Sobre la copa de los árboles más altos de la Reserva Nacional Tambopata, científicos de un consorcio internacional liderado por la PUCP investigan el acelerado deterioro de los bosques tropicales a causa del cambio climático. Una torre de monitoreo, operada por el Instituto de Naturaleza, Tierra y Energía (INTE), proporciona variables del intercambio de gases invernadero como parte de un trabajo pionero, dirigido por la Dra. Norma Salinas y el Dr. Eric Cosio. Junto con otras tres torres, en tres regiones, e información obtenida en parcelas de monitoreo, se estudia la Amazonía occidental, un ecosistema amenazado del cual depende el ciclo hidrológico de buena parte de América del Sur.
Reportaje: Rafaella León
¿Qué les espera a los bosques tropicales de la
Amazonía? ¿Lo que pase con ellos nos dirá qué pasará con el agua? ¿Por qué los árboles más
grandes de Tambopata están muriendo? Arribamos a la ciudad de Puerto Maldonado, en Madre de
Dios, con un cargamento de preguntas que en los siguientes tres días serían respondidas por
los investigadores al frente de la expedición: el Dr. Eric Cosio y la Dra. Norma Salinas. Con
botas de caucho, mochilas al hombro, viajando en chalupas, cargando pesados equipos
tecnológicos en la espesura del bosque, por encima de los 30°C de temperatura, los
investigadores del INTE PUCP dejan por un momento el ajetreo académico de las clases, las
evaluaciones, las charlas y los congresos internacionales sobre cambio climático para
integrarse por completo al entorno amazónico y sus dinámicas
ecológicas.
Viajamos durante tres horas -primero por
carretera hasta llegar al caserío de Puerto Infierno y luego surcando el río Tambopata hasta
su confluencia con el río La Torre-, llevando provisiones y equipos de laboratorio, rumbo a la
Reserva Nacional Tambopata. Suelen hacer este viaje varias veces al año, incluso con
estudiantes, tesistas y doctorandos que complementan sus investigaciones con información de la
torre de flujos PE-TNR, la primera en el Perú de monitoreo de intercambio de gases entre la
atmósfera y el bosque, especialmente carbono y vapor de
agua.
El apoyo académico y de fondos nacionales e
internacionales son indispensables para la investigación, así como para asegurar oportunidades
de colaboración, continuar el estudio y equipar la torre, de más de 50 metros de altura,
operada por la PUCP. De ahí que esta vez los acompañaron también expertos en análisis de
química de suelos de la Universidad de Oklahoma, interesados en conocer directamente el
trabajo de campo de los investigadores del INTE, tanto en la torre como en parcelas
forestales, y que está dando luces sobre el cambio en el comportamiento de los
bosques.
Redacción,
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Las mediciones obtenidas se contrastan con
información de un conjunto de parcelas de monitoreo -algunas, parte de la Red Amazónica de
Inventarios Forestales (Rainfor)- evaluadas por la Dra. Salinas y su equipo de biólogos. Esa
combinación de datos es un paso previo al modelado, lo que permite estudiar las perspectivas para la
Amazonía occidental sur. “Tenemos una hectárea de bosque inventariado, cada árbol mayor a diez
centímetros de diámetro, medido a 1.30, tiene un número e identificación. Así, cada año medimos el
crecimiento, su altura, la densidad de su madera y también la madera muerta del área. Con una
fórmula alométrica, determinamos tanto la productividad primaria bruta como la neta (cuánta biomasa
está capturando un árbol y cuánto carbono está asimilando)”, explica la Dra. Salinas. “La torre nos
da esos mismos valores; nosotros tenemos que confirmar con las ecuaciones alométricas cuán ciertos
son”, expresa.
¿Qué les está diciendo el bosque?
“Estamos inventariando cada año este bosque y hay información preocupante. Hemos encontrado -tanto
en datos de la torre como en datos de parcelas- que, por épocas, ya no captura CO₂”, advierte la
Dra. Salinas. “Están habiendo muchas más caídas de árboles grandes, lo que hace que el bosque
entre en un proceso de descomposición de materia orgánica mucho más rápido. Por lo tanto, todo el
CO₂ que esos árboles guardaron por muchos años se libera al ambiente”, expresa. Como todo en la
ciencia, esta dinámica es mucho más compleja, “estamos volviendo a procesar mucha información”,
explica el Dr. Cosio. “Buscamos averiguar si es un patrón que está siguiendo el bosque”, apunta la
Dra. Salinas.
