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Noticia

Buscando a los hermanos Ayar

El Seminario Interdisciplinar Pisac 2015 incluyó una visita a los restos arqueológicos del cerro Huanacaure.
El Huanacaure es el cerro más alto del valle del Cuzco. El grupo superó los 4,200 m.s.n.m.
Se divisa ya la primera de las tres cumbres del Huanacaure.
El Dr. Steven Kosiba, profesor invitado y arqueólogo que trabaja diversos proyectos en la zona, lideró la expedición.
Profesores, profesores invitados y estudiantes del Programa de Estudios Andinos (PEA) escucharon la disertación de Kosiba.
La plaza y recintos ceremoniales ubicados en el Huanacaure fueron construidas durante el período incaico.
Solo la élite incaica tenía acceso a la plaza y recintos ceremoniales.
El grupo alcanzó la cumbre más alta del Huanacaure.
Desde el pico se divisa la ciudad del Cuzco, además de otros cerros y nevados importantes en la mitología andina.

El Dr. Steven Kosiba, profesor invitado por el Programa de Estudios Andinos al Seminario Interdisciplinar Pisac 2015, lideró al grupo académico en un recorrido por los restos arqueológicos del cerro Huanacaure.

  • Texto:
    Israel Guzmán
  • Fotografía:
    Roberto Rojas

A 4,000 metros de altitud, la concentración de oxígeno disponible en el aire es casi 40% menor que la que se encuentra al nivel del mar, la respiración se acelera y cualquier exigencia física supone un esfuerzo mucho mayor que en condiciones normales. Aun así, más de veinte profesores y estudiantes del Seminario Interdisciplinar Pisac 2015 avanzan cuesta arriba por la ladera sur del cerro Huanacaure, en Cuzco. El Dr. Steven Kosiba, antropólogo y arqueólogo que trabaja en la zona desde el año pasado, dirige la larga fila que, tras casi una hora de caminata, llega a un pasaje desde el que se ven los peldaños de piedra de un antiguo camino inca.

“Estamos en un abra desde la que, hacia el sur, se ve el camino que llega de Paccaritambo, el lugar del que habrían partido los hermanos Ayar para fundar el Cuzco”, señala Kosiba. Ayar Uchu se habría convertido en piedra en este cerro, según el mito fundacional, y la relevancia religiosa del apu es innegable. “Los jóvenes de la élite cuzqueña corrían por estas escaleras, que vienen desde el cerro Anahuarque, en un rito de iniciación hacia la adultez, que se celebraba a fines de año, durante el Cápac Raymi”, añade, mientras sigue el camino hacia una de las tres cumbres que tiene el Huanacaure. Desde el promontorio rocoso se ve claramente la ciudad del Cuzco y las montañas que rodean el valle, además de unas solitarias edificaciones arqueológicas.

Excavaciones en el apu

Huanacaure es un centro ceremonial pequeño, con tres recintos que rodean una plaza y cinco edificaciones en niveles inferiores. “Desde 1536 hasta el 2007 todo este sitio estaba cubierto de paja”, cuenta Kosiba una vez que el grupo llega a la plaza central. Natural de Chicago, Estados Unidos, Kosiba llegó al Perú hace 16 años y ha realizado excavaciones en diversas zonas del Cuzco en un afán por comprender mejor la historia andina prehispánica. Así llegó el 2014 al Seminario Interdisciplinar Pisac, un cenáculo de historiadores, lingüistas, antropólogos y arqueólogos que organiza, anualmente, el Programa de Estudios Andinos de la PUCP, y que este 2015 concluyó con esta visita al Huanacaure.

“La plaza servía para hacer algún tipo de ritual privado. Los asistentes pasaban rápidamente de un lugar en el que se ve todo el valle, con cerros y nevados mitológicos, a este espacio cerrado, rodeado de muros de, por lo menos, dos metros”, indica el arqueólogo.

“Encontramos muchas vasijas de cerámica destruidas sobre una capa de ceniza. Probablemente fue la ceremonia del fin de Huanacaure”, considera Kosiba mientras señala los tres recintos –reconstruidos por el Ministerio de Cultura- que rodean la plaza central del complejo en que realizaron excavaciones durante el 2014. Según explica, cuando un edificio colapsa por el paso del tiempo se suelen conservar mejor las esquinas, pero en Huanacaure los edificios habían colapsado al mismo nivel y, dentro de ellos, había una capa de casi un metro de piedras que cubría la cerámica rota. “Como si las personas lo hubieran hecho colapsar de manera intencional”, acota. “No estamos seguros si lo hicieron los Incas mismos, si trajeron españoles o si estos llegaron con gente de otra etnia, pero lo que me parece más interesante es que no tenemos ningún artefacto de la época colonial. Nada”, concluye.

Del otro lado, sorteando la cumbre más alta del Huanacaure, se encuentran una huaca y una muralla en forma de zigzag, donde Kosiba ha encontrado platos ceremoniales en los que probablemente se llevarían ofrendas, piedras que recuerdan monolitos Tiahuanaco –aunque sin tallar- y una roca natural que se asemeja al Pachatusan (o sostén del mundo), la montaña sagrada situada al noreste de Cuzco que se divisa desde el Huanacaure.

Pasado cuzqueño

Durante el seminario de Pisac, llevado a cabo entre el 29 de junio y el 3 de julio, Kosiba presentó la ponencia Rastreando el pasado inca: movimiento y memoria social en el Cuzco antiguo. “Se piensa que esta es una historia muy simple: había dos imperios, cien españoles llegaron y ¡puf! el nuevo mundo. Pero es algo mucho más interesante”, señala. Su trabajo en Huanacaure apunta a entender la ideología inca, pero ha estudiado intensamente el área de Ollantaytambo para conocer más de la evolución desde épocas prehispánicas hasta su período colonial.

¿Qué era el Cuzco preincaico? “Es un debate muy grande”, señala. “Los Wari estuvieron en la parte sur del valle entre los años 600 y 1000 y construyeron Piquillacta, un complejo arqueológico inmenso que marca su importancia”. La evidencia posterior señala que diversas poblaciones compartieron estilos arquitectónicos y simbolismos religiosos, de manera similar a los señoríos feudales en Europa, y que se unificaron completamente entre los siglos XIV y XV. “Para mí, esa es la base del Estado inca: más que una conquista fue una evolución, una asociación para formar un gran imperio”, considera Kosiba.

“Necesitamos estudiar más sitios como Huanacaure y analizar con mucho cuidado la documentación que hay tras la llegada de los españoles, por eso este seminario es tan importante para mí. Es un lujo poder ver la perspectiva de historiadores y lingüistas tan reconocidos en la academia, conocer la información de otros proyectos y combinar las preguntas que tenemos”, concluye Kosiba.

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