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Resistir ante la violencia de género en línea

El 73% de personas entrevistadas siente frustración o impotencia, el 61% sensación de inseguridad, el 45% estrés o ansiedad, el 38% miedo y el 25% inestabilidad emocional después de un ataque virtual, de acuerdo a investigación realizada sobre violencia de género en línea.

Autor: Akira Maeshiro

El mundo virtual se ha convertido en una extensión magnificada de los problemas de la sociedad. Y la violencia de género no es la excepción. Ataque de trolls, hostigamiento, publicación de información privada o acoso sexual, son algunas expresiones de este problema que va en aumento.

Ante ello, recientemente, la Asociación Civil Hiperderecho presentó “Conocer para resistir: violencia de género en línea en Perú”, el primer  estudio en el país que identifica las principales modalidades de este tipo de violencia y que pone a disposición las estrategias de denuncia, defensa y resistencia contra ella.

Para ello, en 2018 se entrevistó y encuestó a cerca de 200 personas, en su mayoría mujeres entre los 18 a 45 años que viven en Lima y que representan a movimientos feministas, comunidades LGTBI, afrodescendientes e indígenas. “Los activistas son las personas más vulnerables en estas situaciones de violencia en línea”, dice Marieliv Flores, directora de Activismo de Hiperderecho y comunicadora para el desarrollo por la PUCP.

En ese sentido, el estudio refiere que el 33% de las personas entrevistadas fueron atacadas por expresar opiniones políticas y sociales, el 32% por asociarse o expresar apoyo a la agenda feminista y el 13% por defender derechos LGBTI.

El estudio encontró, además, hasta diez tipos de ataques virtuales usados para ejercer violencia de género, como: hostigamiento (63% de los casos), insultos y discursos de odio (80%), acceso no autorizado a cuentas personales (22%), ataques coordinados en contra de activistas (17%) y suplantación de identidad (11%). Por otro lado, el 76% de ataques son realizados por desconocidos o perfiles anónimos. El 90% de casos de violencia de género en línea ocurrieron en Facebook, el 36% en WhatsApp y el 20% en Instagram.

Flores entiende que la tecnología es una herramienta con mucho potencial que desarrolla capacidades, abre más espacios y democratiza el conocimiento, “pero nuestra estructura social y machista, se construye en internet porque somos nosotros, las personas, quienes la usamos. Muchas veces se busca deslegitimar y silenciar las identidades que no cumplan con las normas”, explica.

 

Impacto

Estas manifestaciones de violencia también tienen un impacto psicológico y emocional: el 73% de las víctimas siente frustración o impotencia, el 61% inseguridad, el 45% estrés o ansiedad, el 38% miedo y el 25% inestabilidad emocional después de un ataque. Baja autoestima, vergüenza, depresión y culpa, son algunos otros sentimientos que aparecen.

Sin duda, las consecuencias de las personas que están lidiando con estas vivencias son grandes. “Sienten miedo de hacer sus cosas normales en el día a día porque las personas que te atacan se esconden en el anonimato. Si sales a la calle no sabes si tu atacante es la persona con la que te cruzas en cualquier momento, si es tu compañero de clases o tu vecino”, dice Flores.

Por su parte, Andrea Wakeham, asistente de la dirección de la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS), explica que hay un desenganche emocional que supone la pantalla y el anonimato en línea. “No ves a la víctima y generas una distancia emocional que te hace creer que existe un derecho a una opinión y no sabes que vulneras los derechos de otras personas. No te das cuenta del daño que estás causando”, dice.

Ante ello, de acuerdo al estudio, el 42% de las víctimas cambiaron su frecuencia de uso de internet, el 65% cambió sus maneras de relacionarse con su red de contactos y el 34% afirmó que ya no sigue publicando el mismo tipo de contenido después de algún acto de agresión.

 

Resistir

Marieliv Flores indica que el estudio también revela que las personas que lidian con este tipo de violencia han encontrado mecanismos de resistencia, de respuesta y de defensa. “Desde tener estrategias de autocuidado, usar redes de soporte para aliviar la carga emocional. Algunas activistas comentan que suelen tener dos perfiles, uno privado para la familia y otro público para su activismo”, cuenta.

En ese sentido opina Andrea Wakeham, quien dice que “así como hay todos estos espacios que proliferan para agredir, hay espacios de resistencia. Si no generamos una cultura de cuidado, de respeto mutuo, de reconocimiento de la diversidad en redes sociales, entonces la gente solo va a poder responder desde la resistencia”.

Por su parte, Jackeline Velarde, coordinadora de Diversidad y Ciudadanía de la DARS, explica que, a pesar de las distintas modalidades de violencia de género en línea, el internet también es un espacio donde los jóvenes pueden encontrar herramientas para defenderse como comunidad.

“Las nuevas generaciones son de nativos digitales y saben manejar las redes desde que son niños. Desde mi punto de vista, las redes son una gran herramienta para la transformación. El activismo nace del sufrimiento, de cómo respondo a esto que me daña de manera colectiva”, explica.

Velarde explica también que la PUCP tiene mecanismos para sancionar la violencia en las redes sociales que alcanza a todos los miembros de la comunidad PUCP pero agrega que se necesita desarrollar  acciones más integrales. “El estudio también menciona las graves consecuencias psicológicas y emocionales que tienen este tipo de manifestaciones de violencia y estamos encargados de construir una comunidad universitaria tolerante, respetuosa y que conviva en paz. Si bien hay una modificación del reglamento para sancionar una falta, se necesita una normativa más amplia sobre lo que significa este tipo de violencia, así como sus distintas manifestaciones para sensibilizar y prevenir”, finaliza.

Mira el estudio completo en: https://hiperderecho.org/tecnoresistencias/informe/

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