo ningún concepto, ignorar los cambios que la digitalización ha provocado en la comunicación y en la vida cotidiana. Nuevos medios y plataformas, nuevas rutinas de acceso a contenido, nuevos lenguajes y géneros discursivos nos obligan a reinventar también la enseñanza. Ramón Salaverría, profesor de la Universidad de Navarra y experto en medios digitales, advertía hace una década que lo peor que le podía pasar a la academia era persistir en formar a “una nueva generación de profesionales con lenguajes y técnicas de un periodismo que ya no existe”.

Nuevos medios y plataformas, nuevas rutinas de acceso a contenido, nuevos lenguajes y géneros discursivos nos obligan a reinventar también la enseñanza».

Pienso que su advertencia ha encontrado eco en no pocas escuelas de periodismo. Conozco experiencias que revelan una meditada adaptación al cambio. Y también otras que han aparecido de manera precipitada a raíz de la pandemia. Sea como fuere, surgen nuevos métodos de reportería en la educación del periodismo a distancia. Aplicaciones como Zoom, Skype o Google Meet permiten tomar contacto con fuentes periodísticas, hacer entrevistas virtuales y organizar consejos de redacción. Los servicios de mensajería sirven también para recibir información y las redes sociales, para conectarse con el público. Profesores y alumnos disponen ahora de aplicaciones diversas para la edición de fotografía, video, pódcast y animación e infografía digital. En medio de la pandemia, muchos han convertido sus aulas virtuales en salas de redacción, en espacios de edición periodística y de producción audiovisual.

Eso está pasando ahora en Lima, Bogotá, Santiago, Buenos Aires, Ciudad de México y allí donde la enseñanza del periodismo procura vincularse con sus ciudadanos. Hoy las antiguas salas de redacción de los grandes medios lucen desiertas, más del 70% de sus reporteros y editores trabajan desde casa. Si las salas de redacción son ahora espacios virtuales, no debería extrañarnos que las aulas para la enseñanza del periodismo también lo sean, al menos mientras el distanciamiento físico resulte indispensable para una sana convivencia. Por cierto, la educación a distancia del periodismo no empezó con la pandemia. Es necesario recordar aquí la vasta y fructífera experiencia de enseñanza virtual desarrollada durante casi dos décadas por los profesores del Centro Knight de la Universidad de Texas.

La próxima generación de periodistas que egrese de las aulas debe saber que va a convivir con la mayor incertidumbre. El cambio será incesante, y estará sembrado de riesgos y oportunidades».

La próxima generación de periodistas que egrese de las aulas debe saber que va a convivir con la mayor incertidumbre. El cambio será incesante, y estará sembrado de riesgos y oportunidades. Y en ese escenario suscribimos una promesa que por estos días repiten los colegas colombianos de la Universidad de los Andes: “El mejor periodismo está por venir”. Esta es una frase que nos llena de entusiasmo. Necesitamos por eso de vocaciones fuertes, de una dosis de pasión y compromiso. Margaret Mead, la célebre antropóloga norteamericana, lo expresó de una manera más rotunda: “Tenemos que enseñar a nuestros hijos a anidar en medio del vendaval”.

Periodismo hecho en la PUCP

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