Mano a mano en el museo

Un espacio llamado “Cuarto para arqueólogos y niños”, en el Complejo Arqueológico de Pachacamac, fue el resultado de un trabajo entre estudiantes de nuestra Facultad de Arquitectura y Urbanismo y un grupo del Studio Tom Emerson, de la Universidad ETH de Suiza.

Autor: Oscar García

Cada día, entre el 18 de junio y el 12 de julio del año pasado, Diana Farje acudía al Complejo Arqueológico de Pachacamac junto con un grupo de compañeros de Arquitectura PUCP y de la Universidad suiza ETH. En su labor de project manager dirigía, desde temprano, la construcción de una infraestructura que dé soporte tanto al trabajo de los arqueólogos como a las actividades de los niños visitantes. Cuando ya estaba oscuro, a las 9 p.m., se retiraba. Al día siguiente volvía para continuar el trabajo. “Realizar el proyecto fue un esfuerzo físico demandante, pero se compensaba por lo que lográbamos hacer y lo mucho que nos gustaba aprender”, comenta.

Finalmente, el equipo logró erigir el “Cuarto para arqueólogos y niños”, una infraestructura de 250 m2. Este fue el resultado físico del Proyecto Pachacamac, realizado por estudiantes del Taller 5 de nuestra Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), a cargo de los docentes Renato Manrique y el Mg. Vincent Juillerat, junto con un grupo de alumnos del Studio Tom Emerson del Departamento de Arquitectura de la ETH Zurich (Suiza). Asimismo, el proyecto se vinculó al Ministerio de Cultura, que brindó el soporte institucional y, actualmente, se encarga del mantenimiento y el apoyo material del sector privado.

Espacio de diálogo

Un problema recurrente y complejo de los centros arqueológicos en nuestro país es construir en ellos una infraestructura sin causar daño al patrimonio. Adicionalmente, se aspira a que esa edificación contemporánea no se perciba como un elemento intrusivo, sino que esté en armonía con el pasado prehispánico.

Para ello, en el proyecto Pachacamac, se hizo mucho énfasis en cómo y con qué elementos se erigiría la edificación. “Se trabajó con materiales reutilizables, como la madera, que son sostenibles ecológicamente y que a la vez generan una serie de resonancias con el centro arqueológico en términos de paisaje y territorio”, comenta Renato Manrique.

También se empleó un determinado lenguaje estético para fomentar esta correspondencia de lo contemporáneo con lo patrimonial.  El docente Juillerat explica: “La octogonalidad existente en los templos se replicó en nuestro diseño, lo cual produjo una combinación que profundiza el diálogo”. Para desarrollar el proyecto, previamente, los estudiantes del Taller 5 investigaron en especial sobre la madera, y fabricaron maquetas y prototipos de gran escala.

Saber práctico

El Proyecto Pachacamac les permitió a los alumnos no quedarse en lo abstracto de las aulas sino pasar a materializar sus hipótesis. “La idea es que, a través de la experimentación material y constructiva, desarrollen conocimiento técnico y, sobre todo, de diseño”, comenta Juillerat.

Al tener esta práctica, los alumnos iban replanteando los conceptos previos. “Tener la experiencia de construir en escala real me permitió entender la complejidad del proyecto. Los detalles cambian y vuelven a modificarse para la construcción”, comenta Sebastián Ortiz de Zevallos, alumno de la FAU.

Para Diana Farje, en el proceso se modificó la perspectiva que tenía de la arquitectura. Percibió que esta profesión no tiene solo un fin concreto —que se refiere a la construcción física— , sino también uno social. “La riqueza del conocimiento y formación en arquitectura es ir más allá de la forma que esta tenga y pensar en el efecto que puede causar en las personas”, señala.

En cuanto al plano social, Diana comenta que al principio existía cierta separación entre los miembros de cada universidad. Sin embargo, con el pasar de los días, el tiempo compartido y las dinámicas realizadas, surgió una gran amistad. “Todos nos convertimos en una pequeña familia de estudiantes. Al final, te das cuenta de que ser estudiante  no es tan diferente en otros países, especialmente en arquitectura”, comenta.

Meta cumplida 

Actualmente, el “Cuarto para arqueólogos y niños”, del Proyecto Pachacamac, recibe la visita de escolares y ahí se llevan a cabo talleres educativos para infantes. Por su parte, los arqueólogos lo utilizan como lugar de trabajo, en especial para limpiar y catalogar las piezas que luego serán apreciadas por los turistas y visitantes.

Así como obtuvo el favor del público, la infraestructura también ha sido elogiada por prestigiosos medios especializados alrededor del mundo, como Dezeen, Afasia archzine, Archdaily, Arquitectura viva, Desingboom, entre otros.

De esta manera, el Proyecto Pachacamac cubre las necesidades de diferentes actividades del santuario y es una perenne reflexión sobre la relación de la infraestructura contemporánea con el patrimonio arqueológico. “Participar en este proyecto me enriqueció como alumna”, sostiene Diana ahondando en el aporte académico. “Y también como persona”, añade.

 

Mira aquí un video de cómo se realizó el Proyecto Pachacamac.

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1 comentarios

HORACIO NUÑEZ

Excelente trabajo!, evidencia la riqueza de un proceso de formación con mayor integralidad; los resultados en términos de forma y función son evidentes, así como su respeto y adaptación con el entorno natural y construido; vuestra propia frase lo sistetiza:“La riqueza del conocimiento y formación en arquitectura es ir más allá de la forma que esta tenga y pensar en el efecto que puede causar en las personas”

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