Después de años de estudios, los
investigadores han podido comprobar que la sucesión constante de especies -un proceso común en el
bosque tropical- se está acelerando en Tambopata. Un factor determinante en este fenómeno son las
sequías, más prolongadas y frecuentes. “Están siendo más duras y eso afecta el ciclaje de
nutrientes, las hojas secas pueden estar ahí botadas y no se descomponen rápido. Es un factor
importante, afecta al árbol antiguo que, sin nutrientes, no puede continuar su ciclo. Los vasos
vasculares internos, por donde el árbol transporta agua del suelo hasta la copa, colapsan. Se
produce una serie de problemas fisiológicos y el árbol
muere, de pie o se cae por vientos fuertes”, explica la
Dra. Salinas.
Durante una
primera caminata en los alrededores del albergue que les sirve de base de
operaciones –el Explorer’s Inn, el más antiguo en la Reserva Nacional Tambopata,
instalado en 1975-, la Dra. Salinas y el Dr. Cosio comentaron algo con
preocupación.
— “El suelo del bosque
debería estar húmedo en esta época, pero está seco…”
— “Nunca lo había
visto tan seco como ahora…”
— “El bosque ya se está
deteriorando…”
En los últimos años han podido
comprobar el cambio en la composición de los bosques y su diversidad de especies,
debido a alteraciones climáticas. Han observado también que, por temporadas, el
bosque deja de ser un sumidero de carbono para convertirse en fuente, y que esas
emisiones están relacionadas -entre otras variables- con sequías más prolongadas,
con el incremento de la mortalidad de los árboles grandes, los más antiguos, de
madera más dura; y, al mismo tiempo, con la proliferación de las especies
oportunistas que toman su lugar, con menor densidad de madera y almacenaje de corto
plazo. “El bosque africano de la cuenca del Congo está muy afectado por dinámicas
humanas, pero tiende a ser más resiliente a cambios ambientales que el bosque
amazónico. Al igual que muchos otros, este se está deteriorando, pero a una tasa
mucho más elevada. Es uno de los bosques más importantes a nivel de ciclaje de
carbono y de agua en el planeta, y, sin embargo, va a sufrir más”, explica el Dr.
Cosio, director del
INTE.
Estas aproximaciones responden a
más de una década de estudios en parcelas y en la torre PE-TNR, la primera en ser
instalada por la PUCP en la parte occidental de la Amazonía, de la que hasta ahora
se tenía muy poca información. A partir del 2016, con las variables obtenidas de
los medidores de flujo, instalados sobre el dosel del bosque, y la que se registra
con medidores en suelo, llevan adelante este trabajo pionero en Latinoamérica,
enfocado en recoger información de la Amazonía occidental. La Dra. Salinas remarca
su importancia: “No se trata de investigar únicamente lo que pase con los bosques,
es mucho más que eso. El deterioro del bosque amazónico amenaza el transporte
hídrico de toda la región. Si no tenemos agua, las sequías van a ser más
frecuentes (…), dependemos de la humedad que venga de esta parte de la
Amazonía”.
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Se cuenta con suficiente información de la Amazonía central, Brasil lleva décadas de ventaja investigando su comportamiento. En cambio, muy poca atención se había puesto en la Amazonía que involucra a Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia. Sus suelos y patrones de lluvia diferentes, así como su cercanía a los Andes, le otorgan un papel determinante en el proceso y transporte hídrico que proviene del Atlántico y fluye hacia el sur del continente. “El objetivo de este trabajo es crear un sistema de monitoreo ecohidrológico”, afirma el Dr. Cosio. “Lo que pase con estos bosques definitivamente nos dice qué sucederá con el agua, y el agua va a determinar lo que pasará con todo”, dice.
El
transporte hídrico está condicionado por dos componentes primarios que aportan agua al sistema amazónico.
“El primero es lo que entra por evaporación del agua del Atlántico, ese torrente hídrico es traído por los
vientos hacia el oeste y contribuye a las precipitaciones”, explica Cosio. El segundo factor es el
reciclaje del agua que se precipita sobre la Amazonía central. “Los bosques mueven una enorme cantidad de
agua, la reciben en forma de precipitación; al mismo tiempo, esa agua no solo percola en el suelo, sino
que es capturada por los árboles como parte de la fotosíntesis. Al intercambiar gases con la atmósfera
abren sus estomas, de tal manera que la succión de agua del suelo sale como transpiración por las hojas
generando una corriente de agua atmosférica enorme. La cantidad de agua de la transpiración del bosque que
contribuye a las precipitaciones en la Amazonía puede ser hasta más de un tercio del ciclo total del
agua”, continúa el Dr. Cosio.
