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Informe PuntoEdu sobre la situación del fútbol peruano

La falta de institucionalidad, uno de los grandes problemas del fútbol peruano, ha provocado crisis en todas sus instancias. Conversamos con diversos especialistas de la PUCP sobre los desafíos de este deporte tan popular en nuestro país.

Autor: Akira Maeshiro | Fotos: Tatiana Gamarra

El fervor por la clasificación de la selección peruana de fútbol al Mundial de Rusia 2018 escondió la realidad que atraviesa este deporte en nuestro país: clubes intervenidos por el Estado a través de administraciones temporales, deudas impagables, canchas en mal estado, violencia y enfrentamientos internos. En ese contexto, la historia reciente de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), dirigida por Edwin Oviedo, asomaba como un curioso oasis de éxito y eficiencia en medio del caos. Sin embargo, la difusión de los “audios CNM” en los que el presidente de la FPF parece intercambiar favores con el exjuez supremo César Hinostroza ha enturbiado dicha gestión.

¿Cuáles son los orígenes de estos problemas? Noelia Chávez, socióloga por la PUCP, publicó, junto con Aldo Panfichi, Gisselle Vila y Sergio Saravia, El otro partido: la disputa por el gobierno del fútbol peruano, un libro que analiza el manejo del fútbol en el Perú a través de la sociología. “A lo largo de las décadas, las gestiones del fútbol peruano, tanto en la selección como en los clubes, no han sido muy diferentes. Han estado muy ligadas a la figura de dirigentes que ponen orden en la casa, de acuerdo con sus propios intereses y sin un plan a mediano y largo plazo”, señala Chávez.

Ella explica que en los noventa se buscó cambiar el esquema caótico de fútbol profesional que se desarrolló durante la década anterior. Para muestra, un ejemplo: el Torneo Descentralizado de 1989 se jugaba con 42 equipos, es decir, casi inviable. “La reestructuración creó, con Nicolás Delfino a la cabeza de la FPF, una suerte de eficiencia en algunos aspectos que casi nos permitió llegar al Mundial de 1998. Ese esquema pudo haber funcionado por unos cinco años, pero luego todo se tergiversó, y volvió el esquema patrimonial y clientelar, donde las dirigencias se querían mantener en el poder, como en el caso de Manuel Burga”, afirma.

En esa misma línea, el Mg. Jaime Pulgar-Vidal, docente del Departamento de Comunicaciones con experiencia en el periodismo deportivo en el país, señala que la falta de institucionalidad es el problema endémico del fútbol peruano. “Los equipos de primera división no nacen como instituciones con socios, sino para jugar al fútbol. A partir de allí, a algunos se les ha querido dar cierta institucionalidad que no han alcanzado. Otros, más tardíamente, con la idea del mercado, se han convertido en sociedades anónimas. En ese contexto, tenemos algunos clubes que funcionan bien, pero que no son los más populares; y otros que son lo más populares, pero que no funcionan adecuadamente”, lamenta.

Por su parte, el Mg. Daniel McBride, director de Estudios de la Facultad de Gestión y Alta Dirección, explica que el gran desafío del fútbol peruano es el fortalecimiento institucional de los clubes y del sistema de competencia. “Ya se han dado pasos importantes con el desarrollo del plan centenario y, específicamente, con el programa de licenciamiento; sin embargo, el fortalecimiento de los clubes no se puede lograr solo con incentivos y regulaciones desde la FPF, sino, principalmente, a partir del convencimiento y desarrollo de una estrategia de largo plazo de cada uno de los clubes”, dice.

Administración temporal

Uno de los principales temas de discusión es la eficacia de las administraciones temporales, creadas el 2013. Esta figura surgió hace algunos años, a través del Estado, con el objetivo de que clubes, como Universitario de Deportes, Alianza Lima, Cienciano, FBC Melgar y Sport Boys Association, puedan entrar a un proceso de reestructuración económica y así cumplir con las deudas que tenían con los acreedores.

“Las administraciones temporales se crearon con nombre propio para salvar a las instituciones más populares de este país. En el caso de Alianza, funcionó mejor cuando el acreedor mayor era la Sunat. Con un solo acreedor mayoritario, se pudo iniciar un proceso de pago. El problema con Universitario es que con dos acreedores mayores no han podido ponerse de acuerdo en cómo salir de esta figura”, apunta Pulgar-Vidal.

Pulgar-Vidal recuerda que en el fútbol argentino se discute sobre la posibilidad de arribo de las sociedades anónimas deportivas. ¿Es viable esa figura para que los clubes de fútbol sean sostenibles en el tiempo? Según él, no se trata de una alternativa para salvar a las instituciones. “Más bien, las sociedades anónimas podrían quebrarlas. Porque si el dueño no quiere más el manejo del equipo, lo quiebra. ¿Te imaginas que quiebren a Alianza Lima o a Universitario?”, opina. “No me cuadra la idea de meter a los clubes de lleno al negocio y, a partir de allí, convertir a sus hinchas en consumidores”, agrega.

Por su parte, McBride señala que se debería promover cualquier tipo de sociedad estatutaria que permita y promueva una gestión con enfoque en el futuro, que no se da, necesariamente, con las administraciones temporales. “Una empresa no solo espera generar utilidades el próximo año, sino estar en condiciones de ser más rentable en el mediano y largo plazo. En el caso de un club de fútbol, se esperaría que todos los que forman parte de su gestión deseen lograr resultados deportivos siempre y, para ello, es necesario gestionar el club para su desarrollo sostenible”, asegura.

