Letras y humanidades
Entrevista

“Por primera vez, ofrezco la etimología de las palabras (en quechua), de dónde provienen y cómo eran”

El padre franciscano Francisco María Ráez (1851-1949) fue un estudioso del quechua huancaíno y ayacuchano que, además de publicar algunas de sus investigaciones, dejó inédito un diccionario del quechua-huanca. Cuando este manuscrito llegó a manos del profesor Cerrón Palomino –a través de su colega César Itier– empezó a trabajarlo en los espacios que le quedaban entre sus otras obligaciones. No fue sino hasta que se planteó publicar este texto, a través del Instituto Riva-Agüero, que pudo darle mayor dedicación y trabajar con la eficaz asistencia de Sergio Cangahuala, alumno de nuestra Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Así, vio la luz el “Diccionario Huanca quechua-castellano, castellano-quechua”, que se presenta este 1 de agosto en la Feria del Libro de Lima.

Autor: Julio Huamán
Rodolfo Cerrón-Palomino

Rodolfo Cerrón-Palomino

Profesor principal de Lingüística del Departamento de Humanidades

¿Cuál es la relevancia de este libro para seguir explorando la lengua?
Por primera vez, tenemos un material léxico amplio que cubre toda la región y la presentación que hacemos es lo más didáctica posible, con una ortografía y una escritura sencillas, de modo que no requiera de diacríticos, de acentos ni de diéresis, siguiendo la pauta de Francisco María Ráez. Es más accesible, no solo para los quechuistas aficionados de la región, sino también para cualquier interesado de la cultura regional que pueda acceder al texto con mayor facilidad. Además, estamos en una situación en la que esta variedad dialectal está en proceso de extinción y sufre el embate de la fuerte penetración del quechua huancavelicano-ayacuchano, por la migración masiva de estos pueblos después del fenómeno de Sendero Luminoso, que se acentuó e invadió el valle del Mantaro. Aquí presentamos un quechua genuino que debe servir de pauta para cualquier intento de reivindicación y defensa de la variedad del quechua regional.

¿Cómo fue el trabajo de campo para obtener el libro?
El trabajo de campo ha sido más bien de verificación, porque el material está contenido en el manuscrito. Este está en Ayacucho y felizmente fue salvado de la rapiña de los irresponsables aficionados que pululan en las bibliotecas. Fue un milagro porque la otra obra del padre Ráez sobre el quechua ayacuchano desapareció del todo. Esta es una edición interpretada del texto en la que ha sido útil mi larga experiencia en el trabajo de campo con el quechua del valle del Mantaro en los años 70 y otros trabajos que ya había publicado. Para mí era muy cómodo trabajar con este material. El análisis que habíamos ofrecido coincide en un 95% con lo proporcionado por el autor, el padre Francisco Ráez.

¿En este manuscrito también estaba la traducción inversa, de quechua a español?
No. Posiblemente el padre Ráez pudo haber publicado la versión castellana, pero no la hemos encontrado. Uno de los trabajos que emprendimos fue preparar esa versión castellano-quechua sobre la base de la información que proporcionaba en su versión quechua-castellano. Con algunos agregados y ampliaciones, evidentemente, porque había muchos vacíos. Todos los diccionarios se hacen en equipo, entonces la obra de una sola persona, quiérase o no, va a tener vacíos. No solo como parte del desconocimiento de la zona sino también por olvido. Entonces, hemos tratado de cubrir esos vacíos con los datos que teníamos en nuestros registros.

¿Cuánto tiempo tomó componer este libro?
El trabajo tomó un semestre. Lo más difícil fue digitarlo, ordenarlo, procesarlo y tratar de resolver los problemas de presentación, porque estamos hablando de un dialecto que se caracteriza por haber realizado una serie de innovaciones muy particulares que dificultan la escritura de la lengua. Había que tomar una decisión que conciliara un poco la tradición del mismo Ráez y los conocimientos históricos que tenemos de la lengua. Eso es lo que tomó un poco más de tiempo: evaluar una alternativa frente a la otra. Pero después el trabajo se hizo más llano y liviano. Sergio Cangahuala, alumno de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, nos ayudó de manera muy eficiente en la búsqueda de los tecnicismos relacionados con los nombres animales y vegetales.

¿El manuscrito era solamente sobre quechua huanca?
En realidad todo estaba en un solo volumen: el quechua huanca y el quechua ayacuchano. El padre, si bien es cierto, era huancaíno, vivió también en Ayacucho, donde murió, y ahí se familiarizó con ese quechua. De hecho, él escribe una pequeña gramática contrastiva de ambos. Yo siempre quiero destacar que, por primera vez en toda la historia de los estudios quechuísticos, el quechua huanca sirve de modelo y el ayacuchano es presentado teniendo en cuenta el modelo huanca. Por eso es que prepara también la gramática del quechua ayacuchano, un vocabulario que, lamentablemente, se ha perdido. Pero se ve cómo el texto ayacuchano fue arrancado del manuscrito y eso nos perjudicó. El apéndice que había escrito como complemento al vocabulario huanca solamente está hasta la letra P.

¿Piensa seguir actualizando el libro?
Bueno, el trabajo nunca termina. Una novedad en el texto es que, por primera vez, ofrezco la etimología de las palabras, de dónde provienen y cómo eran. Hay una faceta pre proto quechua central. Pero eso tiene su riesgo, porque siempre habrá oportunidad para revisarlo y mejorarlo. Uno mismo se da cuenta de que tal o cual planteamiento requieren de mayor evidencia. Si bien es cierto que hay vocabularios del quechua del valle de Mantaro, son parciales, pero este texto cubre buena parte del tesoro léxico del quechua huanca. Había que actualizarlo, porque esto fue escrito en el siglo XIX, tenía mucho léxico arcaico que respondía a la sociedad de entonces, sin quitarle el valor que le daba Ráez en su tiempo.