El
bosque produce y recicla su propia agua, de ahí que el transporte hídrico no sea lineal, sino circular
(ocurre la precipitación, luego la evapotranspiración del bosque y luego vuelve a precipitar), a medida que
se va moviendo al oeste. Por otro lado, mientras que en la Amazonía central se observa un patrón de
transporte hídrico de este a oeste, la Amazonía occidental tiene un transporte atmosférico de agua que va de
norte a sur. A este se le conoce como el chorro sudamericano de baja altitud.
Especiales multimedia:
Fuente: Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP)
Sobre
un suelo poco profundo y más seco de lo normal nos dirigimos a la torre Ameriflux PE-TNR, a lo largo de un
kilómetro y medio de bosque primario, portando botas altas de caucho y rociados con repelente hasta en la
ropa. La torre es conocida también por el nombre Sages (Alianza Escocesa para las Geociencias, el Ambiente y
la Sociedad) y debe su financiamiento al investigador de la Universidad de Edimburgo, John Grace. En el
2011, cerca de jubilarse, el profesor Grace le comentó a la Dra. Salinas que estaba interesado en poner una
torre de monitoreo en Brasil. Ella le propuso una idea mejor. “En Brasil tienen muchas torres, ¿por qué no
la instalas en el Perú? Estaría más cerca del lado occidental de la Amazonía, se sabe muy poco de su
relación con los Andes(…)”, lo
convenció.
La
Dra. Salinas, que trabajaba en ese entonces en la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco,
involucró a su colega de la PUCP, el Dr. Cosio. Bajo su batuta, el proyecto consiguió financiamiento
británico, y se firmó un convenio para la investigación y monitoreo del bosque de Tambopata con la
Asociación para la Investigación y Desarrollo Integral (Aider), a la cual el Estado había otorgado un área
en concesión.
El
siguiente paso fue conseguir los equipos de alta precisión para la medición de dinámicas del ciclo del
carbono y del agua, así como instrumentos de medición meteorológica. Todo fue traído de Brasil, pues no
había antecedentes de este tipo de estudios ni desarrollo de la metodología
de covarianza (técnica
micrometeorológica) en el país.
Tampoco
se contaba con personal que conociera el funcionamiento de los equipos de medición ni la metodología de
procesamiento de datos. Hubo que aprender con manuales, libros, adaptando los procesos a las condiciones del
terreno y luego realizando capacitaciones. “Al inicio todo fueron tropiezos, no conocíamos esa tecnología,
tuvimos batacazos en el piso para aprender. Ahora tenemos información muy buena, confiable”, comenta la Dra.
Salinas, recordando los inicios.
Tratar de entender cómo será el
comportamiento de la Amazonía frente al cambio climático ha llevado a los
investigadores Cosio y Salinas a ampliar su iniciativa hasta alcanzar un sistema
de torres -llamado AndesFlux- que se distribuyen a lo largo de una
gradiente latitudinal. “Perú tiene la enorme ventaja de que es un ‘Brasil’ en
pequeño, tenemos toda la transición climática de ese país, pero en un espacio
más chico, ideal para la investigación del bosque amazónico por medio de la
medición de intercambio de gases”, explica el profesor
Cosio.
Actualmente, además de la torre de
Tambopata, la PUCP opera otras tres, todas equipadas con instrumentos que miden
las dinámicas del ciclo de carbono y agua. “Luego de decidir apostar hasta la
camiseta en este sistema de torres, sucedieron dos cosas: se fueron sumando
proyectos extranjeros que apoyaron el nuestro; y, justo antes de la pandemia, la
Dra. Salinas ganó un fondo de Concytec, además de apoyo de una empresa francesa.
Conseguí el resto del dinero y terminamos de consolidar las torres del norte”,
continúa el director del
INTE.
“El hecho de poner las torres a lo
largo de la gradiente latitudinal va a dar información valiosa para estudiar los
impactos ecohidrológicos en la Amazonía occidental. No se está viendo el conjunto
de problemas que puede causar la pérdida de la Amazonía, no solamente al Perú,
Brasil o Colombia; toda Latinoamérica será perjudicada. En Lima, incluso, vamos a
tener escasez de agua. Lo que pase con el bosque amazónico occidental impactará en
todo”, remarca la Dra. Salinas.
