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Noticia

El rastro de los huesos

Encontrar a las personas desaparecidas, y darles una respuesta a sus familiares, es el trabajo y compromiso de las egresadas de nuestra Maestría en antropología forense y bioarqueología: Elsa Tomasto- Cagigao, Mellisa Lund y María del Carmen Vega. Ellas vinieron a nuestro campus a brindar una charla sobre su labor.

  • Texto:
    Oscar García Meza
  • Fotografía:
    Héctor Jara

La cantidad de desaparecidos en el período de violencia interna asciende a alrededor de 20 mil personas, de acuerdo con el Listado Base del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y Sitios de Entierro (Renade), presentado por la Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas (DGBPD). “Para encontrarlos, solo contamos con 30 personas en los equipos de búsqueda. Menos de la mitad son antropólogos forenses”, reflexiona la Mg. Elsa Tomasto-Cagigao.

“El enfoque forense no es exhumar y utilizar los métodos arqueológicos, sino implica toda una estrategia de búsqueda”, reflexiona la Mg. Mellisa Lund. Generalmente, creemos que los familiares de los desaparecidos son los únicos afectados. Pero, realmente, es la sociedad peruana en pleno. Afortunadamente, no todos han fallecido. La Dra. María del Carmen Vega dice: “Hay un pequeño número que aparece vivo, como los niños secuestrados por Sendero Luminoso”.

Elsa, Mellisa y María del Carmen son, actualmente, algunas de las principales especialistas forenses del medio nacional. Las tres se formaron en la Maestría en Antropología Forense y Bioarqueología, que se dictó en nuestra Universidad. A fin de difundir su trabajo, ellas vinieron al campus y brindaron la charla “El testimonio de los huesos: la arqueología y la investigación forense en la búsqueda de personas desaparecidas”, con la participación del antropólogo forense y especialista en violencia Dr. John Verano.

VOCACIÓN Y COMPROMISO

El método arqueológico consiste en aprender a leer los objetos, y es el cuerpo humano parte de la cultura material. Precisamente, eso es lo que le interesaba a Elsa cuando estudiaba el pregrado de esta especialidad en la PUCP. Al quedarle corto lo aprendido, siguió una autoformación, apoyada por el Centro Mallqui y el Dr. John Verano. En el 2000, cuando la sociedad peruana necesitaba gente capaz para buscar a los desaparecidos, Elsa empezó a trabajar en la Unidad de Investigación Forense de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Ahora es profesora de nuestra Especialidad de Arqueología y realiza consultoría forense en la DGBPD.

Analizar los restos humanos, e interpretar lo que les ha sucedido, fue el primer interés de Mellisa Lund, egresada de Arqueología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, quien luego de conocer al Dr. Verano viró hacia la antropología forense. Posteriormente, vivió en los Balcanes, donde trabajó en el Tribunal Penal Internacional para la anterior Yugoslavia, y, al volver, se insertó en el Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF). Actualmente, es asesora forense de la Delegación de Perú, Bolivia y Ecuador del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Al estudiar Arqueología en la PUCP, María del Carmen Vega tenía como meta ver esqueletos y momias. Si bien se sentía satisfecha con la parte académica, reflexionaba “¿cómo puedo ayudar a la sociedad con mis conocimientos?”. Hasta que descubrió la labor de la EPAF, equipo al que luego se integraría. Después de la maestría en la PUCP, realizó su doctorado en la Western University de Canadá. A su regreso, se incorporó como consultora forense en la DGBPD y, ahora, también es docente en nuestra Universidad.

NECESARIA FORMACIÓN

Al recibir una denuncia, ellas tienen un proceso largo de investigación. Así, se involucran con aquel a quien están buscando. “Al final, cuando encuentras a las personas ya sabes quién era”, dice Elsa. El trabajo del antropólogo forense termina cuando se les entrega el cuerpo a sus deudos, a fin de que ellos puedan enterrarlo de forma digna y cerrar su ciclo de dolor. “Mi objetivo y responsabilidad es darle una respuesta a la familia”, señala Mellisa.

Ellas coinciden en que los huesos les dan un testimonio. Con esa evidencia, en muchos casos, han podido identificar a la persona. Para conseguir esa interpretación, se necesita contar con una educación especializada. “En otras partes del mundo egresan bioarqueólogos y antropólogos forenses, y aquí, que tenemos la riqueza cultural y necesidad de búsqueda, no tenemos esa formación”, señala Mellisa. “Existe la necesidad de formar especialistas que se comprometan con esta lucha. Tenemos esa deuda como peruanos”, sentencia Elsa.

Enfoque humanitario

En nuestro país, al igual que en Colombia y Sri Lanka, el Estado ha adoptado el enfoque humanitario en la búsqueda de personas desaparecidas. Este hace énfasis en brindarles una respuesta a los familiares –algunos de los cuales ya tienen una edad avanzada, debido al tiempo transcurrido desde el inicio del período de violencia interna– en vez de enfocarse en la parte penal. “Hay una parte criminal que tiene que ser investigada y castigada. Sin embargo, existen casos en que la información es muy poca y no se puede esperar a contar con toda para devolverles los cuerpos a los familiares que están esperando años”, enfatiza Vega.

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