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La historia de un vuelo exitoso

Este año, con la colaboración del Grupo de Investigación en Sistemas Aéreos No Tripulados de la PUCP (GI-SANT), el Instituto Geofísico del Perú (IGP) consiguió que un dron sobrevuele un volcán en erupción y recabe información esencial para mejorar los sistemas de alerta temprana.

Autor: Akira Maeshiro | Fotos: Juan Pablo Azabache

En el 2016, una noticia marcó un hito en la historia de la aeronáutica en el país: por primera vez se realizaron pruebas con vehículos no tripulados (drones) sobre el volcán Ubinas, ubicado en Moquegua. Este proyecto del Instituto Geofísico del Perú (IGP) contó con la colaboración del Grupo de Investigación en Sistemas Aéreos No Tripulados de la PUCP (GI-SANT) y consiguió imágenes en alta resolución del cráter así como un modelo tridimensional. Sin duda, este avance tecnológico permite profundizar en la evaluación de la actividad volcánica en el país y, en ese sentido, mejorar los sistemas de alerta temprana.

El Ing. Andrés Flores, coordinador de GI-SANT y docente del Departamento de Ingeniería de nuestra Universidad, recuerda que en el 2015, IGP los contactó para ver la posibilidad de monitorear volcanes. “Dijimos que sí porque, por esas épocas, volábamos con bastante altitud. Nos hemos especializado en volar en zonas altoandinas”, cuenta.

Flores explica que se elaboró el proyecto y este consiguió el fondo del programa Innóvate Perú del Ministerio de la Producción. “La idea era apoyar con nuestros equipos y conocimientos ante esa necesidad. El sobrevuelo sobre el Ubinas demostró que se podía volar sobre los seis mil metros sobre el nivel del mar con nuestra tecnología”, dice.

Este 2018, este proyecto entró en una segunda y trascendental etapa que incluyó dos sobrevuelos, esta vez a un volcán en erupción como el Sabancaya, ubicado sobre los 5976 msnm, en Arequipa, durante el mes de septiembre y noviembre.

“En esta parte del mundo, los volcanes son muy elevados y no hay mucha investigación al respecto. Estamos hablando de una zona geográfica muy particular con una actividad volcánica importante”, dice Flores, quien destaca el valor de obtener la mayor cantidad de información a través de la tecnología.

Por su parte, el ingeniero aeronáutico Carlos Saito, investigador del GI-SANT, afirma que la importancia de la tecnología desarrollada radica en que permite simplificar los estudios que el IGP realiza. “Hemos podido obtener información casi en tiempo real porque el dron, desde donde hemos estado, hasta el cráter, en un vuelo de ida y de vuelta, demora unos quince minutos. Después de ese tiempo ya vas a poder tener data”, cuenta.

Saito explica que luego de que el Sabancaya erupciona, aparece una nube que, progresivamente, se disipa. “Allí mandamos el avión para que vuele a la altura de la nube y sus sensores de gases puedan medir la concentración”, cuenta.

Sobre el dron, el investigador explica que el modelo es “tipo avión” con diseño de ala delta. “Esto genera una mejor sustentación y permite volar más tiempo, con más peso, sin consumir tanta energía”, dice.

Vista del volcán Sabancaya (dron).

En los sobrevuelos de este año, Saito explica que al dron se le implementó una cámara GoPro y un módulo de censado de gases en el ambiente. Además, asegura que siempre hay que tener en cuenta variables como la planificación, el clima, las distancias del vuelo, la batería, entre otros.

“Es importante la planificación. Tenemos que buscar un buen momento del día con poco viento. Para este tipo de vuelo es importante saber por dónde entrará el dron y qué tantas pasadas quieres que dé al cráter para poder ver el volcán en todos sus ángulos”, agrega.

En general, más allá de lo trascendental de este objetivo conseguido, la experiencia adquirida por el GI-SANT, es clave para el futuro. “Los indicadores conseguidos nos sirven mucho porque no todo el tiempo podemos volar en campos de altura. Nos da una receta sobre cómo podemos utilizar esta información para otros proyectos y seguir experimentando”, dice Saito. “En la PUCP armamos un dron desde cero, lo configuramos y los probamos hasta que quede una máquina que vuele realmente bien y eso nos diferencia otros lugares”, completa.

Por su parte, el ingeniero electrónico, Mario Balcázar, también miembro de grupo destaca el desafío ha sido probar que, con la tecnología, se pueden llegar a sobrevolar los volcanes en diversas situaciones. “Tener equipos que se han elaborado aquí, tener herramientas de la universidad y mandar a volar al dron a esa altitud sobre un volcán, en una situación peligrosa, es un reto. La ambición que tenemos es que la tecnología que se desarrolla en la PUCP compita con otras de otras partes del mundo”, finaliza.

Como parte del proyecto, también participó Aurelio Rodríguez, quien es aeromodelista y tiene experiencia amplia en construcción de aviones.

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