En
Madre de Dios, se
encuentra la torre Los
Amigos,
dentro de la Estación Biológica y Área de Conservación Privada Los Amigos. “Con
sus propios desafíos, pues es zona minera" , refiere el Dr. Cosio. El área abarca 146
mil hectáreas para la investigación y conservación de biodiversidad, y se ubica
cerca al Corredor Minero de Madre de Dios, bordeado por la Carretera
Interoceánica.
Más
al norte, en Huánuco, se encuentra
la torre
Panguana,
instalada en septiembre del 2023 dentro
del área
de conservación privada
Panguana, en la provincia de Puerto Inca. Esta
estación de investigación existe desde la década de 1950, cuando
los biólogos
alemanes María y Hans-Wilhelm
Koepcke escogieron para trabajar un área de 2
km² dentro de bosque virgen, a pocos metros del río Yuyapichis. Hoy en día es
una reserva natural privada reconocida oficialmente por el gobierno
peruano.
A su vez, los árboles de madera suave y menor
densidad crecen más rápido. Estas especies vegetales de almacenaje de ‘corto plazo’ son las que
viven del bosque: lianas y
trepadoras que se prenden de los árboles, y,
eventualmente, los hacen más frágiles. Además, el incremento de CO₂ las fertiliza más que a los
árboles grandes. “Estas lianas tienen una dinámica de carbono efectista, asimilan carbono muy
rápidamente, no invierten en infraestructura de soporte”, apunta Dr.
Cosio.
De regreso por la trocha, entre chimeneas de
nidos de cigarras, carreteras de hormigas cortadoras, colonias subterráneas de termitas, bambúes y
lianas buscando cómo llegar arriba por luz, y colosales ficus con raíces tan altas que forman
túneles y cercos, nos topamos con un muro de un metro y medio de alto en forma circular. Estábamos
ante la base de la raíz de un árbol grande, caído posiblemente uno o dos años atrás. “El suelo acá
no es muy profundo, los árboles con las raíces superficiales y que sufren daños por falta de agua,
con el peso, terminan cayendo”, explica la Dra. Salinas. “Lo malo es que la mortalidad es de los
árboles antiguos y pesados. Como resultado, el almacenamiento de carbono en el bosque disminuye”,
afirma el Dr. Cosio.
Buena
parte del papel que juega la Amazonía está integrado dentro del modelo atmosférico de transporte de agua,
que va a ser afectado por el cambio climático, así como por factores topográficos y ecosistémicos. Si la
temperatura sube, las sequías se tornan más frecuentes y prolongadas. Como consecuencia, ese torrente
hídrico que viaja a una altura de dos kilómetros por sobre la Amazonía, cargando 20 mil millones de
toneladas de agua al día en forma de vapor, se interrumpe. “¿Qué pasa cuando
empezamos a alterar la temperatura, y se intensifica con fenómenos climáticos, como el de El Niño? Empezamos
a tener sequías grandes que exceden los límites de adaptación de los árboles de la Amazonía. En ese momento,
el componente de reciclaje de agua desaparece”, explica Cosio.
“Si
no tenemos bosque sino pastizal, ese transporte hídrico se volvería menos eficaz, lo que provocaría
condiciones más secas, aumento de las temperaturas y patrones climáticos alterados, no solo a nivel local
sino en todo el continente”, señala la Dra. Salinas. Esto desencadenaría una serie de impactos ambientales y
económicos en cascada. “La movilización del transporte hídrico atmosférico es un factor muy importante para
entender cómo va a afectar el cambio climático no solo a la Amazonía, sino a todo el continente
sudamericano”, continúa.
40% del
carbono
Fuente: Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)
liberan los árboles a la atmosfera cada día, a través de la transpiración.
20 mil millones
de toneladas de vapor
de agua
que reside en la vegetación de la Tierra es almacenado por los bosques tropicales de la Amazonía
Los
equipos de alta precisión y frecuencia están ubicados a 53 metros de altura, y proporcionan variables
biológicas y físicas del bosque. Además de perfiladores meteorológicos de humedad, radiación y temperatura
ambiental, se cuenta con un anemómetro de ultrasonido, que permite medir la dirección del viento en tres
ejes o dimensiones. Los sensores ultrasensibles pueden dar información en una fracción de segundo sobre el
movimiento de una molécula de agua: se puede determinar si esta proviene de la atmósfera o de la superficie,
o cuánta concentración de carbono contiene.
