19 de junio del 2013

¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en la educación?

¿Qué desafíos presenta el docente al momento de diseñar estrategias de aprendizaje en red que faciliten la formación académica y la interacción con sus estudiantes? Mercè Santacana (España) y Javier Martínez (Chile) -invitados internacionales al VI Encuentro de Docentes, organizado por PUCP Virtual y que tendrá lugar en nuestro campus el 3 y 4 de julio- nos dan sus perspectivas.

Para Santacana, licenciada en Psicología, Maestría en Educación y nuevas tecnologías, el principal atributo de las TIC en la enseñanza es la transformación del rol del alumno, que ha pasado de ser un receptor pasivo de información a un creador participativo que interviene directamente en la construcción de su propio aprendizaje. “Con la incorporación de la web 2.0, se produce una alternativa a la jerarquización y unidireccionalidad tradicional de los entornos formativos y surgen nuevos roles para docentes y alumnos orientados al trabajo autónomo y colaborativo”, precisa. En este escenario, el docente deja de ser un mero transmisor y se convierte en un orientador del alumno.

Martínez, por su parte, es especialista en proyectos orientados a la mejora de resultados a través la mejora del desempeño mediante la gestión del conocimiento, trabajo colaborativo y del aprendizaje presencial y virtual. Él cree que las ventajas de la aplicación de las TIC dependen de la forma cómo se utilicen: “Si las empleamos para seguir haciendo lo mismo que en los procesos educativos tradicionales, no solo no mejoramos la experiencia educativa sino que la empeoramos”. Por ello, señala que las TIC se deben emplear para ejecutar tareas que resultan difíciles de hacer en un aula presencial, como plantear simulaciones, incorporar expertos de cualquier parte del mundo, entregar feedback inmediato, personalizar la experiencia de aprendizaje, etc.

Alumnos del nuevo milenio

Los adolescentes y jóvenes de hoy son la primera generación del nuevo siglo (“millennials”), crecieron rodeados de tecnología, viven en las redes sociales y la inmediatez es parte de su vida.

Dentro de este perfil generacional, ¿cómo es el estudiante 2.0? “Los alumnos de hoy tienen una aprendizaje más intuitivo y constructivo, aprenden mediante la experiencia. Es una generación que interrelaciona conceptos y aprendizajes constantemente, que descubre, interactúa y crea”, precisa Santacana. Por su parte, Martínez observa que las tecnologías son medios y no fines, y que resulta más importante decidir qué cosas aprenderán los alumnos y no tanto la herramienta que utilicen. No obstante, considera que en muy poco tiempo será imposible plantearse aprender sin apoyo de la tecnología.

Aprendizaje en red

Por estos motivos, resulta vital que los maestros aprendan a manejar estas TIC y les saquen provecho, sobre todo aquellos que han nacido en las generaciones anteriores a este desarrollo. “En la vida siempre hemos tenido que adaptarnos a distintos cambios pero la gran diferencia con esta revolución tecnológica es que la velocidad del cambio es ultrasónica y global. Corramos a aprender y a cambiar de mentalidad o en poco tiempo no podremos adaptarnos al mercado laboral y nos quedaremos fuera”, reflexiona Santacana.

Antes  de implementar una estrategia de aprendizaje en red, Santacana considera que el maestro debe planificar cuánto tiempo le tomará atender a todos los alumnos –de forma individual y colectiva- para poder conseguir que estos respondan a los aprendizajes en el tiempo y modo oportuno. Martínez concuerda en afirmar que “para aprender, hay que practicar, cometer errores y apoyarse en otros que sepan más que tú. Aunque el aprendizaje es un proceso personal, se potencia cuando ocurre como un fenómeno social y colectivo”.

Rol del Estado

Con respecto al papel que debería cumplir el Estado para impulsar estas iniciativas educativas en red, Santacana opina que debería ser el principal impulsor de esta revolución debido a que “tiene el poder para cambiar leyes, crear las infraestructuras en todo el país para llevar las TIC a todos los rincones y es quien debe proveer y velar por la gratuidad del servicio”.

Martínez considera que, adicionalmente, el Estado “es responsable de garantizar un sistema educativo que sea coherente con los objetivos de un plan país pero no de decidir qué enseñar ni cómo hacerlo. Debe guiar el proceso y asegurarse de que participen todos los actores relevantes”. De esta manera, se podrá formar a ciudadanos con las habilidades y comportamientos necesarios para cumplir estas metas nacionales.

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