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Opinión

SpaceX: de vuelta al espacio

  • Jorge Heraud
    Director del Instituto de Radioastronomía (INRAS-PUCP) y docente principal PUCP

Es indudable que la humanidad está entrando a la orilla del océano cósmico con fines de aprender y explorar. Tal como España construía sus carabelas y sus brújulas magnéticas en Sevilla, vehículos y tecnología fundamental para entrar a «la mar-océano» desconocido, ahora hacemos lo mismo para salir al espacio. Todo conocimiento científico va perfectamente de la mano con la comprobación experimental, por eso, la tecnología debe evolucionar o no habrá avance posible.

Todo conocimiento científico va perfectamente de la mano con la comprobación experimental, por eso, la tecnología debe evolucionar o no habrá avance posible».

El 30 de mayo último, el vuelo del cohete Falcon y la cápsula Dragon a la Estación Espacial ISS empezó una nueva etapa y un renovado compromiso en el camino al espacio, tal como lo hicieron el Sputnik, primer satélite terrestre; Gagarin, primer hombre en órbita; Neil Armstrong, primer representante del Homo Sapiens en pisar otro cuerpo celeste; y la Estación Espacial Internacional. Hace 9 años, el sistema de transporte a órbita terrestre, el transbordador, salió de servicio después de 30 años y de haber colocado a 848 personas de 16 países en órbita, y la falta de un segundo modo de transporte a la Estación Espacial estuvo vinculada a una ausencia de interés por volver al espacio con medios propios, usando una antigua cápsula Soyuz para el acceso a ella.

Foto: NASA/Joel Kowsky

El 30 de mayo último, el vuelo del cohete Falcon y la cápsula Dragon a la Estación Espacial ISS empezó una nueva etapa y un renovado compromiso en el camino al espacio».

El nuevo brío lo puso el emprendimiento de empresas que plantearon a la NASA actividad propia y competitiva; tras un proceso de selección, Boeing y SpaceX terminaron sus cápsulas StarLiner y Dragon, respectivamente, soluciones propias para retomar la capacidad de “salir de casa” e ir al espacio, volver a la Luna y, más adelante, empezar la colonización de Marte. Se trataba también de eficiencia y costos, de convertir los viajes fuera de nuestro planeta, de aventura peligrosa y cuestionada en más segura, con ventajas económicas y avance humano. El largo camino a Marte será una aventura con participación internacional, pero antes se tenía que construir las nuevas “carabelas y las brújulas”.

El nuevo cohete Falcon 9, capaz de alcanzar órbita baja, estaba listo para hacerlo y regresar verticalmente a su plataforma para ser reusado. Dragon, la nueva cápsula, es mucho más pequeña y barata que el transbordador Atlantis. Si bien está diseñada para transportar hasta 7 astronautas a órbita, esta vez se instalaron 4 asientos y llevó solo a 2 astronautas norteamericanos en su primer vuelo tripulado. El mensaje de continuidad y compromiso en el retorno al espacio lo puso el astronauta Doug Hurley, último comandante del transbordador Shuttle Atlantis STS-135, al fin del programa en el 2011, y ahora es comandante del Dragon.

Foto: NASA

Hemos visto nuevos trajes espaciales, nuevas facilidades y tecnología, una mayor confianza en las ‘nuevas velas’ para navegar al futuro. Debemos prepararnos mucho más como país para participar en el salto que vendrá en ciencia y tecnología».

Muchos se han preguntado ¿por qué le ha tomado a Dragon casi 19 horas llegar a la Estación Internacional, situada a una altura de 400 km, cuando solo había tomado 12 minutos al cohete Falcon en subir hasta los 200 km? Es un asunto de energía utilizada: el cohete Falcon con sus 9 motores debía subir primero verticalmente y luego inclinarse horizontalmente para la inserción en órbita, así proporcionaba la alta velocidad requerida. Dragon debió realizar varios cambios de órbita con sus reducidos cohetes laterales. Esto se logra agregando “cantidad de movimiento” o “momentum”, llamado en astronáutica “delta v”, un cambio en la velocidad tangencial orbital, que, según un principio físico, eleva su órbita pero termina moviéndose a menor velocidad: curioso resultado de la mecánica orbital. Incrementos de velocidad de 16.11 m/s, 44.2 m/s y 57.89 m/s cambiaron la órbita para aproximarse a la Estación Espacial, que, a los 400 km de altura, tiene una velocidad orbital de 27,576 km/hr.

Al final, la cápsula esperó fuera de la “esfera de seguridad” de 400 m de diámetro alrededor de la Estación Espacial, y, una vez que se cumplió el protocolo, inició su lenta y cuidadosa aproximación a 10 cm/s hasta lograr acoderar a la Estación. Era 9:15 a.m. del 31 de mayo en Lima y el Falcon ya estaba en su plataforma hace 19 horas.

Hemos visto nuevos trajes espaciales, nuevas facilidades y tecnología, una mayor confianza en las “nuevas velas” para navegar al futuro. Debemos prepararnos mucho más como país para participar en el salto que vendrá en ciencia y tecnología. De nuestra visión presente dependerá que un país, orgulloso de su pasado, no se quede sin futuro.

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