“Las
dinámicas aquí se miden por viento, que se mueve y deja una huella. En el caso de Tambopata, esa huella
involucra un radio de casi un kilómetro, la torre hace promedios constantemente en toda esa área. Eso es
lo que nos está ayudando a medir los flujos o el intercambio de gases entre vegetación y la atmósfera”,
explica el Dr. Cosio. En la torre también se cuenta con un medidor de CO₂ calibrado, que registra
concentraciones exactas, información que utiliza la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de la
Nasa (NOAA) para contrastar sus propios indicadores atmosféricos.
La red de torres de monitoreo de la PUCP
seguirá ampliándose a medida que los fondos y la cooperación académica local e
internacional continúen. “Amigos de la Sociedad Zoológica de Frankfurt están
interesados en poner una torre en Tres Cruces, la parte altoandina del Manu;
incluso en la zona del Napo, donde queremos estudiar las emisiones de metano”,
explica la Dra. Salinas. El profesor Cosio añade que hay una posibilidad de unir
las torres a una red del Ecuador, con cooperación
alemana.
“La PUCP tiene una oportunidad única
para ser una voz importante a nivel global acerca de lo que está pasando en los
trópicos”, señala Tim Filley, geólogo de la Universidad de Oklahoma, parte de la
comitiva a la torre de Tambopata. “Para mantener la red de torres de flujo que los
profesores Cosio y Salinas manejan, debemos estar seguros de conectar su
investigación local con la investigación global en la búsqueda de entender la
resiliencia y el cambio que está sucediendo en los bosques tropicales”, resalta el
también director del Institute for Resilient Environmental and Energy Systems de
la misma
universidad.
“Soñamos con Norma todo esto. Se ha
generado una bonita familia con expertos de todo el mundo que vienen aquí a
trabajar”, cuenta Cosio contemplando desde su base la inmensa torre de Tambopata.
Le falta una mano de pintura, los monos aulladores a veces hacen de las suyas
trepados en los sensores -que pueden llegar a costar varios miles de dólares-,
pero nada los distrae en su empeño por ampliar la red de apoyos y seguir formando
a los investigadores que, en algún momento, deberán tomar la
posta.
De regreso a Puerto Maldonado, en
la chalupa que surca el río Tambopata, el conductor nos muestra dragas y
maquinaria de mineros informales en una de las orillas. “Viene la Marina, los
hace explotar y a los dos o tres días ya están regresando de nuevo”, dice. La
resiliencia que puede mostrar la naturaleza, y que más de una vez ha sorprendido
a los investigadores, a veces ya no es
suficiente.
estaciones
son parte de Ameriflux, red mundial de monitoreo a la que pertenecen las cuatro torres que opera la PUCP en el Perú.
Fuente: Panguana.de
700
En
el monitoreo de flujos participa otro componente, el analizador infrarrojo de CO₂ y agua, un cilindro con
una cámara interna en cuya celda se analiza el gas a alta frecuencia (puede medir entre 10 y 20 Hertz, es
decir, se obtienen de 10 a 20 datos por segundo). “Es una manera de medir la fotosíntesis y la respiración
del bosque: dice cuánto dióxido de carbono está saliendo y cuánto se está capturando. Pero la ecuación es
más grande porque mide cuánta energía está reflejada en la superficie de la atmósfera, lo que indica cuánto
hay de temperatura y, por lo tanto, cuánta agua se va a evaporar desde las hojas para formar el vapor que va
a la atmósfera”, detalla el Dr. Cosio.
Antes
no se tenía registro de cómo funcionaban estos bosques; se hacían estudios cada año o dos años para
comprobar el aumento en biomasa y cuánto representaba en carbono capturado. Pero este tipo de
infraestructura ofrece el flujo de CO₂ neto en una escala fina en el tiempo y ese dato puede contrastarse
con variaciones climáticas puntuales. “Se puede tener una respuesta inmediata para saber, por ejemplo, qué
ha pasado durante la sequía, cómo se ha alterado el bosque, cuánto tardará en recuperarse”, explica Rudi
Cruz. El biólogo cusqueño, formado con los profesores Cosio y Salinas, hoy lidera una nueva generación de
investigadores jóvenes, entregados al estudio y la protección de este delicado ecosistema
amazónico.