McBride agrega que los clubes peruanos, en promedio, se ubican en el noveno lugar de Sudamérica. “Si queremos salir de este nivel, cada club debe desarrollar políticas institucionales que sean permanentes en el tiempo. Para que estas políticas se respeten y se adapten a los cambios del entorno, es necesaria una forma de organización que contribuya a ello y si bien las sociedades anónimas son una alternativa, no son la única”, explica.

Sobre esto último, el docente señala que entre las alternativas están las asociaciones sin fines de lucro así como otras formas societarias. “Lo importante es que exista un consejo directivo rotativo que establezca, y vele por el cumplimiento de la política de desarrollo y contrate al equipo de gestión que crea conveniente para lograr los resultados que se esperan”, dice.

Licencia para jugar

La Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP) tiene a su cargo la organización de los campeonatos de fútbol de primera división. Si bien está bajo la rectoría de la FPF, ha tenido cierta independencia en su gestión. Pero la FPF, a través de su comisión de concesión de licencias, busca dar las garantías para un buen desarrollo del torneo local.

Para Pulgar-Vidal, la FPF busca que la selección deje de ser una isla y que los clubes acompañen en el proceso de crecimiento del fútbol peruano. “Pero en el momento en que obligan a los clubes, con todos los problemas que tienen, a jugar en campos adecuados, han conseguido que muchos tengan que dejar sus sedes de local y se tenga que jugar en un mismo estadio muchos partidos”, indica.

“Se cree que con las licencias los equipos de la noche a la mañana tendrán todo y no será así”, dice. Para el docente, lo ideal sería priorizar las “instituciones serias” en el fútbol profesional. “Sería lo más realista. No tratar de rescatar a las que nunca lo fueron”, añade.

Por otro lado, McBride cree que el programa de licencias es uno de los componentes claves de la estrategia plasmada en el Plan Centenario 2022 de la FPF. “Ha sido una muy buena iniciativa para establecer un estándar de lo que se espera de un club de futbol a nivel de infraestructura, gestión deportiva y gestión administrativa”, dice. Si bien aclara que serán pocos clubes los que puedan cumplir con ese estándar, “lo que importa no es la licencia en sí misma, sino la intención del club de cumplir en el mediano y largo plazo”.

Para McBride, la comisión de licencias debe convertirse en un ente regulador moderno. “No tan enfocado en si se cumplen exactamente los procedimientos del reglamento, sino en velar que se cumpla la estrategia de desarrollo y los resultados que cada club se irá fijando en el tiempo para alcanzar el estándar”, finaliza.

¿Pura ilusión?

La clasificación de la selección peruana a Rusia 2018, luego de 36 años, marcó un precedente para el análisis. ¿Si la gestión del fútbol peruano es informal, por qué se consiguió una meta que asomaba inalcanzable? Para Chávez, existe una diferencia visible entre un fútbol profesional peruano que continúa con una lógica de gobierno muy poco eficaz y una selección, que ha creado una burbuja de eficiencia alrededor del comando técnico. “Y eso tiene que ver con que la dirigencia de la FPF haya dejado a Ricardo Gareca hacer su trabajo. Eso no ocurría en otros momentos en la selección, y eso no ocurre en los clubes profesionales donde los dirigentes no piensan en el mediano y largo plazo”, dice.

Para McBride, no debe desaprovecharse el éxito de la selección. “Tanto desde un aspecto deportivo como profesional, la selección ha puesto la valla alta como ejemplo de liderazgo, trabajo en equipo, compromiso y planificación. Espero que al menos en la selección ya no haya vuelta a atrás, y sirva de referencia a todas las personas encargadas de gestionar y desarrollar un club”, comenta.

Violencia

Uno de los grandes problemas del fútbol peruano es la violencia. Para Pulgar-Vidal, el origen es claro. “El fútbol nos muestra condiciones de masculinidad donde para ser más ‘macho’ tienes que ser más violento. El golpe que da la Policía también forma parte de este circuito de violencia. Cerrar estadios o evitar que los hinchas vayan también es violento y no lo entienden”, dice.

Según él, debe iniciarse un trabajo con las hinchadas para que entiendan que la masculinidad no tiene que ver con robarse una banderola. “¿Por qué no hacemos dobletes donde en el partido preliminar jueguen mujeres? El fútbol no es solo de hombres. Hay que acabar con la masculinidad malentendida que genera violencia”, indica.

Para Chávez, desde la sociología, el deporte siempre se ha visto como una transformación en este proceso de civilización de la guerra. Sobre ello, señala que el deporte junta identidades, las exacerba y puede llegar al punto de enfrentarse violentamente. “En nuestra sociedad, en vez de procesos educativos, se han hecho políticas restrictivas”, afirma.

Además, Chávez brinda una explicación clara sobre la influencia del fútbol en todos los sectores de la sociedad: el fútbol es un deporte de hombres. “Ha sido creado de esa forma y esa es una de las causas por las cuales une tanto, porque los hombres están en los puestos de poder. En esta pirámide tienen mayores oportunidades y eso también hace que tenga un rango superior a otros deportes”, detalla. Si bien el fútbol nos une -explica-, hay que “buscar otros elementos o impulsar otros enfoques que nos puedan dar muchas alegrías”.

Chávez cree que el fútbol es uno de los pocos fenómenos que puede juntar a una nación. “El deporte sí nos logra juntar bajo un mismo escudo, un mismo himno o una misma canción. Gritar juntos en un estadio logra crear este elemento de comunidad imaginada”, finaliza. Habría que aprovechar, en todo caso, ese poder para generar unión y no violencia.

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