53
tiene la torre de
Tambopata, equipada con instrumentos que proporcionan variables biológicas y físicas del bosque.
Fuente:
INTE
metros de altura
2km²
es el área que abarca el monitoreo
del bosque desde la torre de Tambopata.
Fuente:
INTE
“Uno
de los objetivos de esta investigación es hacer más accesible esta información, poder darles valor a los
bosques, ver qué tan sensibles son ante el cambio climático, si como ecosistema van a poder seguir siendo
aliados estratégicos ante el calentamiento global, si con el balance de gases van a ser los que nos salven,
o si se está llegando a un punto de no retorno”, continúa Cruz. Con arneses y guantes antideslizantes,
estuvo a cargo de las labores de mantenimiento y calibración de los equipos en la parte más alta de la
torre. “Ocurre de todo, a veces, las avispas meliponas construyen sus nidos dentro de los sensores, tenemos
que limpiar. A veces, hace tanto calor que trabajamos de noche, descargando los datos”, comenta.
Desde
lo alto de la torre se obtiene una vista cautivante del extenso manto verde de bosque protegido. Sin
embargo, está peligrosamente cercano a zonas amenazadas por actividad humana, especialmente el cambio de uso
de tierras para la ganadería, la agricultura, la minería informal y, sobre todo, la minería ilegal. En la
Amazonía sur, hay mayor presión humana directa por deforestación y cambio de uso de suelo masivo, como nunca
antes hubo, refiere el profesor Cosio. “Un factor clave para la destrucción ecosistémica fue la apertura de
la carretera Interoceánica, un grandioso desastre ambiental, además de una fuente de corrupción. Se sabía
cuál iba a ser el impacto y, en efecto, no ha fomentado el comercio con Brasil, sino solo el ingreso de
minería informal e ilegal. Ese es el daño: en estos momentos, las dinámicas sociales contribuyen al
deterioro de los sistemas amazónicos occidentales -en Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia- más que al cambio
climático”.
2,492
que están en proceso de inscripción
en el Reinfo pertenecen a Madre de Dios.
mineros
Fuente:
Mongabay
En el primer
trimestre del 2024, el proyecto de los
investigadores Salinas y Cosio concretó la
colocación de Breo, el cuarto mástil de monitoreo
de la gradiente latitudinal, esta vez dentro del
área de conservación comunal Biocorredor Martín
Sagrado, en la región San Martín. Lo interesante
de esta cuarta torre es que involucra a una
empresa francesa de bonos de carbono que beneficia
directamente a la comunidad. “La torre les dice
cuánto carbono están capturando sus bosques, de
tal manera que pueden comercializar afuera esos
créditos de carbono. La ganancia es una
oportunidad para crear otras actividades
económicas, es decir, genera progreso para su
comunidad”, explica la Dra.
Salinas.
Hace unos
meses, la torre Breo, ubicada en zona húmeda, cayó
debido a fuertes vientos. Fue vuelta a levantar, pero
con ayuda de la comunidad. “Va creciendo la red, todos
ven su importancia. Saben que es su referente para
manejar el clima. Se entusiasman cuando les mostramos
los resultados, se emocionan. Comprenden que deben
invertir en su propio bosque para que no deje de ser
su recurso. Eso es lo bonito, no solo vemos la parte
científica, sino que se extiende a la parte social”,
continúa la profesora
Salinas.
Los investigadores Cosio y Salinas son
conscientes de que este es un esfuerzo a largo plazo, de que la información de
las tres torres más jóvenes aún es insuficiente para recoger algunas
conclusiones; saben que necesitan más tiempo para identificar patrones más
claros sobre los cambios que están observando en estos bosques, debajo de los
Andes, y su importancia ecohídrica en toda la región. También están muy
pendientes de las decisiones y maniobras que, desde posiciones del poder
político, se están tomando para permitir el avance de actividades ilegales en
Madre de Dios. “Me causa pesar hablar de cómo las dinámicas sociales están
afectando los bosques. Lamentablemente, este Congreso y los políticos apoyan la
informalidad. La corrupción nos está haciendo retroceder décadas”, dice la Dra.
Salinas.
FOTO:
Conservación
Amazónica
FOTO:
Asrmin
Niessner
/
Panguana
Stiftung
La
Amazonía juega un papel crucial en el transporte de agua proveniente de los procesos de evaporación en el
Atlántico. El impacto del cambio climático sobre ese flujo afectará no solo a la Amazonía sino a todo el
continente sudamericano.
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